Art Madrid'26 – ARTE AFRICANO: VISTO DESDE LAS AFUERAS

El tejido en el que se producen las prácticas artísticas contemporáneas es un tiempo y lugar frenéticos, algo así como una entropía en constante expansión. Sin embargo, en tal “desorden”, se aprecian intenciones valiosas para quienes consuman la búsqueda de lo polifacético y no circunscrito a un espacio finito como es el geográfico.

Para el poeta senegalés Léopold Sedar Senghor, la negritud es un término que contiene una dualidad de significantes objetivos y subjetivos; es la conjunción de valores de la civilización del mundo negro y es también la manera en la que cada negro o colectividad negra, vive los valores de su civilización. La responsabilidad con la que este bien intangible puede construirse desde plataformas estéticas y artístico-visuales podría localizarse, por ejemplo, en la ciudad de Sitges, fuera de África. Pero respetando la esencia de los valores que han trascendido de una generación a otra, en la búsqueda de narrativas y ejercicios que reivindican la alteridad. Rompiendo con los esquemas que un tipo de primitivismo exótico ha rondado durante siglos el trabajo de artistas africanos o de ascendencia africana.

Out of Africa (OOA), fundada en el año 2011, es una de las galerías que participa en la 18 edición de Art Madrid. Con una amplia nómina y un permanente recorrido por la representación y promoción de artistas africanos y de ascendencia africana, propone un acercamiento a los trabajos de cuatro de sus creadores: Megan Gabrielle Harris, Médéric Turay, Rémy Samuz y Oliver Okolo. Manteniendo su deseo por defender la producción del arte africano contemporáneo, Out of África ofrece una plataforma expositiva para que artistas emergentes y consagrados puedan enunciar sus respectivas narrativas, valores y experiencias a través de sus propuestas creativas. Ofrece apoyo y visibilidad a la exploración, el crecimiento y la profesionalización de prácticas decoloniales en sus discursos curatoriales.

La propuesta expositiva que reúne los trabajos de estos cuatro artistas propone varias corrientes y manifestaciones, entre las que resaltan el retrato, la figuración, la escultura y el expresionismo abstracto. Cada uno de ellos sigue una línea de trabajo personal en la que exploran medios, temáticas y narrativas que invitan al debate sobre la identidad, la exploración de la individualidad y la evocación de los sentidos; propuestas que gravitan en torno a un tipo de emoción reveladora que se desmarca de la hegemonía de lo consciente y lo cotidiano.

Megan Gabrielle Harris, "Kismet", 2022 . OOA Gallery ©

Megan Gabrielle Harris, (Sacramento, Estados Unidos, 1990), es una creadora de ascendencia nigeriana que trabaja entre California, Nueva York y Ciudad del Cabo. En sus obras, la presencia de la figura femenina constituye el tema central. Y sus paisajes en acrílico sobre lienzo, reproducen toda vez a la figura femenina, libre, empoderada y segura de su lugar en la ecuación de la contemporaneidad. El tratamiento a la psicología de las otras y de ella misma, el abordaje de los otros cuerpos y el suyo propio, se alejan de los convencionalismos con los que históricamente se ha identificado a la mujer negra. La voz de autorreconocimiento impregna sus retratos y autorretratos de una fuerza liberadora; y es que la pintura de Megan Gabrielle Harris es un vehículo social para generar consciencia presente sobre cómo se ha representado al sujeto femenino africano durante siglos. Su investigación intenta romper con los códigos de asociación que colocan a la mujer negra africana dentro de una visión constreñida y poco respetuosa, vinculadas a un rol impuesto por la sociedad patriarcal, que subyuga y explota sus cuerpos físicos y degenera su yo espiritual.

La artista coloca entonces a la mujer en el centro de unas composiciones paisajísticas, con colores terrosos que se diluyen en un segundo plano y que impregnan de aún más fuerza visual su presencia. Como si de una columna vertebral se tratara, las retratadas aparecen con su cabellera imponente en el punto de fuga de la composición: Seguras, desafiantes, receptivas y contemplativas… Consigue así recrear escenarios de individualidad en espacios exteriores, de espaldas al espectador e incluso remedando algún que otro retrato convencional, de esos que se hacen tan comunes dentro de la historia del arte occidental pero que sencillamente, en el pasado, ella no hubiese podido ni imaginar. La obra de Harris pondera la libertad de expresión que en algunas partes del mundo ha conseguido la mujer y que, en otras, aun es una lucha por librar.

