SALIR DE SÍ: PILAR ALBARRACÍN

El cadáver de una mujer yace cubierto de sangre sobre el asfalto de alguna calle peatonal de Sevilla. Muchos se paralizan horrorizados ante la escena, otros continúan su camino evitando mirar el horror palpitante que hay sobre el asfalto. El cuerpo de la misma mujer, ahora rodeada de maniquíes, forma parte de un escaparate de lencería. Y aquellos que se paran frente al vidrio del negocio, apenas distinguen entre la textura de la piel y la del plástico; entre el color de un cuerpo vivo, y el de la materia inerte.

 

Estas líneas que parecen definir la realidad de nuestros días, forman parte de la apuesta radical de la artista sevillana Pilar Albarracín quien, a través de sus performances, esculturas, pinturas, fotografías, tejidos e instalaciones, evoca con maestría la violencia ejercida sobre las mujeres y encarna a la perfección la lucha contra la representación del género y del flamenco, contaminada de clichés y prejuicios engendrados y consolidados en su mayoría durante el franquismo, y que continúan definiendo la hegemonía cultural de la que somos víctimas y verdugos.

A point. Serie Carne y tiempo, (2018)

El abuso contra la mujer, el uso excesivo de su cuerpo y su progresiva banalización, así como el conjunto de clichés y etiquetas que representan de manera equívoca la identidad femenina, constituyen una de las líneas fundamentales del trabajo desarrollado por Pilar Albarracín, artista que entiende el arte como lugar de enunciación desde el que la participación y la crítica sociales son posibles; Albarracín lo demuestra con maña y desparpajo en cada una de las intervenciones que lleva a cabo en el espacio público, en las que interpela al espectador mediante un factor inesperado que perturba e incomoda al sujeto hasta llevarlo a la catarsis más pura de todas, la misma que se adueña de la propia autora durante el proceso de creación.

 

Una suerte de catarsis que nos recuerda a las tragedias griegas y a la liberación que experimentaban los espectadores de la Antigua Grecia cuando asistían a la representación de sus propios conflictos encarnados en un cuerpo ajeno. Hay tragedia en los cuerpos muertos de las mujeres que componen la serie S/T (Sangre en la calle) (1992), hay tragedia en los escaparates que exhiben a mujeres travestidas en seda y microfibra junto a muñecas de plástico con cuerpos estilizados hasta la toxicidad, pertenecientes estas piezas a la serie Escaparates (1993-1995). Hubo y sigue habiendo tragedia en el cuerpo de una mujer.

Lunares (2000), Pilar Albarracín

Sin embargo, el trabajo de la artista sevillana no sólo transpira ironía trágica sino que el exceso, el descontrol, la sátira, la burla y la locura tan propios de Dionisio, padre de la comedia, también protagonizan sus trabajos configurando un imaginario repleto de parodias y tragicomedias en el que abundan las referencias al exceso, al dolor, a la sangre, a los toros, al vino, a la comida, al flamenco, al cuerpo de las mujeres y al color rojo, ese que tiñe todas las escenas simbolizando aquello que se ha dado a entender como lo español, y cuyo significado seguimos pervirtiendo.

 

Asnería (2010), Pilar Albarracín

En la obra Lunares (2001) vemos a Albarracín vestida de flamenca con un traje blanco que poco a poco va tiñendo de lunares rojos hechos con un alfiler que la artista se va clavando en diferentes partes de su cuerpo; o en Prohibido el Cante (2000), aquí vestida de sevillana y cantando sus lamentos, cantos que van in crescendo hasta acabar rompiendo en sollozos orgásmicos, hasta romperse el vestido y arrancarse el corazón para arrojarlo al tablao flamenco. Así, el universo de Albarracín que tan bien define nuestro presente, conecta tanto con la tradición del sacrificio tan propia del barroco descarnado, pasando por la crítica hispánica de Goya, como con la poética de lo kitsch.

Flamencas (2009), Pilar Albarracín

La muestra de Pilar Albarracín, Que me quiten lo bailao, podrá visitarse hasta el próximo 27 de enero de 2019 en Tabacalera Promoción del Arte.

 

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.