Art Madrid Gestión Nómada

Foto:SEPA -  sepausted.tumblr.com

El título de esta charla-coloquio nos remite a conceptos contradictorios, ajenos a nuestra idiosincrasia y muy distantes de nuestra cotidianidad. Lo “nómada” encierra reminiscencias de pueblos emigrantes, de vidas cambiantes e inestables, de trayectorias marcadas por la necesidad primaria de buscar cobijo y alimento. ¿Puede una idea tan poco asumida en nuestra sociedad occidental cobrar sentido en los tiempos actuales? Miguel Guzmán, Olga Isla y Christian Fernández nos demuestran que así es. El contexto actual no sólo motiva la búsqueda de nuevas salidas laborales en las que el ingenio se somete a un intenso ejercicio de imaginación e incluso de malabarismo intelectual, sino que provoca el propio cuestionamiento de los pilares del sistema. Quizás demasiado acostumbrados al statu quo preestablecido y heredado desde tiempo inmemorial, la ruptura de ciertas barreras conceptuales entraña la doble dificultad de, por un lado, quebrar las reglas de este juego convencional y, por otro, exprimir los propios recursos para seguir navegando contracorriente, contra todo aquello que es lo socialmente estipulado como correcto y adecuado. Y podemos apuntar a que el sector cultural es tanto o más sensible a estas dificultades como cualquier otro.

Sin lugar a dudas la “GESTIÓN NÓMADA” es una salida provocada por la necesidad de amoldar las nuevas demandas personales y profesionales a la escasez de recursos disponibles. Este sencillo planteamiento de la situación, que hasta cierto punto puede resultar una obviedad, ha llevado a nuestros intervinientes en la charla a adoptar distintas medidas de solución a este conflicto, medidas que comparten el común denominador de ser proyectos nómadas.

Como muy bien expone Miguel Guzmán, director de Espacio Islandia, uno de los recursos en apariencia más indispensables pero, al mismo tiempo, más escasos, es el propio espacio. Pero a este respecto debemos reflexionar sobre el espacio mismo, que es tanto un recurso económico como un factor creador de contexto. De la consideración del espacio como un todo que crea un contexto favorable al nacimiento de proyectos, de la consciencia de que son los propios proyectos los que crean cultura (y no el espacio que los alberga en sí) y de que es el públicoel que ofrece respuestas a estas propuestas surge Espacio Islandia. Esta iniciativa pretende ofrecer una ubicación física a proyectos artísticos de autores sin taller o salas de trabajo propias a través de microresidencias. El artista ocupa el espacio cedido para trabajar en su obra, siempre con presencia de público, y Espacio Islandia cubre la actividad, le da difusión en las redes y asume su publicidad. Hasta ahora se han realizado más de 50 microresidencias y la propuesta no ha hecho más que empezar a despegar.

La motivación de Olga Isla para iniciar su proyecto nómada personal tiene un origen distinto. En su caso, después de una larga trayectoria como economista durante más de 20 años, decidió dedicarse por completo al mundo del arte, y en ese preciso instante vital es cuando se topó con una serie de escollos que entorpecían este cambio de rumbo, fundamentalmente el hecho de ser mujer y de haber superado cierta barrera de edad. Según sus propias palabras, estas dificultades “son meros obstáculos que hay que sortear”. Por eso se planteó la posibilidad de unirse a otras personas en su misma situación y trabajar en proyectos comunes. Una de sus primeras actuaciones fue YOEXPONGO, iniciativa que concibe la calle como una gran sala de exposición en la que exhibir obra y reflexionar sobre el arte, pensada fundamentalmente para dar a conocer a mujeres artistas cuyas obras fueron proyectadas en la fachada del Reina Sofía. Nuevamente un proyecto artístico nómada. Posteriormente fundó, con Eva y Laura, Take Away Process, proyecto que trata de ayudar a artistas en una situación semejante a la suya por medio de acciones que ocurren en un determinado momento y lugar, como “Faceless” llevado a cabo en Medialab Prado.