Médéric Turay, “As the wind blows”, 2022 . OOA Gallery ©

Médéric Turay, (Abiyán, Costa de Marfil, 1979), vive y trabaja actualmente en Marrakech, Marruecos. Es un artista multidisciplinar con una obra que se inspira en la figuración abstracto- geométrica, mezcla de esa cosmogonía que arraiga al artista a su pasado ancestral. Turay tiene un amplio reservorio de saberes, fruto de sus experiencias en diversas partes del mundo. Su formación, deudora de la música hip-hop, la novela gráfica y sus incesantes viajes por Estados Unidos y África. Estos saberes provocan en su trabajo una conexión experiencial, cuando el espectador se encuentra frente a sus entidades pictóricas, unas veces figurativas, otras abstractas y siempre impregnadas de una visualidad compleja y un fuerte matiz espiritual. El artista conserva y cultiva sus raíces a través de la utilización de máscaras y símbolos ancestrales, propias de Akán, en África occidental, pueblo del que le viene esa herencia que conecta con las fuerzas vitales que impulsan al ser humano.

Es así, cómo, en un intento por apartarse de estereotipos raciales, sociales, geográficos y políticos, funda un tipo de pintura expandida, performática, en la que se equilibran las fuerzas intrínsecas de la cruz y el espiral, símbolos recurrentes en su práctica. Estabilidad y dinamismo, rectitud y fertilidad, convierten a sus personajes en mensajeros de una cosmogonía en la que conviven pasado, presente y futuro. Lo complementario y lo diferente ponen sobre la mesa una verdad heredada; un universo visual en el que restablece el equilibrio para conducirnos hacia la meditación. Médéric Turay plasma en su pintura la íntima conexión del ser humano con la tierra, la vida, los ancestros, la familia y la sociedad. Su pintura es necesidad y urgencia; tradición y nuevas formas de aprehender el legado del pasado.

Rémy Samuz, “Le marecheur” 2018. OOA Gallery ©

Rémy Samuz, (Cotonú, Benín, 1982), vive y trabaja actualmente en su ciudad natal. Sus esculturas cumplen el deseo de muchos artistas de humanizar con un soplo de vida sus creaciones inertes. La fuerza visual que acompaña sus tejidos en metal comenzó, cuando siendo solo un niño se dedicaba a modelar miniaturas de personajes que, en aquel momento, resultaban todo un misterio para quienes le rodeaban. Su formación artística, acompañada de la especialización en metalurgia han propiciado que este artista domine casi a la perfección la técnica de tejido de hilo en hierro. La rigidez del metal no le impide “divertirse” en la conceptualización de esculturas que abordan nociones vastas sobre la familia, la libertad, la identidad, la felicidad y el amor.

Oliver Okolo, “Disguised persona (Willian Hurley)”, 2022. OOA Gallery ©

Oliver Okolo, (Suleja, Nigeria, 1992), vive y trabaja en Abuja, Nigeria. De formación autodidacta, es un joven artista que ha encontrado en la representación de la figura humana el camino para desarrollar sus universos creativos. El velo con el que suelen solaparse conflictos y problemáticas sociales, construyen la narrativa que luego el artista vuelca en los rostros de sus protagonistas. Calma aparente, desenfado, indiferencia y algunos vestigios de enajenación, son ideas que pueden confundir al espectador en esa fina e inteligente crítica que el artista relata en sus hombres y mujeres,apaciblemente ubicados en escenarios en calma. La ausencia del caos, el amor en el aire, el cielo verde, la guitarra amarilla, el naranja o el azul, son claves semánticas para activar la presencia de tensión en los rostros de las figuras que provocan al espectador. La aparente sencillez del retrato -conseguida con soltura y realismo- sostiene la fuerza expresiva que Okolo trabaja tanto con la versatilidad del carboncillo, como con las texturas del pincel. La búsqueda de la perfección tecnicista es una de las obsesiones de un artista que apuesta por utilizar sus referentes en un tipo de obra que dialoga con la alteridad. Proponiendo una lectura actualizada de lo heredado en la actualidad contemporánea, y que se inscribe en un tiempo dilatado y no en un territorio inamovible.

Cuatro artistas africanos y de ascendencia africana, llegan a Art Madrid en esta edición, con una intrépida propuesta expositiva que irrumpe en el escenario de la producción nacional. para construir un relato sobre la identidad, la fundación de lo emergente y la urgencia de una mirada desprejuiciada hacia la producción artística africana. La calidad estética y formal hacen que no pasemos por alto su presencia en el recinto expositivo. Cada uno de estos artífices es dueño de una razón histórica que nos recuerda que, desde afuera, también podemos apreciar la verdad de los otros.




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.