Open Studio te busca para su próxima edición

 

 

Desde su lanzamiento, la asociación ha participado con más de 140 artistas y mantenido una trabajo constante con actividades a lo largo del año, aunque uno de las propuestas más fuertes es el programa de residencias, en el que artistas de la capital acogen a jóvenes creadores seleccionados tras una convocatoria de proyectos abierta.

 

 

Estudio de Eugenio Ampudia. Foto de ®María Platero

 

 

Uno de los principales objetivos de esta iniciativa es dar a conocer el arte como proceso de creación y no solo contribuir a su difusión una vez que las obras ya están acabadas. Por eso, cada año organizan un programa de visitas a estudios de artistas repartidos por los rincones de la ciudad, para conocer los procesos de producción y adentrarse en esos espacios íntimos de creación que transmiten tantos detalles sobre los autores y sus obras.

 

 

 

 

 

La iniciativa Open Studio mantiene hasta el 9 de noviembre su convocatoria para recibir propuestas para su próxima edición en 2018, que tendrá lugar del 17 al 20 de febrero. Está abierta a la participación de artistas que dispongan de un estudio en Madrid, propio o en residencia, en cualquiera de las siguientes disciplinas: pintura, dibujo, escultura, instalación, fotografía, vídeo, performance, sonido y new media. Con los artistas seleccionados se organizará el ciclo de actividades en febrero, en el que el plato fuerte es la visita al estudio con la participación del artista.

 

 

 

Los Carpinteros. Obra creada para el centro de arte Carpintarias de São Lázaro, 2017.

 

 

Para la edición de residencias de 2018, la asociación ha contado con apoyo público para el lanzamiento del “Programa de formación Comunidad de Madrid - Open Studio”. Se trata de un programa de residencias artísticas para jóvenes creadores que se desarrolla durante todo el mes de febrero de 2018. En esta edición, los autores de acogida son Eugenio Ampudia y Los Carpinteros. La línea de trabajo de los artistas que opten por el estudio de Eugenio Ampudia estará enfocada a las nuevas tecnologías y los que deseen participar en el taller de Los Carpinteros se centrará en la creación escultórica y la instalación artística. El plazo de esta convocatoria está abierto hasta el 12 de noviembre, ¡no te lo pierdas!

 

 

 

Inconfundible y personal, la obra de Tamara Łempicka condensa toda una corriente estética que hizo furor en el primer tercio del siglo pasado al tiempo que consiguió autodefinirse y marcar un estilo propio que hoy todos reconocemos. Los motivos y las composiciones que la artista escogía para sus piezas encajaban a la perfección con el Art Decó. Sus volúmenes envolventes, sus figuras redondeadas y un claro contraste de colores marcaron su trayectoria, lejos de los recursos florales y de las siluetas más esbeltas de desarrollo vertical que tanto definían este movimiento.

Tamara Łempicka, “Las jóvenes”, ca. 1930

Precisamente el triunfo de Tamara, ya en sus primeros años, y el hecho de que fuese una artista mujer abriéndose camino en un sector hasta el momento aún dominado por los hombres, encierra un halo de misterio y glamour que sigue despertando nuestra curiosidad. La vida de esta pintora nacida en Varsovia en 1898 representa el espíritu bohemio que habitualmente se atribuye a los artistas de principios de siglo, con una producción muy demandada y una larga lista de espera para encargar un retrato.

Su vida, en efecto, es el relato de un viaje sin tregua que comenzó con sus estudios en un internado en Suiza y con las vacaciones de familia por Italia. La Revolución Bolchevique supuso un cambio en su vida, cuando, ya casada, se convirtió en refugiada pasando por Copenhague, Londres y París, donde se estableció en 1923. En este contexto de huida y cambio, Tamara no abandonó la pintura, en la que se había iniciado en la adolescencia, y dejó que el influjo de las corrientes artísticas de la capital francesa penetrasen en su obra. Por eso, en ocasiones, sus pinturas se han calificado como de un “cubismo suave”, estilo en el que muchos artistas de la época estaban despuntando. En 1925 inauguró su primera gran exposición en Milán, y en 1927 obtiene su primer premio con la obra “Kizette en el balcón” en la Exposición Internacional de Burdeos. En los años siguientes da el salto a Nueva York, lugar donde su carrera llega a la cumbre.

Tamara Łempicka, “La durmiente”, 1932

La obra de Łempicka es enigmática y única, como ella misma, cuando abiertamente reconocía su bisexualidad en un contexto de prohibiciones sociales. Su estilo ha calado hondo, más allá incluso de la época en que la pintora alcanzó su mayor reconocimiento en vida, y ha influido en otros creadores posteriores que admiten la admiración que sus piezas despiertan. Hoy, su trabajo visita Madrid en el Palacio de Gaviria, 86 años después de que la propia Tamara pasase por nuestro país en uno de sus numerosas viajes por Europa.