La Ilusión del lejano Oeste en el Museo Thyssen de Madrid

 

 

 

Era la tierra más salvaje, preciosa y mágica de aquel lado del Mississippi. Toro Sentado, Billy El Niño, llanuras polvorientas con manadas de búfalos, caballos salvajes escrutando un horizonte de cataratas y espesura paradisiaca…  La exposición “La Ilusión del Lejano Oeste” tiene tanto de mito y entusiasmo romántico, como de tópico y excusa colonizadora pero consigue pulsar la tecla adecuada para dejarnos, una vez más, con la boca abierta ante los paisajes de la tierra prometida, ante la dignidad de los indios salvajes, su comunión con la naturaleza más exuberante, su conexión con Dioses todo poderosos… y cómo aquellos descubrimientos de los pintores y artistas del S.XIX acabaron pasando por el filtro del mercado y el cine para hacer de aquellos “buenos salvajes” una parodia de la desdicha, en el relato de una desaparición anunciada.

 

 

 

 

La exposición, comisariada por el artista Miguel Ángel Blanco, reúne más de 200 piezas entre pinturas, fotografías, grabados, libros, tebeos, carteles de cine, piezas etnográficas… y recuerda así a un gabinete de curiosidades que mezcla piezas artísticas con objetos y “tesoros” de aquella naturaleza (piedras preciosas, armas, fósiles, caparazones de tortuga,...). Como ha explicado Guillermo Solana, director del museo, “en un momento en el que puede que los museos sean demasiado planos y previsibles, nos hemos querido remontar a ese momento en el que no había división entre Arte y Naturaleza y a partir de un tema en el que fantasía y realidad van de la mano. Se narra un momento en el que los territorios de los indios habían sido ya ocupados y la mayor parte de sus habitantes, exterminados junto a sus tradiciones culturales”.

 

 

 

 

Los primeros exploradores españoles, el primer contacto con las tribus nativas allá por el S.XVI, los paisajes y fotografías de artistas del XIX como Thomas Hill, Henry Lewis, Albert Bierstadt, Carleton E. Watkins, que marcaron un episodio apasionante en la historia del arte ya que fueron los ojos que registraron el exotismo y la grandiosidad de las nuevas tierras conquistadas y sus habitantes. Otra parte de la exposición es la dedicada a los jefes indios, con sus tocados, las pinturas corporales o los objetos de poder que portaba cada uno de ellos. Por primera vez en España se muestran los famosos retratos realizados por Karl Bodmer y George Catlin, ante los que los propios indios - Toro Sentado, Gerónimo o Joseph - se ofrecían para registrar su imagen y su poder. Edward S. Curtis fue el autor de la serie fotográfica y editorial El indio norteamericano, un controvertido y valiosísimo conjunto artístico y etnográfico, hoy en gran parte perdido, del que se han seleccionado varias imágenes. Curtis retrataba a los jefes indios cuando iban a la capital para intentar rescatar los derechos de sus pueblos.

 

 

 

 

 

 

Por último, el comisario de la exposición, presenta un conjunto de libros-caja de su Biblioteca del Bosque realizados con materiales procedentes de los territorios del Oeste americano. Hasta el 7 de febrero en el Museo Thyssen de Madrid podremos dar un paseo por la historia política, militar y estratégica de EE.UU, y hacer un recorrido por la construcción de su propia leyenda como nación. Leyenda que el resto del mundo hemos bebido en formato cinemascope: carteles de La diligencia, Comanche, La venganza de un hombre llamado Caballo…

 

 

 

 

Entre las actividades paralelas a la exposición se encuentra la visita "La muerte tenía un precio", este próximo sábado 14 de noviembre, a la Dehesa de Navalvillar de Colmenar Viejo, lugar de rodaje de westerns tan importantes como "El bueno, el feo y el malo" con Clint Eastwood, "La última aventura del General Custer" con Robert Shaw, "Tres forajidos y un pistolero" con Lee Marvin o "Django" con Franco Nero. Esta actividad está dirigida a estudiantes y licenciados en Bellas Artes, Historia del Arte, Museología, Filosofía, Ciencias de la Comunicación, prácticas interdisciplinares y artistas en activo.
 

El CEART inaugura este jueves 14 de noviembre en la sala A una exposición dedicada a este maestro de la fotografía, que estará abierta al público hasta el 9 de febrero. La muestra recoge uno de los últimos proyectos del artista, centrado en el duro trabajo que llevaban a cabo los mineros de Serra Pelada, una mina abierta de oro en el corazón de Brasil donde los empleados se jugaban la vida diariamente.

La inmigración, la pobreza, la vida marginal, el trabajo esclavo, la relación del hombre con la tierra, el aprovechamiento de recursos naturales… son temas que desde siempre han fascinado a Salgado. Desde el comienzo de su carrera como fotógrafo, su obra se ha decantado por dar visibilidad a los colectivos más desfavorecidos y por crear con sus imágenes un relato visual vívido e impactante sin demasiados artificios. Con un duro blanco y negro, la obra de este autor transita entre el fotoreportaje y la fotografía naturalista.

Y como idea que impregna todo su trabajo está la dignididad humana. Salgado retrata a los empleados, mineros y recolectores desde un planteamiento puramente humanista que quiere poner en valor su integridad, su fortaleza y su resiliencia.

“Si fotografías a un humano, de manera que no se le represente de forma noble, no hay motivo para hacer la fotografía. Esa es mi forma de ver las cosas”.

Salgado no se abrió paso en esta disciplina hasta tiempo después de haber concluido sus estudios de economía entre Brasil y Estados Unidos, y un doctorado en estadística en Francia. Pero en 1973 su vida dio un vuelco y decidió emprender su carrera como fotógrafo llegando a trabajar en la Agencia Gamma y en Magnum Photos durante más de 15 años hasta que en 1994 fundó su propia agencia Amazonas Imagen.

Con el proyecto “Gold”, el fotógrafo retrata una dura realidad que se sucede en la mina de Serra Pelada, nombre dado a un enclave minero totalmente devastado y excavado de manera anárquica, la mayor mina de oro a cielo abierto del mundo, por la que pasaron más de 50.000 personas. Al calor de las leyendas sobre el misterioro Dorado, el fervor por este metal precioso llevó a desarrollar prácticas de explotación extenuantes para los trabajadores y a originar relatos de pena y gloria, de victoria y derrota humanas entre la tierra, los túneles y los cestos de carga.

La exposición del CEART reúne el porfolio completo de Salgado en su característico blanco y negro y con fotografías de gran formato que no dejan a nadie indiferente.