Art Madrid'26 – Art Madrid Festival Miradas de Mujeres

Lily&mum, Cecilia del Val

El arte en marzo se escribe en femenino con la celebración del Festival Miradas de Mujeres que arranca su  tercera edición bajo el lema “La artista está presente”, una llamada de atención para visibilizar y reconocer el trabajo de las mujeres artistas.

La presente edición, arropada como siempre por MAV (Mujeres en las Artes Visuales) y dirigida en esta ocasión por Mónica Álvarez Careaga, propone más de 300 actividades culturales, 200 exposiciones, así como concursos, certámenes y seminarios y expone la obra de más de 1.000 artistas en las 308 sedes que se han unido al festival. Entre estas, cabe destacar el Museo del Prado que todos los martes de marzo a las 18.00 horas acogerá charlas de artistas bajo el epígrafe 'Miradas de mujeres del arte en el Prado'. Miradas de Mujeres es el único evento cultural que se desarrolla simultáneamente en toda España.

El propósito principal del Festival, creado en 2012 por la artista Mareta Espinosa, es el de difundir el papel de la mujer dentro de todos los ámbitos profesionales de las artes visuales, desde la creación artística al comisariado, la crítica, la investigación y la gestión. Se trata de llamar la atención sobre las mujeres como sujeto y no como objeto de Arte.

“Aquí somos el sujeto, las que actuamos y hacemos, las artistas... no el objeto. De hecho huimos de las exposiciones que al final son una colección de obras de mujeres desnudas de autores hombres. Los museos ya están llenos de eso. Ahora queremos ser las que hablan”, ha apuntado la directora Mónica Álvarez.

Eva Lootz, Carmen Calvo, Ouka Leele, Regina José Galindo, Teresa Margolles, Ain o Kanisto, Ruth Gómez, Teresa Serrano, Carmen Van den Eynde, Tracey Rose, Cecilia del Val,... hasta mil nombres de creadoras encabezarán los carteles de galerías, museos, fundaciones y espacios culturales este mes de marzo reunidas bajo el lema “La artista está presente”, título elegido por un doble motivo. Por un lado es el nombre de la exposición individual que el MoMA de Nueva York dedicó en 2010 a la artista Marina Abramovic y, a la vez, porque el MoMa es, a juzgar por sus propios datos, el museo que ha perpetuado un modelo de arte que ha invisibilizado la figura de la mujer. De los cerca de 200 artistas que cuelgan de las paredes del Museo de Arte Moderno de NY apenas el 10% son mujeres.

Flores y cosas en un nicho de piedra (a la manera de Ambrosins Bosschaert), Carmen Van Den Eynde

Este dato refuerza uno más general y es que, como destaca el colectivo Arte y Cultura Visual en su informe de 2013, “el 60% de los Licenciados en Bellas Artes de las Universidades españolas y el 74% de los de Historia del Arte son mujeres, sin embargo, apenas representan el 15% de las programaciones de los museos y galerías ya sea como artistas, comisarias, galeristas o gestoras”.

En un fantástico análisis realizado por Lola Hierro para el diario El País se revela que, según el catálogo de la presente edición de ARCO, de los 1.400 artistas expuestos, sólo 68 eran mujeres y españolas (un 4´8%) y contando con las mujeres extranjeras el dato sube hasta 300 mujeres (un 23%). Para más datos, los del colectivo Guerrilla Girls que, con su habitual máscara de gorila, denuncian desde hace años que “menos del 5% de los artistas de la sección de Arte Moderno del Museo Metropolitan de NY son mujeres, pero el 85% de los desnudos sí son femeninos”.

El Festival Miradas de Mujeres quiere revertir esta tendencia mirando con los mismos ojos pero con distintos enfoques, enfoques que hablan de género, de diversidad, de política, de religión, de sexualidad, de tradición, de cultura… Para Marián López Fernández Cao, Presidenta de MAV, no se trata tanto de “una resituación de la mirada, de dislocación del statu quo, sino de un revulsivo del ámbito, del espacio legitimador del arte”.

Más información en: http://festivalmiradasdemujeres.es/

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.