Galería Atizar participa en Art Madrid?16

 

 

 

 

La galería de arte Artizar comenzó su andadura como estudio Artizar en marzo de 1989, en pleno centro de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna en Tenerife. Su fundador, Carlos E. Pinto, llevaba ya un tiempo involucrado en el mundo del arte canario con publicaciones y diversos proyectos y decidió abrir en una antigua casa canaria de finales del siglo XVII una galería de arte y se convirtió en uno de los propulsores de la vida artística y cultural lagunera.

 

 

 

 

 

Bajo la dirección de Frasco Pinto y Pedro Pinto, la galería tiene hoy como principal objetivo el dar a conocer e instaurar un punto de encuentro para el arte en Canarias y de Canarias y, así, en sus paredes han colgado artistas de la isla, desde pintores de los siglos XVIII, XIX y XX, a acuarelistas canarios, artistas contemporáneos de prestigio internacional y jóvenes promesas del arte emergente que crecen con el apoyo de la galería.

 

 

 

 

 

Artizar ha evolucionado y ampliado sus miras a una mayor variedad de artistas y técnicas, más allá de los pintores canarios, y sus fondos y conocimientos traspasan las fronteras insulares y cruzan al extranjero, latinoamerica, norteamerica… Con nombres como Amparo Sard, Pamen Pereira, Carlos Nicanor, Martín & Sicilia, José Luis Serzo, Hans Lemmen, José Bedia, Noelia Villena, Luis Palmero, Ángel Padrón, Ubay Murillo, Dave McKean y Sema Castro.

 

 

A Art Madrid’16 vendrán con obra del maestro cubano Manuel Mendive, uno de los creadores más reconocidos e inquietos de la cultura cubano y vinculado al realismo mágico, el expresionismo y el surrealismo.

 

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.