Art Madrid'26 – Exposición Mitos del POP en el Museo Thyssen-Bornemisza

La última vez que disfrutamos del POP en Madrid fué en 1992 con la estupenda exposición Arte Pop en el Museo Reina Sofía. Ahora, más de 20 años después, al comisaria Paloma Alarcó, Jefa de Conservación de Pintura Moderna del Thyssen plantea una relectura del movimiento que borró la barrera entre baja y alta cultura, el Pop, desde la experiencia y la evolución del arte que nos ha traído el siglo XXI.

Mitos del Pop en el Museo Thyssen-Bornemisza presenta más de 100 obras, las imágenes más representativas y repetidas de los reyes, los mitos pop, Andy Warhol, Robert Rauschenberg, Tom Wesselmann, Roy Lichtenstein, David Hockney, Richard Hamilton, Robert Indiana y la magnífica rerpresentación del pop español de Equipo Crónica y Eduardo Arroyo.

La selección de Paloma Alarcó incluye a los pioneros del pop británico al pop clásico norteamericano y su expansión por Europa en un ratreo de las fuentes comunes del pop internacional para revisar y revisitara los mitos que tradicionalmente han definido al movimiento. El objetivo, según los organziadores es " mostrar que las míticas imágenes de estos artistas esconden un irónico y novedoso código de percepción de la realidad, un código que aún sigue vigente en el arte de nuestros días". La exposición no está ordenada de manera temporal, si no más bien temática: comienza por el collage, la publicidad y el cómic, con grandes obras de Hamilton y sigue con las salas dedicadas a los principales iconos pop que todos conocemos como los Beatles, la Elizabeth Taylor como Cleopatra de Warhol, para completarse con las naturalezas muertas, el erotismo urbano, la pintura de historia y el arte sobre el arte.

La exposición reúne obras procedentes de más de cincuenta museos y colecciones particulares de todo el mundo, con préstamos destacados de la National Gallery de Washington, la Tate de Londres, el IVAM valenciano o la prestigiosa colección Mugrabi de Nueva York. Una muestra completísima de los grandes nombres que inventaron un arte a partir de sus objetos cotidianos, los productos de consumo, la televisión, el cine, la publicidad y el cómic, un arte con una estética y una actitud que consiguió reconectar al ciudadano medio con el Arte vcon mayúsculas y que, más allá de eslóganes y color, proponía una lectura del mundo, la historia y la política llena de ironía y sentido del humor.

Como advierte la comisaria en el texto que presenta la exsposición "el pop esconde una paradoja apasionante: por un lado fue un movimiento innovador que abrió el camino a la posmodernidad, pero a la vez manifestó una clara orientación hacia el pasado. La ambición del pop de conectar con la tradición utilizando nuevos medios artísticos derivados de la televisión, la publicidad o el cómic se concentró sobre todo en la nueva valoración de los estilos y los géneros artísticos y en la reinterpretación de las obras de los maestros antiguos de las que haría homenajes o parodias irreverentes". 

Mitos del pop incluye un programa de actividades con un ciclo de cine pop, conciertos, conferencias e incluso el desarrollo de un cómic editado para la ocasión. La nueva exposición del Thyssen se podrá disfrutar hasta el 14 de septiembre. 

 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.