ARTE DE INVIERNO

A punto de inaugurar el invierno, hacemos un pequeño repaso de cómo los artistas se han inspirado en esta estación para sus obras. Estas fechas suelen asociarse inevitablemente con el final de año y las abundantes celebraciones, pero el inicio del invierno ha sido tradicionalmente una época festejada por numerosas culturas ya que da paso a un período de crecimiento de los días y a una etapa de preparación para el siguiente ciclo. Hasta la mitología griega tiene un relato para esta fase. Deméter, diosa de la vida y la tierra, al verse separada de su hija Perséfone, que había sido raptada por Hades y condenada a permanecer en el inframundo, acordó pasar la mitad del año en su compañía y la otra mitad en el Olimpo. La tristeza que asolaba a Deméter en los meses que no estaba con Perséfone corresponden con el otoño y el invierno, dejando la tierra descuidada y marchita, en contraposición a la primavera y el verano, tiempo que pasaba con su hija.

Camille Pissarro, “Avenue de l’Opera. Efecto Nieve 1”

Desde el clasicismo, la representación del invierno se abordó con una perspectiva costumbrista y naturalista. Este enfoque es transversal a las distintas ramas artísticas y ha servido también para entretejer muchos relatos decimonónicos que representan esta estación de forma cruda e inclemente para subrayar las diferencias sociales y la adversidad que protagonizan muchos personajes de la literatura de la época. En el plano visual, los autores se decantaban por expresiones más realistas, un ejercicio que muchas veces servía de análisis pictórico sobre la representación del estado natural, los cambios de luz, la reproducción de texturas, volúmenes… en estampas dominadas por la nieve en el medio rural.

Stepan Kolesnikoff, “Camino del mercado”, 1942

El invierno, presente con su cara más dura, implacable y todopoderoso compone una imagen mental alimentada en gran medida por la literatura de finales del XIX así como por la representación recurrente de la pintura realista del momento que empezó a preocuparse por temáticas menos elitistas. La huida de las producciones pictóricas de contenido religioso o de los retratos por encargo dio paso a una verdadera preocupación por la sociedad, por la situación del individuo en su cotidianidad y la plasmación de una vida auténtica y no siempre dócil que requería, entre otras cosas, hacer frente al invierno en circunstancias poco favorables. En esta tendencia naturalista se ve la voluntad de cambiar el foco de atención de la aristocracia al pueblo llano, y de elaborar un discurso igualitario que no resalta al poderoso sobre el débil, sino que trata a todos los individuos por igual.

Jason Paul practicando freerunning en Harbin, China © David Robinson

Nuestra percepción sobre esta estación ha cambiado en las últimas décadas. La vinculación de estas fechas con las grandes celebraciones componen un todo indisociable en que el consumismo ha absorbido el inicio de la estación y casi nos pasa inadvertido. La representación actual del invierno se conecta con estampas nevadas, luces rojas y sonrisas en la cara. Hay, en todo esto, una búsqueda de la belleza ideal, un artificio compositivo que inunda todas nuestras conductas en sociedad y que alcanza, incluso aunque sea de forma ficticia, la propia fuerza de la naturaleza. Hoy el invierno, tras haberse superado en las artes un pictorialismo más tradicional, se representa fundamentalmente a través de la fotografía, una disciplina que se atreve a plasmar de nuevo la naturaleza de un modo más salvaje y desafiante. De hecho, la fotografía-documental es una línea muy explotada en nuestros días y el resultado son imágenes de gran impacto visual.

 

Galerías Espiral, Rodrigo Juarranz, Luisa Pita, Arancha Osoro y Marita Segovia

 

Una de las grandes aspiraciones del arte actual se refiere a la capacidad de reinterpretar y transformar la (subjetiva) realidad en la que convivimos, aspirando a configurar otras realidades desde renovados puntos de vista ya que, sin duda, el estado demencial del mundo requiere otras formas de verlo.

Diego Benéitez, "El pasado que construyó el futuro", técnica mixta sobre tabla, 2018. Galería Rodrigo Juarranz.

Lejos de la representación abstracta, fragmentada y pretendidamente objetiva tan propia de las cartografías, muchos artistas plantean nuevas posibilidades y formas alternativas de estar en el mundo a partir de conceptos como el de territorio, mapa, paisaje o frontera, empleando estrategias que van desde la más pura e introspectiva ficción, el desplazamiento y la deformación, hasta el cuestionamiento crítico, la apropiación y la simulación, entre las más empleadas. En este contexto se encuentran algunas de las problemáticas desarrolladas por el artista invitado de Art Madrid’ 19, Rubén Martín de Lucas, pero también se pueden hallar en la obra de ciertos creadores que presentaremos en nuestra decimocuarta edición.

