Art Madrid'26 – PHOTOESPAÑA CUMPLE 20 AÑOS

 

 

 

 

PhotoEspaña nace el 1998, inaugurando el mismo día 70 exposiciones en Madrid. En 20 años, el festival ha logrado organizar 1.500 exposiciones, reunido a más de 6.000 artistas y ha conseguido, como apunta su presidente Alberto Arnaut, “que el arte de mostrar el mundo a través del objetivo tenga hoy un papel más importante”.  Para celebrar el 20 aniversario, el Premio Nacional de Fotografía Alberto García-Alix ha comisariado seis exposiciones, bajo el título: “La exaltación del ser”, mostrando la obra de los fotógrafos Anders Petersen, Paulo Nozolino, Antoine d’Agata, Pierre Molinier, Karlheinz Winberger y Teresa Margolles, y un laboratorio editorial dirigido por Adam Broomberg y Oliver Chanarin. 

 

 

“Lalibela, cerca del cielo”, Cristina García Rodero (Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa)

 

 

Dentro del amplio programa general del festival, destaca la exposición “Café Lehmitz” en CentroCentro Cibeles, en la que podrán verse más de 300 imágenes entre las que se incluyen los descartes y hojas de contacto de uno de los representantes clave de la historia de la fotografía contemporánea; Anders Petersen. El Círculo de Bellas Artes de Madrid acogerá exposiciones en tres de sus salas: “Loaded Shine” de Paulo Nozolino en la sala Goya, “Ce fut un homme sans moralité” de Pierre Molinier en la sala Minerva y “Corpus”, dedicada al artista Antoine d’Agata.

 

 

 “Anders Petersen Ushi con un hombre, Café Lehmitz”, Hamburgo, 1967-70

 

Son 22 las exposiciones que formarán parte de la Sección Oficial del festival. Algunas de ellas son: “Cuba”, con imágenes del artista Elliott Erwitt tomadas en la isla entre 1964 y 2015, el proyecto “Lalibela, cerca del cielo”, presentado por Cristina García Rodero en el Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa), que documenta el conjunto de iglesias medievales que alberga la ciudad etíope y que la fotógrafa visitó entre 2000 y 2009. El Museo ICO acoge la exposición “Entropía y espacio urbano”, con la obra de Gabriele Basílico, y el Museo Cerralbo saca a la luz la vertiente fotográfica del cineasta Carlos Saura, con la exposición “España años 50”. 

 

 

“National Ballet, Cuba”, foto de Elliot Erwitt

 

 

En esta edición, las nuevas tendencias fotográficas podrán verse en espacios como Casa América, la Sala Canal de Isabel II y el Fernán Gómez, entre otros. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Calcografía Nacional, presenta la exposición fruto del Premio Internacional de Fotografía Blanca March, cuyo ganador ha sido el argentino Matías Costa, con su obra Plaza Francia. El proyecto “#Thyssen25: una crónica fotográfica”, plantea un recorrido fotográfico por los acontecimientos más representativos de la historia del museo.

Las galerías de Madrid tienen también sus propias propuestas expositivas. El Festival Off PHE, muestra las propuestas expositivas de 36 galerías de la capital, promocionando la obra de artistas jóvenes y de media carrera. Este programa incluye obras de:  Roger Ballen, Pilar Pequeño, Marina Núñez, Alberto García-Alix, Alex Webb & Rebecca Norris Webb, Catalá –Roca, Marta Soul, Cristina Macaya, Emi Anrakuji, Eduardo Momeñe, Mariana Cook, Cristobal Hara, Paloma Gámez, Alejandro Marote o Kathy Ryan, entre otros.

 

 

 

Marta Soul. Serie Idilios, “Idilio en Cartier”, 2010. Galería Bat Alberto Cornejo

 

 

El programa de PhotoEspaña 2017, se completa con talleres, ponencias , presentaciones y encuentros entre profesionales de la fotografía. Y como en cada edición, La Fábrica publica la Guía PhotoESPAÑA 2017, en la que puede consultarse información sobre las 100 exposiciones del festival, además de cinco catálogos y libros que acompañan a las mismas. Además, se entregarán diversos premios como el Bartolomé Ros a la mejor trayectoria profesional española en fotografía o el Premio Descubrimientos PHE al mejor proyecto de visionados de porfolios.

 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.