Por su parte, Christian aporta una experiencia distinta de su gestión nómada, asentada en una concepción vital que nunca ha conocido otros planteamientos personales que la dedicación al arte y a proyectos colectivos. La cita con la que abría su intervenciónnos hizo a muchos de los presentes sentimos identificados:

“El primer paso –sobre todo para gente joven con energía, motivación y talento, pero sin dinero– el primer paso para controlar tu mundo es controlar tu cultura. Modelar y demostrar la clase de mundo en el que exiges vivir. Escribir los libros. Componer la música. Rodar las películas. Crear las imágenes”.

 

Chuck Palahniuk

El título de la charla se ve sintetizado en esta cita: si quieres hacerlo, hazlo. Y Christian añade que las dificultades no son tales, sino nuevas oportunidades. De esta visión positivista de su devenir vital han surgido curiosas iniciativas que aprovechan el espacio público para exprimir las posibilidades artísticas al máximo, aprovechar las sinergias creadas por los grupos y colectivos con los que trabaja y estar abierto a nuevas oportunidades de actuación que nunca se cierran a un único sector de actividad. De ahí ha nacido el colectivo ¡JA!, paradigma de gestión nómada, con sus conciertos en espacios insólitos o los conciertos mínimos.

Después de haber escuchado a estos creyentes acérrimos en la condición humana y en nuestra infinita capacidad e ingenio sólo cabe preguntarse si estamos realmente aprovechando todos nuestros recursos personales o si estamos dejándonos vencer por las adversidades en vez de ver en ellas un mero obstáculo franqueable. Gracias. Miguel, Olga y Christian por esta lección de superación.

 

Hace apenas unos días se publicó el ranking de los museos más visitados del mundo en 2018. Una vez más, el Louvre ocupaba la primera posición, y también con gran satisfacción veíamos que el Reina Sofía se mantenía entre los 20 primeros un año más. En el panorama mundial, los museos europeos tienen un peso considerable, con 9 instituciones situadas en los primeros 20 puestos. En conjunto, las cifras reflejan un aumento del 15% en el número de visitantes, lo que demuestra el creciente interés del público por acceder a estas grandes colecciones.

Visitantes ante la "Mona lisa" en el Louvre en París. Foto: Pedro Fiuza/NurPhoto — Sipa, (vía Associated Press nytimes.com)

No obstante, estos datos no son tan halagüeños como pudiera parecer. A pesar de las dimensiones de estos enormes museos, el volumen de visitantes es tal que el disfrute de las obras se resiente y las labores de mantenimiento son cada vez más exigentes. El pasado 27 de mayo, el Louvre se vio obligado a cerrar sus puertas por una huelga convocada por los vigilantes de sala en protesta por la falta de recursos ante esta crecida de las visitas. Los pasillos se hacen intransitables y las obras se pierden tras un parapeto de brazos alzados, smartphone en mano, para sacarse la foto de recuerdo entre hordas de turistas. Este museo, en concreto, superó los 10 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior.

Este fenómeno no es ajeno al boom que está sufriendo el turismo en los últimos años. No solo viajar se ha hecho más asequible, sino que se ha convertido en un punto más en la lista de “cosas que hacer en la vida” para los que transitamos por el siglo XXI. El enorme abanico de posibilidades que nos brinda la actualidad choca con la necesidad de adoptar medidas de protección del patrimonio cultural y de la propia vida. Al mismo tiempo, es necesario luchar contra el poder de atracción de algunos lugares especialmente demandados, algo que repercute negativamente en la sostenibilidad de su estilo de vida y afecta al carácter estacionario de su economía. Se habla hoy mucho de turismo sostenible, y parece que se dice a la ligera, pero los desplazamientos de la gente y la expansión de los hábitos de consumo capitalista tienen un impacto directo en el medioambiente y en la conservación de los monumentos.

