Art Madrid'26 – ARTE CON LIBROS Y LIBROS EN EL ARTE

Los libros son mucho más que un objeto. Su contenido es capaz de albergar infinitos universos, ser fuente inagotable de conocimiento y transportarnos a lugares reales e irreales donde reine la imaginación, de otro tiempo, de otra dimensión. Por los libros se ha vertido sangre, se ha prohido, censurado, reprimido y aniquilado. También con ellos se han abierto puertas a la libertad, el intercambio, la tolerancia y el saber. Tal es el poder de un libro, que se ha convertido en un objeto de culto. ¿Quién no ha abierto un libro nuevo en una librería y olido sus páginas? Nos gusta leerlos, verlos en nuestras estanterías, ordenarlos, dejarlos abiertos bocabajo, llevarlos en el bolso, leerlos en el metro, prestarlos, pedirlos, devolverlos, y darles una segunda vida. Y esta misma pasión es compartida por muchos artistas que hacen del libro su materia prima de trabajo.

El artista Schaduwlichtje es capaz de transformar las páginas impresas a base de dobleces y pliegues. De este modo consigue crear estas sorprendentes esculturas sin necesidad de tijeras. Este matemático holandés comenzó a trabajar sobre el papel al incorporarse como voluntario en la librería Books4life en 2013.

Otros autores se centran en aprovechar la parte exterior de los libros para sus composiciones. Este es el caso de Mike Stilkey, un artista que trabaja con ejemplares usados y desechados para crear enormes muros de libros apilados sobre los que aplica pintura para crear sus obras. En ocasiones, el propio color de la cubierta determina el tipo de pieza que va a dibujar. Sus composiciones son intrigantes y sobrecogedoras.

Por su parte, Jonathan Callan reaprovecha revistas, fancines y libros como elemento de trabajo principal. Sus obras reutilizan estos materiales eliminando las referencias a su uso original, de modo que doblas las hojas y curva las portadas hasta conseguir unas composiciones abstractas con formas que nos recuerdan las estructuras orgánicas del coral o la forma de crecer el liquen en la corteza de los árboles.

Es muy conocido el trabajo de Alicia Martín, que desde hace años utiliza los libros en esculturas de gran formato para crear propuestas de enorme impacto visual. En forma de cascada que se precipida desde una ventana o como una enorme espiral que imita un torbellino de agua, sus piezas sorprenden y enamoran por igual.

Mucho más sutil es la obra de Beatriz Díaz Ceballos. Su trabajo se basa en la palabra escrita, y emplea los libros como fuente infinita de textos impresos de los que las palabras brotan en cascadas. Sus propuestas semejan alegorías de cuentos que nos remiten a imágenes de fantasía y ensoñación.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica artística de Chamo San (Barcelona, 1987) se articula en torno a una poética de la atención, donde lo aparentemente insignificante adquiere una intensidad reflexiva singular. Sus obras se construyen desde una observación persistente de la vida cotidiana, entendida no como repertorio narrativo, sino como campo de experiencia compartida. En este marco, el gesto mínimo se convierte en una forma de conocimiento sensible que sitúa al espectador ante escenas reconocibles y, a la vez, extrañadas por su suspensión temporal.

El desplazamiento progresivo hacia una pintura más atmosférica ha permitido que el entorno deje de ser un mero soporte para convertirse en un agente activo de sentido. Las gamas cromáticas contenidas y los espacios cuidadosamente construidos generan una sensación de quietud que remite a una tradición pictórica interesada en la duración y la espera. La figura humana, núcleo constante de su trabajo, se presenta así inmersa en contextos que amplifican su dimensión afectiva y existencial.

El silencio que atraviesa estas imágenes no es ausencia, sino condición; un espacio de resonancia donde convergen el tiempo del hacer y el tiempo de la mirada. Entre el control compositivo y la apertura a lo contingente, la obra de Chamo San afirma la pintura como un territorio donde coexisten la planificación y el accidente.


