Exposición Wifredo Lam Museo Reina Sofía Madrid

 

 

Hijo de padre cantonés y madre cubana de raíces hispanoafricanas, Wifredo Lam (Sagua La Grande, Cuba, 1902-París, 1982) llevó el concepto de mestizaje hasta sus últimas consecuencias. Los ancestros esclavos africanos le transmitieron la espiritualidad y la vinculación con la Tierra y las raíces y los antepasados chinos inocularon la pasión por la psique y la introsècción pero también por el arte de los emperadores, por las porcelanas, la delicadeza y el simbolismo; múltiples influencias que en el precoz Wifredo fueron cuajando en un estilo híbrido absolutamente personal.

 

 


La enorme antología dedicada a Wifedo Lam que ha organizado el Museo Reina Sofía en coproducción con el Museo Pompidou (París) y la Tate de Londres, permite recorrer todas las facetas del artista y dedica especial atención a sus trabajos durante la época pasada en España, de 1923 a 1938, periodo esencial cuyas influencias sirven para entender su obra posterior.

 

 

Wifredo Lam se relacionó con todas las vanguardias y los artistas del siglo más ferviente en creación moderna, un siglo convulso que también vivió personalmente con su marca de eterno emigrante. Y así, su obra iba cambiando y evolucionando entre el cubismo, la abstracción, el expresionionismo, el modernismo occidental y la simbología africana, y se iba cargando de las inquietudes del pintor profundamente comprometido con los problemas del mundo (cuestiones raciales, relaciones sociopolíticas, colonialismo) y curioso insaciable de métodos y técnicas que trabajó la pintura, el dibujo, la escultura, la cerámica, el grabado con la misma intensidad, viajando entre unas y otras como en un eterno “exilio exterior e interior”, con palabras del director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel.

 

 

Para la comisaria de la muestra Catherine David “su asimilación rápida al cubismo y al surrealismo fue una tarjeta de entrada en el clan de lo moderno, pero su obra es mucha más compleja". Según Borja-Villel, Lam “es el pintor más fascinante del siglo XX”, un artista "difícil de entender al que se ha tratado de colocar en categorías demasiado definidas y estables".

 

La exposición, con 250 obras y cerca de 300 documentos, está concebida en 5 partes que sitúan la obra de Lam dentro de la historia del arte internacional y destaca las progresivas etapas de un trabajo construido entre España, Francia, Italia y Cuba… En España conoce la vanguardia y coincide con Benjamín Palencia iniciándose en el surrealismo… Más tarde, en París es fundamental su encuentro Pablo Picasso y el círculo de André Breton. A partir de 1942, la pintura de Lam da un giro maestro y busca sus orígenes africanos presentes en la cultura cubana. Desde entonces, se perfila y se define su estilo, la unión total entre la vanguardia europea y la plástica afrocubana, la ruptura total entre centro y periferia, un lenguaje propio y original para defender la vida y la libertad individual.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.