Nacho Angulo, "Dios no existe todavía", técnica mixta sobre madera, 2018. Galería Espiral.

El trabajo de Nacho Angulo, representado por la Galería Espiral (Noja, Cantabria), refleja precisamente un profundo y muy personal interés por la geografía, la construcción y la expresividad de la materia viva. En sus “pinturas construidas”, como las bautizó el crítico y catedrático Francisco Calvo Serraller, en esas bellas piezas en madera, no solo se hacen explícitas las referencias al territorio y la obsesión por el mapa del artista, como vemos en las piezas “Hummus” (2015) o “Esquizos” (2018), sino que también se expanden poéticas de lo condensado, aislado y delimitado, como se aprecia en “Individuum innefabileest” (2016), “Aflora” (2018) o la reveladora “Dios no existe todavía” (2018).

Manolo Oyonarte, "Espejo Cósmico", técnica mixta sobre lienzo, 2018. Galería Espiral.

Territorios definidos que pasan a ser indefinidos, cuestionados y desestabilizados desde la singularidad de cada artista presentado por Espiral: las capas de horizontes, vitalistas, contrastadas y de ensueño, que se acumulan en las obras de Víctor Alba; los “Castillos en el aire” (2017) de Eduardo Vega Seoane, auténticas pictografías de la contemporaneidad, formas en movimientos continuos que tan bien reflejan la libertad desde la que ejerce el pintor; también son otros territorios los siniestros y fascinantes escenarios de Manolo Oyonarte, donde el enigma individual del subconsciente se tiñe de violentos colores y figuras perturbadoras; al igual que los mapas interiores se hacen de cuerpo presente en las misteriosas pinturas de Jerónimo Maya, tan etéreas como carnales.

Alberto Sánchez, "Il n'y a pas", técnica mixta, 2018. Galería Rodrigo Juarranz.

Ubicado en el clásico sabotaje de lenguajes, entre la fotografía y la pintura, esa herida siempre abierta por el gran Darío Villalba, se puede situar la obra del hispano australiano Alberto Sánchez quien, a pesar de compartir nombre con el genial escultor de Vallecas, presenta una obra que más bien recuerda a los juegos lúcidos y tremendos de Juan Ugalde. Sin embargo, la obra de Sánchez se sitúa en el centro de las grandes ciudades contemporáneas, convirtiéndose en un conjunto de grandes paisajes exteriores en los que se desvelan los expresionistas mundos imaginados por el artista. Sánchez es la nueva incorporación para la feria que suma la Galería de Rodrigo Juarranz (Aranda de Duero, Burgos), junto con el lírico y evocador Diego Benéitez y el matérico Marcos Tamargo, nostálgico del resto, del recuerdo natural o artificial, de textura tan mineral, y que impregna todo su recorrido vital.

María Ortega Estepa, "La búsqueda III", papel, elementos vegetales y óleo sobre cartón, 2018. Galería Luisa Pita.

Y si hablamos de naturaleza y paisaje tenemos que convocar a la Galería Luisa Pita (Santiago de Compostela) y empezar por María Ortega Estepa. Ortega, artista tan sensibilizada con el potencial social del arte, es la autora de exuberantes pinturas naturalistas, pequeños parajes inventados en los que, según vemos en sus últimas piezas, algunos de sus elementos ansían salir de las dos dimensiones que les impone la pintura, haciendo presencia física en forma de reales ramas, musgos, vegetales: devotos de la tierra. Otro apasionado del territorio natural, que ha llegado a poblar con un banco de 2.600 plantas la selva tropical húmeda venezolana, es Darío Basso, de quien veremos una selección de sus “Emanaciones”: abstracciones, con ecos aún salvajes, conectadas con la fenomenología de la naturaleza, pues el artista las expone al paisaje exterior para que sean directamente intervenidas por el sol, la lluvia, el viento o los cambios de temperatura, expuestas en suma, a todos los posibles fenómenos físicos. Luisa Pita cierra su propuesta para Art Madrid con la simbolista y enigmática María José Gallardo, de la que se presentan algunas de sus últimas pinturas. Estamos ante otra cámara de maravillas, con sus característicos mensajes lapidarios y sus lecciones vitales, como en la poca halagüeña “El que más da menos pide” (2018) o la vanitas “El rico” (2017), realizadas también dentro de escenografías de tradición barroca y acabadas con finísimas pátinas de pan de oro. Por encima de todo, son pinturas realizadas con esa pasión, tan meticulosa, detallista y personal de Gallardo, por las cosas (curiosas) de este mundo.

