Art Madrid'26 – SALIR DE SÍ: PILAR ALBARRACÍN

El cadáver de una mujer yace cubierto de sangre sobre el asfalto de alguna calle peatonal de Sevilla. Muchos se paralizan horrorizados ante la escena, otros continúan su camino evitando mirar el horror palpitante que hay sobre el asfalto. El cuerpo de la misma mujer, ahora rodeada de maniquíes, forma parte de un escaparate de lencería. Y aquellos que se paran frente al vidrio del negocio, apenas distinguen entre la textura de la piel y la del plástico; entre el color de un cuerpo vivo, y el de la materia inerte.

 

Estas líneas que parecen definir la realidad de nuestros días, forman parte de la apuesta radical de la artista sevillana Pilar Albarracín quien, a través de sus performances, esculturas, pinturas, fotografías, tejidos e instalaciones, evoca con maestría la violencia ejercida sobre las mujeres y encarna a la perfección la lucha contra la representación del género y del flamenco, contaminada de clichés y prejuicios engendrados y consolidados en su mayoría durante el franquismo, y que continúan definiendo la hegemonía cultural de la que somos víctimas y verdugos.

A point. Serie Carne y tiempo, (2018)

El abuso contra la mujer, el uso excesivo de su cuerpo y su progresiva banalización, así como el conjunto de clichés y etiquetas que representan de manera equívoca la identidad femenina, constituyen una de las líneas fundamentales del trabajo desarrollado por Pilar Albarracín, artista que entiende el arte como lugar de enunciación desde el que la participación y la crítica sociales son posibles; Albarracín lo demuestra con maña y desparpajo en cada una de las intervenciones que lleva a cabo en el espacio público, en las que interpela al espectador mediante un factor inesperado que perturba e incomoda al sujeto hasta llevarlo a la catarsis más pura de todas, la misma que se adueña de la propia autora durante el proceso de creación.

 

Una suerte de catarsis que nos recuerda a las tragedias griegas y a la liberación que experimentaban los espectadores de la Antigua Grecia cuando asistían a la representación de sus propios conflictos encarnados en un cuerpo ajeno. Hay tragedia en los cuerpos muertos de las mujeres que componen la serie S/T (Sangre en la calle) (1992), hay tragedia en los escaparates que exhiben a mujeres travestidas en seda y microfibra junto a muñecas de plástico con cuerpos estilizados hasta la toxicidad, pertenecientes estas piezas a la serie Escaparates (1993-1995). Hubo y sigue habiendo tragedia en el cuerpo de una mujer.

Lunares (2000), Pilar Albarracín

Sin embargo, el trabajo de la artista sevillana no sólo transpira ironía trágica sino que el exceso, el descontrol, la sátira, la burla y la locura tan propios de Dionisio, padre de la comedia, también protagonizan sus trabajos configurando un imaginario repleto de parodias y tragicomedias en el que abundan las referencias al exceso, al dolor, a la sangre, a los toros, al vino, a la comida, al flamenco, al cuerpo de las mujeres y al color rojo, ese que tiñe todas las escenas simbolizando aquello que se ha dado a entender como lo español, y cuyo significado seguimos pervirtiendo.

 

Asnería (2010), Pilar Albarracín

En la obra Lunares (2001) vemos a Albarracín vestida de flamenca con un traje blanco que poco a poco va tiñendo de lunares rojos hechos con un alfiler que la artista se va clavando en diferentes partes de su cuerpo; o en Prohibido el Cante (2000), aquí vestida de sevillana y cantando sus lamentos, cantos que van in crescendo hasta acabar rompiendo en sollozos orgásmicos, hasta romperse el vestido y arrancarse el corazón para arrojarlo al tablao flamenco. Así, el universo de Albarracín que tan bien define nuestro presente, conecta tanto con la tradición del sacrificio tan propia del barroco descarnado, pasando por la crítica hispánica de Goya, como con la poética de lo kitsch.

Flamencas (2009), Pilar Albarracín

La muestra de Pilar Albarracín, Que me quiten lo bailao, podrá visitarse hasta el próximo 27 de enero de 2019 en Tabacalera Promoción del Arte.

 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.