Art Madrid'26 – Vacaciones en el mar nuevo proyecto de Ruben Martin de Lucas

 

 

 

Martin de Lucas es un ingeniero de caminos que se sumergio en el mundo del arte y a golpe de brochazo y spray con su crew del colectivo Boa Mistura se ha forjado una carrera mas que prometedora.

Conocimos el año pasado (en la feria de arte contemporaneo Art Madrid’15) su serie “La Aldea Flotante”, un colorista retrato de la fragilidad y la resiliencia a traves de un viaje que hizo el artista por el sudeste asiatico. Hace apenas unos meses Rubén Martín de Lucas inauguraba su proyecto “Stupid Borders”, una reflexion sobre los limites fisicos y psicologicos (barreras sociales, territoriales, religiosas, ideológicas…) que “construimos” y con los de determinamos nuestra relacion con el entorno. Ahora, presenta “Vacaciones en el mar”, un análisis en clave pictórica sobre los flujos migratorios que se repiten cada verano hacia las zonas costeras de España.

 

 

 

 

 

 

 

En “Vacaciones en el mar”, Rubén fotografía el éxodo urbano que sufren cada año las ciudades y el recorrido de miles individuos que emigran buscando el calor, el ocio y el disfrute como si de una enorme manada se tratara, manada que queda contabilizada y registrada como se hace con las especies animales. Igualmente registrado aparece su hábitat, sombrillas, tumbonas, toldos… y sus ritos, el baño, la caña, la siesta...

 

 

 

 

 

 

“Me interesa el fenómeno, a nivel demográfico y sociológico, que surge a raíz del boom inmobiliario en la costa Mediterránea. Me llama la atención que una gran masa poblacional que vive todo el año en la ciudad, se desplace para pasar sus días de relax y descanso en otra localidad también masificada. Si uno se aleja un poco y lo observa con cierta distancia, el fenómeno no es muy distinto a las migraciones de flamencos o sardinas en las que el individuo busca el abrigo del grupo. Con un toque más kitsch desde luego, pero parecido al fin y al cabo. Y esta peculiar migración me parece fascinante, tanto a nivel sociológico como a nivel visual, con un catálogo de situaciones tan alucinantes como divertidas”, explica el artista.

 

 

 

 

 

 

La serie de fotografía intervenida con pintura, consta de 4 bloques temáticos: “Movimientos”, “Recuentos”, “Masas” y “Situaciones” gracias a los que el interés por estudiar el impacto del hombre en el entorno y el propio comportamiento del individuo, arrastrado por una corriente de costumbre social convertida en ritual estival, da paso a una crítica indirecta sobre el porqué de este fenómeno y sus consecuencias en el paisaje y en la generación de economías estacionales.

 

“Vacaciones en el mar”, de 17 de diciembre de 2015 al 30 de enero de 2016 en Galería BAT Alberto Cornejo.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.