Rafael Navarro, "Falsa Libertad", fotografía, 2015. Galería Arancha Osoro.

Muy diferente es la propuesta de la Galería Arancha Osoro (Oviedo), la cual presenta una selección de seis creadores: Rafael Navarro, José Paredes, Kiko Miyares, Luis Parades, Elena Rato e Iván Baizán. Navarro se presenta con algunos de sus más bellos y seductores dípticos, clásicos como “Díptico nº9” (2002) o “Díptico nº49” (2002), pero también con realizaciones más recientes, en torno al trazado, la arquitectura y nuestra forma de relacionarnos con ella, como en “Cartografía” (2015) o “Falsa libertad” (2015), obras en las que mantiene su inconfundible dialéctica que, como destacó el creador Joan Fontcuberta, “no sólo nos invitan a reflexionar sobre la expresión visual, sino también a compartir unas sentidas experiencias interiores”.

Elena Rato, "Los límites del gesto II", pintura acrílica sobre lienzo y vinilo adhesivo sobre pared, 2018. Galería Arancha Osoro.

Muy preocupado por las formas estructurales continúa siendo el trabajo de Baizán, edificaciones (im)posibles en las que la serigrafía adquiere volumen, niveles y disecciones por medio del encapsulamiento en metacrilato y poliestireno. Asimismo destacan los vidrios escultóricos de la serie “Cities and citizens” (2014) de Luis Parades, construcciones tan solo en apariencia menos sofisticadas que las de Baizán mas tremendamente mágicas, sensoriales y texturales desde sus formas minimalistas. Mágicos también pueden resultar los surrealistas universos de Paredes, artista que presenta su última serie, “Escenografías de lo inestable” (2018): juegos ópticos en espacios oníricos protagonizados por el hombre contemporáneo y sus particulares fantasmas. Por su parte, los territorios de Rato se configuran desde la superposición de superficies, en esa suerte de palimpsestos que ahora también combina con una especie de vinilo invasivo y que presenta como ejercicios o “caprichos metapictóricos”, basados en el juego sugestivo de interrupciones gestuales.

Joao Carlo Galvao, "Sin Título", relieve en madera con parte lacada, 2018. Galería Marita Segovia.

Terminamos con la interesante selección que expondrá la Galería Marita Segovia (Madrid). En su stand se podrán apreciar los tan esmerados trabajos de Pilar Pequeño, fotógrafa que protagoniza una de las exposiciones online de Art Madrid Market. De las intimistas flores –que tanto recuerdan a algunas de las obras de las pintoras del grupo de realistas madrileños, como las de la brillante Isabel Quintanilla–, a los decadentes espacios arquitectónicos, la obra de Pequeño sucede siempre desde el silencio y la contemplación melancólica, imágenes asombrosas y seductoras que evocan un misterioso presagio. Presentimientos también nos llegan de las formas de David Rodríguez Caballero -también presente en el espacio de Aurora Vigil Escalera-, artista que presenta una creación frágil y especial, extraña y fugaz, algo que contrasta por completo con las rotundas esculturas en relieve de João Carlos Galvão. Es evidente que la experiencia en torno a la madera es fundamental para el artista brasileño, quien continúa trasladándonos su mensaje personal y poético, directo y veraz, demostrando su absoluta pasión por las propiedades trascendentes de la madera. Sin embargo, el artista Edgar Plans –a quien también podremos ver en la Galería Miquel Alzueta– trabaja sobre las cualidades pictóricas en sus últimas obras, como vemos en “Art Wall” (2018) o “Colors” (2018), ampliando su tan personal iconografía y desde su característico dibujo lúdico y colorista.

Estos son los singulares territorios configurados por algunos de los artistas de Art Madrid ’19. Imaginarios que, si llegan a conmovernos realmente, pueden motivarnos a cambiar nuestros esquemas de comprensión de “lo real” y las formas en las que nos relacionamos.