La Gran Depresión americana fotografía documental en el IVAM de Valencia

 

 

 

El derrumbe financiero tras el crack de la bolsa americana en 1929 iniciaba una de las épocas más tristes de nuestra historia reciente en contraste con los llamados “felices años 20” precedentes, de derroche y optimismo de las clases medias en el estado de bienestar. La Gran Depresión, sin embargo, fue época de carestía, de hambre, de emigración forzosa, de unas tasas de desempleo nunca vistas antes, el sueño americano de esfumaba… y allí estaba un nuevo estilo de fotografía, la “fotografía de la veracidad”.

 

 

Antes, la fotografía había buscado el pictorialismo en unos casos y la complejidad formal de las vanguardias soviéticas en otros (fotomontaje, nueva visión,...). Ahora, los fotógrafos retrataban los cambios en la cultura popular americana basándose en la simplicidad, la nitidez, el registro de la realidad sin aditivos.

 

 

 

EL IVAM de Valencia recoge ahora, en una exposición inédita en España titulada "Fotografía Documental en Estados Unidos. Años 30", esos retratos e historias vitales, esos paisajes que nos permitieron conocer a las generaciones del futuro la profundidad de la crisis económica americana de los años 30 del pasado siglo.

 

 

 

 

Una selección de 200 fotos de algunos de los fotógrafos más importantes de la época como fueron Walker Evans, Dorothea Lange, Carl Mydans, Arthur Rothstein, Jack Delano, Marion Post, Gordon Parks o Rusell Lee, todos ellos miembros del programa de la Farm Security Administration (FSA. 1935-1944), desarrollado dentro del New Deal del entonces presidente D. Roosevelt para “demostrar de manera gráfica cómo su pueblo se levantaba de la pobreza a la carrera”, explica Ramón Escrivá conservador del IVAM, pero consiguió, por el contrario, el mayor retrato coral sobre la desolación, la miseria y la emancipación del campesino americano de la época con magníficos y limpios retratos de los primeros emigrantes llegados a Ellis Island, de niños trabajadores, madres famélicas, familias desahuciadas…

 

 

 

 

Escrivá destaca que “es la primera vez que se lleva a cabo un estudio de ese proyecto de documentación en España”. Un proyecto - el FSA - que registró en su día, a través de más de 270.000 imágenes (de las que se han conservado 170.000 fotografías propiedad del Congreso Americano), el drama rural de los granjeros y campesinos de los Estados Unidos, además de la identidad de un país en el que se había quebrado el modelo de vida.

 

 

Para contextualizar los trabajos expuestos, la muestra incluye películas documentales, revistas ilustradas de la época como Life, Look, o Fortune y fotolibros, como el primero que realizó el MOMA de Nueva York en 1938. Estos medios fueron fundamentales en la difusión del proyecto de documentación de la FSA e imprescindibles para entender la propaganda política de la época.

Han pasado 13 años desde el comienzo de su andadura, y en todo este tiempo el Festival de videoarte PROYECTOR no ha hecho más que crecer y consolidar su posición como un evento imprescindible en esta disciplina. Desde sus inicios, la iniciativa ha tratado de dar visibilidad a una disciplina que siempre ha estado relegada a un segundo plano en los circuitos de exhibición habituales. Aunque la videocreación no es nueva, ya que surgió con entidad propia en los años 60 del siglo pasado, la forma de acercarse a conocerla y disfrutarla no siempre ha sido sencilla. En muchas ocasiones, abundaba el modelo expositivo en el que se incluían algunas piezas sueltas dentro de un recorrido principal, como si el vídeo fuese la aportación anecdótica al conjunto. No obstante, nuestra cotidianidad está invadida de imágenes en movimiento, y se produce la paradoja de que el videoarte, pese a ser un formato de expresión artística muy en sintonía con los hábitos de la sociedad actual, sigue siendo una disciplina minoritaria.

Fotograma de “Hel City”, de Gregorio Méndez Sáez, 2019

PROYECTOR nació en cierta medida para revertir esta situación, para poner en valor el vídeo como formato creativo y para ofrecer un espacio amplio e itinerante en el que albergar multitud de propuestas, venidas de dentro y fuera de nuestras fronteras. En este tiempo, la consolidación del festival lo ha llevado a viajar por el mundo, pero también, a ser un referente que cada que cada año despierta mayor interés. En la convocatoria abierta para recibir propuestas se llega casi al medio millar, y el centenar de obras seleccionadas por el jurado son una muestra representativa de distintos modos de entender la videocreación y el entorno, con piezas llegadas principalmente de Europa, Latinoamérica, el Sudeste de Asia y Oriente Medio.

A su vez, PROYECTOR quiere ser algo más que una muestra de vídeo, y ofrece una nutrida programación en la que se organizan charlas, talleres, clases magistrales, encuentros con artistas, visitas y conciertos. Una experiencia completa que tiene siempre como telón de fondo la imagen en movimiento.

El Instante Francisco Ruiz de Infante. El bosque que se mueve (errores de medida)

En esta evolución, hay que considerar también otra circunstancia: el vídeo es un formato creativo que tiene sus propios códigos, pero es también una de las disciplinas más abiertas a la hibridación artística y a la ampliación de usos. El vídeo puede, por tanto, ser la idea genuina de un autor que concibe un proyecto autónomo para ser realizado en este formato, pero puede ser también el resultado complementario de una intervención o el registro documental de una acción previa cuya pervivencia queda garantizada al ser recogida en vídeo. La versatilidad de la imagen en movimiento y el potencial que ha adquirido en los últimos años nos permite hoy hablar de numerosas ramas de arte que se centran en la fusión de lenguajes y en la incorporación de técnicas y metodologías venidas de otros sectores, y en muchas de ellas el vídeo sigue siendo una pieza clave. Así sucede con el arte tecnológico, el arte sonoro interactivo, la grabación de performances, la transformación de big data a imagen, la inteligencia artificial, y un largo etcétera. Precisamente por ello, PROYECTOR ofrece una visión panorámica de esta realidad, con un programa sumamente interesante que juega con la variedad y riqueza de propuestas.

Fotograma de “Herdança”, de Thiago Rocha Pitta, 2007

La edición de 2020 se desarrollará del 9 al 20 de septiembre. Como ya viene siendo habitual, el programa se despliega en varias sedes repartidas por la ciudad de Madrid, cada una de las cuales albergará una pequeña fracción de las actividades previstas. Este año el festival contará con la colaboración de la Casa Árabe, White Lab, Cruce, El Instante Fundación, ¡ésta es una PLAZA!, Extensión AVAM (Matadero Madrid), Institut Français de Madrid, Medialab Prado, Quinta del Sordo, Sala Alcalá 31, Sala El Águila, Secuencia de Inútiles y White Lab, además de la colaboración de la Colección INELCOM y la colección de videoarte de Teresa Sapey.

El festival es también la ocasión ideal para articular el tejido cultural, ya que implica a numerosos profesionales del sector, desde comisarios, a creadores, desde gestores de espacios a críticos y docentes. La programación de 2020 cuenta además con la colaboración del Festival FUSO y el Museo Reina Sofía, que ceden algunas de sus piezas para exhibición.

En definitiva, una cita que los amantes del arte contemporáneo no nos debemos perder y que promete muchas novedades en esta 13ª edición.