Art Madrid'26 – OTOÑO ALUCINADO Y SURREALISTA EN MADRID

  

 Urbanita solitario. Herbert Bayer,1932. Col.Dietmar Siegert

Sueño, escritura automática, liberación de la psique... El otoño en Madrid se deja llevar por los caminos del onirismo y el inconsciente, y dedica dos de sus grandes exposiciones al Surrealismo.

Cuando Guillaume Apollinaire, en 1917, subtituló su obra de teatro Las Tetas de Tiresias con la apreciación “drama surrealisa” se refería, como él mismo explicaba en el programa de mano, a la reproducción creativa de un objeto (sur=por encima, de la realidad), así “cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece en nada a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo” que no tiene porque parecerse en nada a la Realidad. Apollinaire no sabía entonces que había bautizado uno de los movimientos artísticos y literarios más influyentes de los años venideros.

El poeta André Bretón culminaría la gestación del movimiento con la redacción del Manifiesto Surrealista en 1924, una evolución del Dadaísmo que, frente a la defensa de la violencia y la destrucción de éstos eternos enfants terribles, proponía como ellos la liberación de la psique pero con el fin de crear arte y vida.

El surrealismo provocó no pocos cambios en la sensibilidad contemporánea, mucho más abierta al diálogo con su yo interior, su alter-ego, su döppelganger, aquel que no sabe de normas sociales, el que nos complementa (también a nuestro pesar…) desde el inconsciente profundo. Lo surrealista se convirtió entonces en una actitud, en un modo de vida.

La Fundación Juan March, del 4 de octubre de 2013 al 12 de enero de 2014, dedicará una gran exposición a estas fórmulas creativas y a las que las hicieron posible bajo el título “Surrealistas antes del surrealismo. La fantasía y lo fantástico en la estampa, el dibujo y la fotografía”. Dibujos, fotografía, grabados, libros, revistas… 200 piezas para retratar la realidad más alucinada desde la Edad Media tardía hasta la explosión surrealista con obras de Martin Schongauer, Alberto Durero, Erhard Schön, Matthias Zündt, Wenzel Jamnitzer, Hendrick Goltzius, Jaques Callot, Giovanni Battista Piranesi, Francisco de Goya, Max Klinger, Alfred Kubin, Paul Klee, Hannah Höch, Pablo Picasso, Joan Miró, Salvador Dalí, Herbert Bayer, Hans Bellmer, André Masson, Brassaï y Maurice Tabard.

Esta exposición recoge el testigo de la histórica muestra “Fantastic Art, Dada, Surrealism” organizada hace 75 años en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y que, entonces, reunía obras contemporáneas con las de grandes maestros como El Bosco, Arcimboldo o Goya. En ambos casos, las exposiciones dibujan el amplio árbol genealógico del surrealismo.

El Museo Thyssen Bornemisza elige la escritura automática y los sueños como hilos conductores de su exposición “El Surrealismo y el sueño”. Del 8 de octubre de 2013 al 12 de enero de 2014 el Thyssen explora las distintas herramientas que los surrealistas utilizaban para evadirse de la razón dominante y acercarse a la realidad inconsciente, entre ellas el sueño, en la línea del psicoanalista Sigmud Freud.

La imagen aparecida en sueños, el sueño mismo será la inspiración para André Bretón, pero también para Salvador Dalí, Paul Delvaux, Paul Nougé, Max Ernst o André Masson entre otros artistas de los que conoceremos filias, fobias, traumas y deseos que quedaron atrapados en sus numerosos collages, textos, pinturas, fotografías y esculturas.

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.