Art Madrid'26 – V Bienal de Arte Contemporáneo de la Fundación ONCE

La Bienal de Arte Contemporáneo de la Fundación ONCE nació en 2006 como respuesta a la necesidad que tienen las personas con discapacidad de acceder a la cultura de una forma normalizada, para eliminar prejuicios sobre la creación artística y para hacer efectiva la profesionalización de las personas con discapacidad en el mundo del Arte. En este sentido, la Bienal persigue los dos grandes objetivos de la Fundación ONCE: accesibilidad (cultura accesible para todos trabajando desde distintos ámbitos de actuación, accesibilidad universal y poder disfrutar de la cultura en igualdad de condiciones ) e inclusión (acceso de los artistas con discapacidad al circuito del mercado del Arte, consiguiendo así su inclusión social y la inserción laboral).

Este 2014, la quinta edición de la Bienal, abierta al público en CentroCentro Cibeles del 21 de mayo al 15 de septiembre de 2014, gira temáticamente en torno a la diversidad humana y el cuerpo “valorando la diferencia como una cualidad del ser y la discapacidad como un potencial, siendo la inclusión uno de los objetivos fundamentales”, según la organización de Fundación ONCE.

Según el director de Accesibilidad Universal de Fundación ONCE, Jesús Hernández, “la Fundación pretende transmitir las preocupaciones de la entidad a través de las Bienales de Arte. En este sentido, en anteriores ediciones se ha tratado el tema del lenguaje o el paisaje para hablar de accesibilidad y, en la actual edición, se habla de la diversidad humana para reivindicar que todos somos diferentes pero todos tenemos los mismos derechos”.

Serie HUMANAE, de Angélica Dass

La V Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE presenta, con una cuidada selección llevada a cabo por los comisarios Miguel Cereceda y Giulietta Speranza), la obra de 39 artistas que más allá de su tipo de discapacidad o sin ella, muestran su interpretación del mundo y una manera personal de comunicarse.

De Natura Deorum, de Carlos Aires
La muestra, incluida en el circuito de Photo España 2014, incluye obra de José María Cano junto a su hijo Daniel Cano (que padece síndrome de Asperger), de Luis Pérez-Mínguez (fotógrafo con discapacidad física reconocido como uno de los artistas de la denominada movida madrileña), de Cristina García Rodero, primera fotógrafa española miembro de la agencia internacional de fotografía Magnum, del joven Víctor Meliveo (fotógrafo y videoartista con discapacidad visual) además de piezas de Ángel Baltasar, Javier Campano, José Manuel Egea, Carlos Franco, Miriam Jiménez, Ramón Losa, Eduardo Matute (DUDU), Paloma Navares, Carme Ollé i Coderch, Ricardo Rocío, Ricardo Rojas, Ángel Rojo, Rafael Sanz Lobato, Cuco Suárez, Vicens Talens, Juan Torre, Kurt Weston, Marina Abramovic, Carlos Aires, Miquel Barcelo, Daniel Canogar, Pedro Castrortega, Angélica Dass, Esther Ferrer, Daniel Firman, Jorge Fuembuena, Germán Gómez, Kaarina Kaikkonen, Francisco Leiro, Isabel Muñoz, Jaume Plensa, Bernardí Roig, Belen Serrano y Marina Vargas.
Equipo de MÁSCARAS, dentro del Ciclo de Cine de la V Bienal Fundación ONCE.
Dentro de la Bienal también se incluye un programa de actividades paralelas accesibles para todos, talleres, mesas redondas, ciclos de artes escénicas (danza, cine y teatro) y proyecciones de películas. Este año, además, la Bienal cuenta con obras de artistas consagrados como Jaume Plensa, cedidas por el MACBA (Museu d'Art Contemporani de Barcelona); Marina Abramovic, prestadas por Colección Telefónica; Miquel Barceló, facilitadas por el mismo artista, o Juan Muñoz, de la Colección Helga de Alvear.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.