ARTE CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL EXCESO DE PLÁSTICOS

Si bien estamos presenciando una eclosión de movimientos que tratan de concienciar sobre la necesidad de luchar contra el cambio climático y el uso abusivo de los plásticos, que tanto dañan el entorno, muchas veces tendemos a identificar estas iniciativas con la actividad de ONGs y otros colectivos con campañas que buscan lograr un gran impacto en medios. No obstante, los artistas también están muy concienciados con esta problemática y a menudo plasman esta temática en sus obras.

Mandy Barker, composición con 500 piezas de plástico recogidas en una playa, 2018

La forma de denunciar el capitalismo excesivo y la sobreexplotación pasa a veces por componer obras con piezas reutilizadas o emplear el propio plástico como principal materia prima, así como crear piezas en parajes idílicos, con el ánimo de recalcar la pervivencia efímera de esos lugares. Las propuestas son diversas: multitud de técnicas, disciplinas y acabados; pero la finalidad es la misma, porque indudablemente el ser humano tiene una responsabilidad para con el planeta. En muchas ocasiones, los artistas se asocian con grupos de activistas para desarrollar acciones a gran escala que den repercusión al mensaje y consiga el objetivo pretendido de generar conciencia global.

Marcel van Es, dibujo en la playa Novo Sancti Petri, Cádiz, 2018

Este es el caso de Marcel van Es, un artista holandés que desde hace años coopera con Greenpeace y Ecologistas en acción mediante la creación de dibujos trazados sobre la arena húmeda de la bahía de Cádiz. En abril de 2018 llevó a cabo su tercera intervención en la playa gaditana Novo Sancti Petri, con una obra de más de 25 metros de diámetro que representaba una tortuga marina rodeada de plásticos. Sus dibujos son vulnerables y de vida breve que representan la fragilidad de la naturaleza y su imposibilidad de luchar contra el abuso desmedido de sus recursos y su capacidad de regeneración.

Isabel Muñoz, “Agua”, 2016

Otros autores se decantan por propuestas menos vinculadas a movimientos de denuncia y más centradas en un discurso personal que ponga de manifiesto el problema dentro de la línea de trabajo que le es propia. Así sucede con el proyecto “Agua” de Isabel Muñoz, quien, fiel a su cuidada y exquisita fotografía, presenta una serie de imágenes que tratan de poner en valor la pureza del mar y el amenazador riesgo al que está expuesto de forma permanente. Con esta fotografía subacuática, el impacto de las texturas y los colores sobre los cuerpos sumergidos representa de un modo alegórico y elegante la opresión y adherencia de los plásticos a los seres vivos en su entorno marino, algo contra lo que no pueden luchar por sí mismos.

Maria Cristina Finucci, instalación en la isla de Mozia, Sicilia, 2016

Asimismo, hay artistas que deciden consagrar casi por completo su trabajo a tratar el problema del cambio climático y la contaminación por plásticos. El proyecto “The garbage patch state” se ha convertido en el leit motiv principal de la obra de Maria Cristina Finucci. Con una propuesta multidisciplinar, que acoge tanto performances, como fotografía o instalaciones, su proceso de producción está abierto a las aportaciones externas y a la presencia internacional. Estamos antes un proyecto interactivo y participativo que ya ha pasado por Roma, Nueva York, Madrid o Ginebra. Porque Maria no concibe el arte si no cumple una función social, y en este caso, su misión educativa es más que evidente.

 

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.