Exposición Kerry James Marshall en Museo Centro Nacional de Arte Reina Sofía y Fundació Tàpies.

¿Qué define a una raza?¿Qué define a la raza negra?¿Qué temas articulan la cultura y la historia afroamericana? La exposición “Kerry James: pintura y otras cosas” aborda estas cuestiones a través del arte y desde ópticas muy diversas que enfocan sobre cuestiones sociopolíticas, antropológicas y culturales relacionadas con la identidad negra, la negritud (blackness).

Kerry James Marshall (Birmingham, Alabama, 1955) retrata la cultura afroamericana y nos obliga a revisar la estética occidental a través de la pintura, la fotografía, el vídeo y la instalación en la que es la primera gran retrospectiva individual del estadounidense en Europa y que viene a España de la mano de la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid.

El artista advierte con sus obras de “la ausencia del sujeto negro en el canon iconográfico occidental, y plantea una reflexión sobre la invisibilidad en las representaciones artísticas de los colectivos marginales”, como cuenta el texto explicativo del Reina Sofía con motivo de la muestra.

 

Y para hacer frente a este hueco en el imaginario colectivo, Kerry James Marshall utiliza la pintura como reflexión para ser consecuente con una idea: “Uno no puede nacer en Birmingham, Alabama, en 1955, y criarse en el Sur de Los Ángeles, cerca de la sede del Partido de las Panteras Negras, y no asumir cierto tipo de responsabilidad social”.

Porque el artista vivió de primera mano, espectador participante, las revueltas sociales y civiles de los convulsos años 60 y 70 del pasado siglo y articularon la columna vertebral de su obra, la identidad negra, como género, como raza y como ciudadanía. El propio Marshall lo explica para el Reina Sofía: “El mundo que yo veo esta filtrado por unas lentes de cultura negra”.

La presencia-ausencia de la cultura negra en la sociedad se plasma en sus características siluetas negras sobre fondo oscuro de sus obras, muy en contraste con el colorido y la explosión naif de las obras de gran formato con telas y estampados de marcada tradición africana y escenas pop llenas de narrativa costumbrista.

 

La exposición co-organizada por el Museo Reina Sofía (Madrid) y la Fundació Antoni Tàpies (Barcelona), también tiene dos líneas diferentes y, mientras en Barcelona encontramos la obra más reciente del creador tanto pinturas como fotografía, vídeo e instalación; en Madrid se abarca el grueso de su producción pictórica anterior al año 2000.

Kerry James Marshall construye la identidad negra al otro lado del espejo de la realidad dominante y nos pregunta en qué lado nos encontramos nosotros.

 

"Kerry James Marshall. Pintura y otras cosas”. Del 11 de junio al 26 de octubre de 2014. Fundació Antoni Tàpies, Barcelona y Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.