Yoko Ono Half-a-Wind Show, retrospectiva en el Museo Guggenheim de Bilbao.

La artista conceptual Yoko Ono celebra su 80 aniversario con una de las mayores retrospectivas de su trabajo hasta el momento. "Half-a-Wind Show" podrá verse en el Guggenheim de Bilbao hasta el próximo 4 de septiembre.

“La culpa de todo la tiene Yoko Ono…” el estribillo sarcástico de un grupo español hacía referencia a la ojeriza que, en general, se le ha tenido siempre a esta artista independiente que se cruzó en la vida del Beatle John Lennon para darle paz y amor y, según los más críticos, le apartó de la música, le separó definitivamente de  sus compañeros y arrasó con la banda de Liverpool.

El tiempo, sin embargo, ha dado a Yoko Ono (Tokio, 18 de febrero de 1933) una tregua y su trabajo ha pesado más que la leyenda de la “viuda negra”. La prueba son las más de 320.000 personas que ya han pasado por el Museo Guggenheim de Bilbao para ver la mayor retrospectiva de la artista hasta el momento, “Half-A-Wind Show”, una exposición que recoge la trayectoria de esta pionera del Arte Conceptual con cerca de 200 objetos, películas, documentación de performances, instalaciones, dibujos, fotografías, obras de texto y de audio que dibujan un completo retrato de Yoko Ono y con la que quiere celebrar su 80 cumpleaños.

 

El punto de partida de esta exposición es el libro A Book of Instructions and Drawings, publicado por la artista en 1970 y en el que se desgranan una serie de recomendaciones e instrucciones para que el público pueda disfrutar mejor de su obra ya que esas directrices “son Indicaciones, que despliegan todo un mundo de sugerencias, asignan al público un papel más activo del habitual en el mundo del arte, puesto que, sin la participación real o mental del espectador, gran parte de las obras se consideran incompletas", como se explica en la exposición.

Y es que el principal componente de su obra son las ideas, no los materiales ni las técnicas, ideas que se transforman en estancias, en objetos, en acciones, en imágenes, en performance a menudo con un mensaje de crítica social pero también con un enorme sentido del humor y optimismo. De hecho, se cuenta que Lennon cayó rendido a sus pies gracias a su instalación “Ceiling Painting” de 1966 y que se puede ver en Bilbao. En este montaje, el espectador debe subir una escalera de madera hasta acercarse al techo de donde cuelga una lupa y con la que se logra ver un minúsculo (pero inabarcable) mensaje en el techo: “YES / SI”.

“Las palabras son poderosas e influyen en tu mente”, aseguraba la artista en la presentación de la restrospectiva del Guggenheim, “en los 60 yo dije Sí, ¿qué hay de provocación en ello? Lo provocativo era el arte”

La exposición está dividida en secciones y comienza con las obras más importantes de de 1960, las primeras acciones y performances, obras en papel, ready-mades y objetos muy influidos por la vanguardia neoyorquina de la época y artistas como el músico John Cage, George Maciunas, fundador del movimiento Fluxus, o el cineasta Jonas Mekas.

La exposición no olvida la faceta musical y cinematográfica de Yoko Ono, obras en colaboración con John Lennon pero también trabajos más recientes como el disco que la artista grabó hace dos años con el estadounidense Thurston Moore y Kim Gordon o su rocambolesca versión del tema Fireworks de Katy Perry, que interpretó en el MoMA de Nueva York. La última sección presenta sus últimas instalaciones y obras participativas, algunas de ellas ideadas especialmente para esta retrospectiva.

Ante la duda de si merece la pena o no ir a ver esta exposición, lo mejor es tomar la “opción Yoko”: SÍ, siempre SÍ.

 

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.