'Dalí', la exposición más visitada de Europa, por: Miguel Ángel García Vega (vía blogs.elpais.com)

No estamos ante un problema de solución fácil. El turismo es uno de los principales motores de la economía para muchos países. Algunas instituciones carecen de inyección de fondos públicos y deben mantenerse íntegramente con sus ingresos, obtenidos en muchas ocasiones de la venta de entradas. Algunos museos, como el Prado, tratan de establecer una política que permita seguir disfrutando del recorrido a los visitantes y tiene prohibido sacar fotografías con el móvil en las salas. Los motivos para tomar esta medida son múltiples, y para que nadie pueda quejarse (porque hay quienes se quejan), se ha procedido a la digitalización de las grandes obras de la colección con imágenes de alta definición accesibles en la página web oficial.

Estos datos ponen de manifiesto que el sector cultural no es ajeno a los grandes movimientos de tendencia que prescriben la obligatoriedad de visitar determinados centros, pasar por ciertos sitios y sacarse la foto de rigor para compartirla en las redes sociales. Es positivo que el arte pueda ser “trendy”, pero no lo es si esta moda conlleva el deterioro de la experiencia del museo, un falso conocimiento de lo que se está viendo, el secuestro de ciertas instituciones frente a otras del entorno próximo que siguen vacías, y la estandarización de los museos como consecuencia de la globalización. En el debate sobre el futuro de estas instituciones en el siglo XXI, que tuvo lugar en París en enero de 2018 y al que acudieron los directores de los principales museos del mundo, Bernard Blistène, director del Centro Pompidou, declaró: “un museo no debe tender hacia una colección ideal que no existe, sino construirse a partir de su singularidad. Sería ridículo ver cómo los museos se homogenizan para responder a una definición que, en realidad, deberíamos deconstruir: la del arte moderno. Tenemos que repensar el modelo inicial”.

Andy Stalman, “Louvre” (vía tendencias21.net)

Los retos del futuro para estos centros no pasan solo por la necesidad de hacer frente a su actividad con presupuestos cada vez más ajustados, sino también al cumplimiento de una misión social y cultural que afecta al conjunto de la sociedad mundial. Y en el trabajo hacia esos objetivos, cuestiones como la sostenibilidad y el equilibrio en el volumen de visitantes, son clave. Algunas voces apuntan que conviene fomentar la descentralización, abriendo filiales de los principales museos en otros lugares del mundo, como es el caso del Louvre, por mencionar un ejemplo cercano, que pronto inaugurará su centro de Abu Dabi. Pero estas soluciones son en realidad un ejemplo claro del impacto de la globalización y cómo alcanza también al sector del arte. El turismo de masas (y su consumo cultural) está tan íntimamente vinculado a este fenómeno que las estadísticas parecen arrojar resultados contradictorios.

Museo historia natural Londres. Foto: Son of Groucho (de Flickr, vía waitamoment.co.uk)

Volviendo al Prado, con sus casi constantes 3 millones de visitas en los últimos años, una encuesta lanzada a principios de este año para sondear los hábitos de los españoles indica que solo el 5,7% de los encuestados visitaron el museo en el último año, que un 37,5% no lo han visitado nunca y un 16% no tiene interés alguno en hacerlo. Sabemos que las estadísticas son eso, estadísticas, pero los datos nos aproximan a una realidad que parece pasar desapercibida. En este boom por acudir a los grandes museos, los visitantes nacionales son los menos interesados en disfrutar de estas instituciones. Y este puede ser el motivo que explique por qué las grandes pinacotecas están abarrotadas, y los museos más modestos, igualmente interesantes, se mantienen vacíos. Quizás una de las principales líneas de trabajo sea seguir educando en arte y cultura para despertar el interés de los ciudadanos por acercarse al arte que tienen más cerca y a su alcance, al tiempo que se canalizan otras formas de financiación para los museos que garanticen su sostenibilidad sin tener que depender tanto del volumen de visitas.