Bañera. 2018. Bolígrafo sobre libreta. 14 x 18 cm.


En muchas de tus obras aparece una atención minuciosa al gesto mínimo y al momento aparentemente trivial. ¿Qué te interesa de esas micro-coreografías de la vida cotidiana?

El germen de mis obras, siempre viene de los apuntes al natural que realizo en pequeñas libretas que puedo llevar siempre conmigo y que luego, o bien transfiero a un formato diferente en el que poder trabajar de manera más relajada, o bien son la propia obra final.

La composición, la puesta en escena y, quizá, esas micro-coreografías son aquello que me permito aportar como artista. Estas escenas cotidianas para mí suponen la manera más directa y más honesta de conectar con el público ya que, pese a ser escenas íntimas, representan experiencias universales.


Peus. 2023. Pastel al óleo sobre papel encolado en tabla. 30 x 30 cm.


En tus piezas, la presencia de tonos sobrios parece generar un tipo particular de atmósfera. ¿Cómo describirías el modo en que esa atmósfera emerge durante el trabajo, y qué papel juega en la construcción global de la imagen?

La atmósfera y el color es algo muy reciente en mi obra. Anteriormente me centraba únicamente en los personajes como el elemento principal y muchas veces incluso quedaban flotando en el vacío. Es en el momento en el que vi que era necesario contextualizar y, sobre todo, cuando empecé a trabajar más a partir de los apuntes que tomaba en mis libretas, que entendí la importancia del entorno para el personaje.

Los personajes para mí serán siempre el elemento principal, ya que creo que es en la representación de la figura humana donde disfruto más. Pero poco a poco me gusta investigar aquello que les rodea. Veo necesario darles un entorno y una atmósfera para poder ubicarlos en una escena mucho más completa.


Mamant. 2025. Lápices de colores sobre libreta. 14 x 18 cm.


¿Los silencios en tus obras son heredados de experiencias reales o emergen durante el proceso pictórico?

Los silencios en mis obras son heredados de experiencias reales, ya que en el momento de capturar esos pequeños instantes de las escenas cotidianas - es necesario-, suelo estar concentrado y en silencio. Por otro lado, también creo que la contemplación de las obras artísticas casa muy bien con ese momento de calma y que, por un instante, tanto el artista en todo el proceso de creación como el espectador cuando mira la obra, pueden coincidir en ese mismo estado de tranquilidad y de silencio.


El Beso. 2024. Pastel al óleo sobre libreta. 14 x 18 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Hay algunas de mis obras que están muy planificadas, incluso excesivamente, con muchísimos bocetos. Por otro lado siempre tengo ese punto de partida que aparece en los apuntes de los cuadernos, y dejo la experimentación y lo inesperado para el final. Aunque también es cierto que cuando me he lanzado desde el principio a la improvisación, han ocurrido cosas maravillosas, por lo que ahora intento que esos dos mundos se combinen de la forma más orgánica posible.


Cine. 2025. Bolígrafo y pastel al óleo sobre libreta. 14 x 18 cm.


Aunque tu obra se ha desplazado hacia lo pictórico –con una estética muy vinculada a lo cinematográfico-, aún se perciben ecos de la ilustración en tu lenguaje visual. ¿Qué elementos dirías que permanecen y cuáles se han transformado radicalmente?

Para mí, la ilustración ha sido un campo de aprendizaje brutal. Me encantan esos artistas que han combinado los encargos de ilustración con el trabajo de estudio para galerías como Ramón Casas o James Jean. Creo que estos dos mundos pueden conectar en lo técnico, pero el lenguaje y la finalidad son muy distintos.

El hecho de que exista una obra única y original, hace que puedan aparecer accidentes que en la ilustración difícilmente pueden aparecer. Por lo tanto, esa esencia del objeto único y, sobre todo, esa intencionalidad lo hacen absolutamente diferente.