Exposición de Lillian Bassman Pinceladas en Fundación Loewe Madrid

La fotógrafa Lillian Bassman revolucionó el mundo de la fotografía de moda incluyendo en sus imágenes el sentimiento de lo femenino. Ahora, la Fundación Loewe homenajea a esta carismática mujer en el segundo aniversario de muerte.

"Mi contribución ha sido la de fotografiar el mundo de la moda femenina plasmando los sentimientos de una mujer vistos por los ojos de otra". Lillian Bassman, autoexigente, rigurosa y tremendamente creativa, tenía claro que su trabajo no debía pasar inadvertido y con la misma disciplina que se dedicó a la pintura y a la danza, se volcó en dotar de singularidad y elegancia a sus fotografías.

La exposición "Pinceladas", de Lillian Bassman, muestra por primera vez en España el trabajo de esta artista americana de origen judío que transformó la fotografía de moda aportándole matices de la pintura y tratamientos de revelado - mucho antes del invento del Photoshop - para que revelara no sólo una imagen, un momento o un estilo, si no también unos sentimientos y unas sensaciones. “Yo estaba interesada en crear una visión que fuera más allá de lo que la cámara veía", aseguró siempre Bassman... y parece que lo consiguió.

Bassman se recreó de lo lindo en el Departamento de Arte de Harper’s Bazaar, desde el que llenaba las revistas de moda con las sofisticadas féminas de los felices Años 30 americanos, tras la resaca de la Segunda Guerra Mundial. De esa época, por ejemplo, se puede ver la mítica fotografía "Across the Restaurant. Paris 1949".

Pero los años felicea pasaron y el mundo de la moda y la publicidad también cambiaron. En los años 70, la fotógrafa, decepcionada por el rumbo que tomaba su sector y en el que, según sus palabras "ya no había margen para la experimentación" dió un giro radical a su carrera y destruyó muchos de sus negativos. Por suerte, sus ayudantes escondieron parte del material y, gracias a ello, Lillian Bassman fué redescubierta en los años 90, ya cumplidos los 80 años. Bassman volvió con fuerzas renovadas y experimentó con ácidos, papeles de seda, lentes ahumadas...

Tras una exitosa exposición en Nueva York en 1993, le siguieron encargos de importantes firmas y revistas de moda y en 2004, el trabajo de Lillian Bassman fue reconocido con el premio Lucie en el 2004 por su indiscutible y singular aportación a la fotografía de moda en los años cuarenta y cincuenta.

Unos meses antes de su muerte, a sus noventa y cuatro años, Bassman seguía trabajando en sus imágenes a través del ordenador: "Aquí estoy, no es el laboratorio pero experimentar con el ordenador es también divertido".

 
La muestra, comisariada por María Millán está dentro del programa PHotoEspaña 2014 y se puede ver en la Fundación Loewe de Serrano, 26 de Madrid hasta el 31 de agosto. Después, viajará a la sede de la Fundación en Barcelona hasta el 9 de noviembre.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.