Max Bill en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca

 

 

El Museo de Arte Abstracto de Cuenca acoge la exposición “Max Bill: obras de arte multiplicadas como originales (1938-1994)”, magnífica muestra para conocer el ‘arte concreto’ del artista suizo.

Del 24 de junio al 18 de septiembre las espaciosas salas del Museo de Arte Abstracto de cuenca sirvan para acercarse al extenso universo del polifacético artista suizo Max Bill (1908-1994) que, además de pintor y arquitecto fue diseñador gráfico, escultor, publicista y educador.

 

 
 

Formado en la Bauhaus con profesores como Paul Klee, Josef Albers o Vasili Kandinsky, Max Bill destacó pronto como investigador y sus teorías cuajaron en lo que se llamó ‘arte concreto’, movimiento avanzado por Theo Van Doesburg basado en la liberación total de las formas abstractas de cualquier asociación con la realidad ya que, para ellos, las líneas y los colores son suficientemente interesantes y concretos por sí mismos.

 
 

 

 

La forma sobre el color, colores planos, multiplicidad y esencia, la exposición, desarrollada con las guías del hijo del artista, Jakob Bill, uno de los principales expertos en la obra de su padre, es una de las pocas exposiciones que se ha dedicado en España a la obra gráfica del suizo, una obra múltiple, experimental y diversa que se ha logrado sintetizar en las casas colgantes de Cuenca.

 

 
 
 

La exposición  “Max Bill: obras de arte multiplicadas como originales (1938-1994)” se basa en un texto del autor en el que disecciona el concepto de “originalidad” en la época de la reproductibilidad técnica, muy en sintonía con Benjamin y ofrece la oportunidad de ver más de un centenar de obras gráficas (121) y pinturas (7) en torno a la noción de forma, pilar de las investigaciones teóricas del artista y motor de su trabajo como artista, arquitecto y diseñador.

 

 

Wim Delvoye acaba de despedir la exposición monográfica que le han dedicado los Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica, en Bruselas, en una arriesgada propuesta en la que la subversiva obra escultórica del artista convivió con las piezas clásicas de la colección del museo.

Wim Delvoye, instalación de “Tabriz”, “Shahreza”, “Arak”, “Karaj”, “Khermanshah” y “Bidjar”, 2010-2016, en la sala del museo con “Le martyre de Saint Liévin” de Rubens al fondo. Foto: El Gran Otro, por Por Patricia Lago L. y Maximiliano Turri.

Si algo es evidente en el trabajo de Delvoye es su deseo de remover conciencias y plantear una lectura abiertamente crítica de nuestro entorno globalizado. No es difícil advertir un mensaje que se burla de los modelos establecidos en nuestra sociedad con un lenguaje irónico que retrata la hipocresía de nuestro tiempo. El uso intencional de los referentes contemporáneos en contextos aparentemente absurdos o impropios, producen un choque de ideas que abre la puerta a la reflexión. Entre la repulsa y la complicidad, los espectadores de su trabajo se enfrentan a una apuesta transgresora que pocas veces deja indiferente.

Wim Delvoye, “Truck Tyre”, 2017. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía RMFAB

Otro de los factores que favorecen el impacto de su discurso es la elección de los formatos. Delvoye no se conforma con piezas de pequeñas dimensiones, sino que se lanza a lo grande, con esculturas e instalaciones que logran una gran presencia en el espacio. De este modo, el montaje de las exposiciones logra romper la quietud de las salas y generar un verdadero diálogo entre el pasado y futuro. El autor, ya veterano en estas propuestas organizadas en museos clásicos, como el Louvre o el Museo de Bellas Artes Pushkin de Moscú, agradece la oportunidad de hacer convivir el arte contemporáneo con el histórico porque atrae a un público que en cierta medida ya ha perdido el interés por lo antiguo. Así, la muestra “Esculturas” de Bruselas se sitúa en medio de los pasillos y salas de exhibición bajo la atenta mirada de los personajes de Rubens, dispuestos en las paredes pintadas en color salmón y aguamarina.

Wim Delvoye, “Cloaca New and Improved”, 2001. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía sculpturemagazine.art

La extensa obra de Delvoye juega también con la variedad de disciplinas y técnicas, además del uso del clasicismo y de referentes tomados de toda la historia del arte. El resultado es perturbador. Tiempo atrás había presentado una polémica escultura en la que un Cristo crucificado y retorcido sobre sí mismo como un pretzel se exponía frente a un óleo que representaba el entierro de Jesucristo. Otro tanto puede decirse de su pieza “Cloaca New and Improved”, o simplemente “Cloaca”, presidida por un enorme letrero con esta palabra que emula el logotipo de Ford, en la que representa, a modo de cadena de montaje con recipientes de cristal y material de laboratorio, un proceso digestivo al completo cuyo resultado es el esperado: heces servidas en un enorme vaso de precipitados. Asimismo, destaca la instalación “Cabinet”, un conjunto de piezas cerámicas que representan botellas de gas y hojas de sierra circular pintadas en azul con el estilo tradicional de Delf y dispuestas en una vitrina de madera hecha a mano en Indonesia. Esta obra busca concienciar sobre los efectos de la ocupación colonial y su impacto en el curso de la historia, y la forma de tratar este concepto nos obliga a repensar lo que estamos viendo para ir más allá del plano visible.

Wim Delvoye, “Untitled (Fortnite 01)”, 2019. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía RMFAB

Con una exquisita factura, Delvoye se atreve con numerosos materiales que poco a poco se doblegan al impulso de sus ideas. Ya sea metal, ya piedra, el conjunto de su trabajo es ecléctico y difícil de clasificar. Quizás podríamos agruparlo bajo un hilo conductor común que es el deseo de cuestionar el status quo de las cosas, los supuestos beneficios de esta modernidad galopante que nos enajena y nos atrapa, pero que nos da también la libertad de poder realizar proyectos como los que este autor plantea, y hacerlos convivir con el pasado del arte. Vivimos en un mundo perturbador. Gracias Delvoye.