Art Madrid'26 – Leica y la revolución Fotográfica

 

 

 

Cámara Leica original, en la exposición “Con los ojos bien abiertos.Cien años de fotografía” (Espacio Fundación Telefónica)

 

 

Son muchas las ventajas que supuso Leica en el medio fotográfico. Su ligereza y su pequeño tamaño, su fácil transporte y manejo, podías llevarla contigo, podías vivir y retratar tu vida con ella. Su dinamismo, con ella llegó la “instantánea”, tan importante para el fotoperiodismo. Su elegancia, diseño atractivo y práctico favorecieron al mundo de la fotografía de moda, fue una cámara muy utilizada por mujeres. El precio económico de sus carretes ayudó a potenciar la creatividad de sus usuarios, quienes se animaron y arriesgaron a probar nuevos encuadres, recortes, etc… Y por último, la democratización, su bajo precio hizo que cualquiera pudiese iniciarse en el mundo de la fotografía, y también su durabilidad, Leica era una cámara “para toda la vida”. 

 

 

 

“Con los ojos bien abiertos.Cien años de fotografía”, exposición en Espacio Fundación Telefónica

 

 

El Espacio Fundación Telefónica acoge hasta el 10 de septiembre, la exposición: “Con los ojos bien abiertos.Cien años de fotografía”. La muestra plantea un homenaje a esta revolucionaria cámara, a través de un recorrido por la historia de la fotografía en el siglo XX. Alrededor de 400 fotografías, documentos, entrevistas y objetos procedentes de colecciones particulares y museos, además de material documental conservado por el Archivo Leica, nunca visto antes en España componen este paseo por nuestra historia más reciente. 

 

 

 

Fred Herzog. Barbería en la calle Main, 1968

 

 

“Con los ojos bien abiertos.Cien años de fotografía” forma parte del programa del XX Aniversario del Festival Internacional de fotografía PhotoEspaña 2017 y ha sido comisariada por Hans-Michael Koetzle. Entre los nombres de fotógrafos que podemos ver en la exposición, se encuentran algunos muy reconocidos como: Cartier-Bresson, Robert Frank o Robert Capa. La exposición está organizada en 8 apartados, a través de los cuales puede verse la evolución del lenguaje y los temas fotográficos en estos 100 años. La última serie que podemos ver fue, tomada en 2014 con una cámara Leica digital: un conjunto de retratos realizados por Bruce Gilden. 

 

 

 

Bruce Gilden. Sin título, de la serie “Portraits”, 2014

 

 

Un completo programa de actividades paralelas acompaña a la exposición. Talleres educativos para todos los públicos, concursos en instagram y una charla coloquio entre Alberto García-Alix y Paulo Nozolino (jueves 1 de junio en el Espacio Fundación Telefónica), que podrá seguirse en streaming en la web de la Fundación. 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.