Art Madrid'26 – ARTE CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL EXCESO DE PLÁSTICOS

Si bien estamos presenciando una eclosión de movimientos que tratan de concienciar sobre la necesidad de luchar contra el cambio climático y el uso abusivo de los plásticos, que tanto dañan el entorno, muchas veces tendemos a identificar estas iniciativas con la actividad de ONGs y otros colectivos con campañas que buscan lograr un gran impacto en medios. No obstante, los artistas también están muy concienciados con esta problemática y a menudo plasman esta temática en sus obras.

Mandy Barker, composición con 500 piezas de plástico recogidas en una playa, 2018

La forma de denunciar el capitalismo excesivo y la sobreexplotación pasa a veces por componer obras con piezas reutilizadas o emplear el propio plástico como principal materia prima, así como crear piezas en parajes idílicos, con el ánimo de recalcar la pervivencia efímera de esos lugares. Las propuestas son diversas: multitud de técnicas, disciplinas y acabados; pero la finalidad es la misma, porque indudablemente el ser humano tiene una responsabilidad para con el planeta. En muchas ocasiones, los artistas se asocian con grupos de activistas para desarrollar acciones a gran escala que den repercusión al mensaje y consiga el objetivo pretendido de generar conciencia global.

Marcel van Es, dibujo en la playa Novo Sancti Petri, Cádiz, 2018

Este es el caso de Marcel van Es, un artista holandés que desde hace años coopera con Greenpeace y Ecologistas en acción mediante la creación de dibujos trazados sobre la arena húmeda de la bahía de Cádiz. En abril de 2018 llevó a cabo su tercera intervención en la playa gaditana Novo Sancti Petri, con una obra de más de 25 metros de diámetro que representaba una tortuga marina rodeada de plásticos. Sus dibujos son vulnerables y de vida breve que representan la fragilidad de la naturaleza y su imposibilidad de luchar contra el abuso desmedido de sus recursos y su capacidad de regeneración.

Isabel Muñoz, “Agua”, 2016

Otros autores se decantan por propuestas menos vinculadas a movimientos de denuncia y más centradas en un discurso personal que ponga de manifiesto el problema dentro de la línea de trabajo que le es propia. Así sucede con el proyecto “Agua” de Isabel Muñoz, quien, fiel a su cuidada y exquisita fotografía, presenta una serie de imágenes que tratan de poner en valor la pureza del mar y el amenazador riesgo al que está expuesto de forma permanente. Con esta fotografía subacuática, el impacto de las texturas y los colores sobre los cuerpos sumergidos representa de un modo alegórico y elegante la opresión y adherencia de los plásticos a los seres vivos en su entorno marino, algo contra lo que no pueden luchar por sí mismos.

Maria Cristina Finucci, instalación en la isla de Mozia, Sicilia, 2016

Asimismo, hay artistas que deciden consagrar casi por completo su trabajo a tratar el problema del cambio climático y la contaminación por plásticos. El proyecto “The garbage patch state” se ha convertido en el leit motiv principal de la obra de Maria Cristina Finucci. Con una propuesta multidisciplinar, que acoge tanto performances, como fotografía o instalaciones, su proceso de producción está abierto a las aportaciones externas y a la presencia internacional. Estamos antes un proyecto interactivo y participativo que ya ha pasado por Roma, Nueva York, Madrid o Ginebra. Porque Maria no concibe el arte si no cumple una función social, y en este caso, su misión educativa es más que evidente.

 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.