Primera retrospectiva de Wang Guangyi en el MAC de A Coruña

 

 

Wang Guangyi es “el otro” artista icono del arte contemporáneo chino y que ahora tiene su primera retrospectiva en Europa en las salas del MAC de A Coruña bajo el título Las reliquias de los creyentes.

 

 

 

 

Con su obra analiza el poder movilizador de la imagen, una herramienta común a todas las civilizaciones, y por eso aparecen referencias a la cartelería política, a la imaginería religiosa, a las fotografías del star-system, una colección de imágenes que reflexionan, al final, sobre el concepto de fe, como motor unificador y homogeneizador de las sociedades que es común a las civilizaciones más diversas.

 

 

 

La exposición del MAC, el Museo de Arte Contemporáneo Gas Natural Fenosa de A Coruña, ofrece una experiencia unitaria para entender la producción y vida completas del autor en un entorno de recogimiento y meditación.

 

"Esta antológica sirve como síntesis de 30 años de trabajo, que va desde sus primeras series de 1985 bajo el título 'La espalda de la humanidad’, hasta 'Las reliquias de los creyentes', una obra de este mismo verano, que ha realizado para la exposición y da nombre a la muestra", explica crítico de arte gallego Antón Castro, uno de los comisarios de la exposición. “La intención ha sido presentar este conjunto como un cuerpo único y no como una galería de trabajos ordenados cronológicamente", añade.

 

 

 

Wang Guangyi  (Harbin, China, 1957) nació en una familia humilde y sufrió los rigores de la Revolución Cultural de Mao (1966-1976) siendo alistado en la Guardia Roja, etiquetado como “intelectual” y condenado a un campo de reeducación. Ya adulto, es uno de los grandes nombres del llamado Movimiento del 85, corriente humanista y renovadora que nació con el objetivo de sublevarse contra una cultura estancada, provocar deseos de vivir y establecer un nuevo modelo espiritual.

 


La muestra cuenta con obras representativas de toda su carrera, entre las que destacan las pinturas de la serie Great criticism en las que coloristas imágenes de propaganda maoísta se mezclan con logotipos de conocidas marcas comerciales occidentales en un ejercicio de paradójico en el que la política, la religión y el capitalismo se postulan como vías para mejorar nuestras vidas. En el MAC también se pueden ver sus primeras pinturas –protagonizadas por una humanidad fría y sin rostro–, obras de este mismo año –una reinterpretación de Don Quijote– y, por supuesto, la instalación Relics of Believers, creada expresamente para esta exposición y que reúne imágenes de líderes políticos como John F. Kennedy o Mao Zedong junto a muestras de uniformes.

 

Wang Guangyi ha expuesto en buena parte de los más prestigiosos museos de arte contemporáneo del mundo –como el Centro Pompidou de París o la Saatchi Gallery de Londres– y cuenta con un gran éxito comercial desde principios de los años 90 del pasado siglo.

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.