Santiago Ydáñez y la belleza desgarradora

 

 

El Jardín de las Delicias, 2017 (Al fondo)

 

 

Santiago Ydáñez estudió Bellas Artes en Granada y desde hace 14 años reside entre Jaén y Berlín. Nacido en Puente de Génave, un pequeño pueblo de Jaén, tiene influencias tempranas de la tierra, del trabajo en el campo, de los animales y la caza, así como de las costumbres y de la religión. Estos rasgos formarán su variado y desgarrador imaginario, donde cobran importancia la sensualidad más erótica y la más prohibida, el rostro en primeros planos estridentes, descuartizamientos a modo de vanitas, reinterpretaciones de la historia del arte, planos de animales desafiantes, etc. Su obra tiene como eje central sentimientos elementales y primarios que acompañan tanto a los humanos como a los animales.

 

 

Sin título 2014

 

 

En su trabajo utiliza la fotografía, en la que se basa para realizar un boceto en carboncillo sobre el que luego pinta con trazos grises y negros, amplios e impulsivos. Sus cuadros de gran formato no pretenden relatar historias, sino que, a modo de fotograma de cine, representan rostros de personas o de animales, dejando ver esa pincelada rápida y enérgica con la que envuelve al espectador, despertando en él sensaciones de dolor, placer, éxtasis o nostalgia. Utiliza distintos soportes: lienzos, libros y diferentes objetos encontrados en mercadillos, sobre los que interviene.

 

 

Versión de la obra ¡…Y tenía corazón! / Anatomía del corazón de de Enrique Simonet

 

 

La muestra recoge obras de la última década. Entre ellas, se encuentra El Jardín de las Delicias (2017), un lienzo de 315 x 1000 cm en el que el rostro de una niña rubia de mirada melancólica refleja la ausencia de belleza y calma de un paraíso perdido. En la obra critica el decadentismo cultural y ético que precipitó a Alemania en el nazismo. O una versión pintada expresamente para el CAC de la obra de Enrique Simonet ¡… Y tenía corazón!/ Anatomía del corazón (de 1890), que representa a un forense realizando una autopsia a una prostituta que yace sobre una mesa. En esta pieza, Ydáñez explora las relaciones filosóficas entre original y copia. Se podrán contemplar, además, objetos tales como cajas de cubiertos, marcos, un espejo o estuches de joyas, sobre los que pinta o dibuja los mismos motivos o personajes que representa en sus pinturas.

 

 

Objeto intervenido

 

 

La obra de Santiago Ydáñez podrá admirarse hasta el 24 de septiembre en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, donde también podrán visitarse las obras de la colección permanente, los talleres de su agenda de verano o la próxima exposición de la fotógrafa holandesa Danielle Van Zadelhoff.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.