EL ART DECÓ DE LAS ALTAS ESFERAS

Inconfundible y personal, la obra de Tamara Łempicka condensa toda una corriente estética que hizo furor en el primer tercio del siglo pasado al tiempo que consiguió autodefinirse y marcar un estilo propio que hoy todos reconocemos. Los motivos y las composiciones que la artista escogía para sus piezas encajaban a la perfección con el Art Decó. Sus volúmenes envolventes, sus figuras redondeadas y un claro contraste de colores marcaron su trayectoria, lejos de los recursos florales y de las siluetas más esbeltas de desarrollo vertical que tanto definían este movimiento.

Tamara Łempicka, “Las jóvenes”, ca. 1930

Precisamente el triunfo de Tamara, ya en sus primeros años, y el hecho de que fuese una artista mujer abriéndose camino en un sector hasta el momento aún dominado por los hombres, encierra un halo de misterio y glamour que sigue despertando nuestra curiosidad. La vida de esta pintora nacida en Varsovia en 1898 representa el espíritu bohemio que habitualmente se atribuye a los artistas de principios de siglo, con una producción muy demandada y una larga lista de espera para encargar un retrato.

Su vida, en efecto, es el relato de un viaje sin tregua que comenzó con sus estudios en un internado en Suiza y con las vacaciones de familia por Italia. La Revolución Bolchevique supuso un cambio en su vida, cuando, ya casada, se convirtió en refugiada pasando por Copenhague, Londres y París, donde se estableció en 1923. En este contexto de huida y cambio, Tamara no abandonó la pintura, en la que se había iniciado en la adolescencia, y dejó que el influjo de las corrientes artísticas de la capital francesa penetrasen en su obra. Por eso, en ocasiones, sus pinturas se han calificado como de un “cubismo suave”, estilo en el que muchos artistas de la época estaban despuntando. En 1925 inauguró su primera gran exposición en Milán, y en 1927 obtiene su primer premio con la obra “Kizette en el balcón” en la Exposición Internacional de Burdeos. En los años siguientes da el salto a Nueva York, lugar donde su carrera llega a la cumbre.

Tamara Łempicka, “La durmiente”, 1932

La obra de Łempicka es enigmática y única, como ella misma, cuando abiertamente reconocía su bisexualidad en un contexto de prohibiciones sociales. Su estilo ha calado hondo, más allá incluso de la época en que la pintora alcanzó su mayor reconocimiento en vida, y ha influido en otros creadores posteriores que admiten la admiración que sus piezas despiertan. Hoy, su trabajo visita Madrid en el Palacio de Gaviria, 86 años después de que la propia Tamara pasase por nuestro país en uno de sus numerosas viajes por Europa.

 

Wim Delvoye acaba de despedir la exposición monográfica que le han dedicado los Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica, en Bruselas, en una arriesgada propuesta en la que la subversiva obra escultórica del artista convivió con las piezas clásicas de la colección del museo.

Wim Delvoye, instalación de “Tabriz”, “Shahreza”, “Arak”, “Karaj”, “Khermanshah” y “Bidjar”, 2010-2016, en la sala del museo con “Le martyre de Saint Liévin” de Rubens al fondo. Foto: El Gran Otro, por Por Patricia Lago L. y Maximiliano Turri.

Si algo es evidente en el trabajo de Delvoye es su deseo de remover conciencias y plantear una lectura abiertamente crítica de nuestro entorno globalizado. No es difícil advertir un mensaje que se burla de los modelos establecidos en nuestra sociedad con un lenguaje irónico que retrata la hipocresía de nuestro tiempo. El uso intencional de los referentes contemporáneos en contextos aparentemente absurdos o impropios, producen un choque de ideas que abre la puerta a la reflexión. Entre la repulsa y la complicidad, los espectadores de su trabajo se enfrentan a una apuesta transgresora que pocas veces deja indiferente.

Wim Delvoye, “Truck Tyre”, 2017. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía RMFAB

Otro de los factores que favorecen el impacto de su discurso es la elección de los formatos. Delvoye no se conforma con piezas de pequeñas dimensiones, sino que se lanza a lo grande, con esculturas e instalaciones que logran una gran presencia en el espacio. De este modo, el montaje de las exposiciones logra romper la quietud de las salas y generar un verdadero diálogo entre el pasado y futuro. El autor, ya veterano en estas propuestas organizadas en museos clásicos, como el Louvre o el Museo de Bellas Artes Pushkin de Moscú, agradece la oportunidad de hacer convivir el arte contemporáneo con el histórico porque atrae a un público que en cierta medida ya ha perdido el interés por lo antiguo. Así, la muestra “Esculturas” de Bruselas se sitúa en medio de los pasillos y salas de exhibición bajo la atenta mirada de los personajes de Rubens, dispuestos en las paredes pintadas en color salmón y aguamarina.

Wim Delvoye, “Cloaca New and Improved”, 2001. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía sculpturemagazine.art

La extensa obra de Delvoye juega también con la variedad de disciplinas y técnicas, además del uso del clasicismo y de referentes tomados de toda la historia del arte. El resultado es perturbador. Tiempo atrás había presentado una polémica escultura en la que un Cristo crucificado y retorcido sobre sí mismo como un pretzel se exponía frente a un óleo que representaba el entierro de Jesucristo. Otro tanto puede decirse de su pieza “Cloaca New and Improved”, o simplemente “Cloaca”, presidida por un enorme letrero con esta palabra que emula el logotipo de Ford, en la que representa, a modo de cadena de montaje con recipientes de cristal y material de laboratorio, un proceso digestivo al completo cuyo resultado es el esperado: heces servidas en un enorme vaso de precipitados. Asimismo, destaca la instalación “Cabinet”, un conjunto de piezas cerámicas que representan botellas de gas y hojas de sierra circular pintadas en azul con el estilo tradicional de Delf y dispuestas en una vitrina de madera hecha a mano en Indonesia. Esta obra busca concienciar sobre los efectos de la ocupación colonial y su impacto en el curso de la historia, y la forma de tratar este concepto nos obliga a repensar lo que estamos viendo para ir más allá del plano visible.

Wim Delvoye, “Untitled (Fortnite 01)”, 2019. © Cortesía de Wim Delvoye / foto: Studio Delvoye, vía RMFAB

Con una exquisita factura, Delvoye se atreve con numerosos materiales que poco a poco se doblegan al impulso de sus ideas. Ya sea metal, ya piedra, el conjunto de su trabajo es ecléctico y difícil de clasificar. Quizás podríamos agruparlo bajo un hilo conductor común que es el deseo de cuestionar el status quo de las cosas, los supuestos beneficios de esta modernidad galopante que nos enajena y nos atrapa, pero que nos da también la libertad de poder realizar proyectos como los que este autor plantea, y hacerlos convivir con el pasado del arte. Vivimos en un mundo perturbador. Gracias Delvoye.