Art Madrid'26 – EL ARTE DENTRO DEL SÉPTIMO ARTE

El impacto del cine fue, desde su invención, la antesala de toda una disciplina que sigue a día de hoy en constante evolución. La fuerza de la imagen y el atractivo de la narrativa visual ha llegado a desplazar en muchas escuelas de artes el interés por las formas más tradicionales de expresión artística. El mundo de la creación contemporánea no se queda al margen de esta tendencia, y el cine, ya consagrado como tal, ha ido abriendo camino a otras formas experimentales que usan la imagen en movimiento como lenguaje principal.

René Magritte, “El hijo del hombre”, 1964

Fotograma de la película “El secreto de Thomas Crown”, 1999

Seguimos hoy hablando del séptimo arte como una etiqueta inconfundible para designar el cine, sin saber muy bien de dónde viene la clasificación y cuáles son las otras seis artes que lo preceden. Aunque la tradición de hacer clasificaciones se remonta a la época de la antigua Grecia, cuna por excelencia de una abundancia artística de carácter técnico y formal, además de tener una rica mitología con relatos que amparan explicaciones de todo tipo sobre los hechos de la humanidad, lo cierto es que por aquel entonces la categorización de las artes se basaba en aunar aspectos tanto intelectuales como físicos, resultando en enumeraciones que hoy nos resultan difíciles de comprender. Luego, los romanos asimilaron esta misma tradición. Cicerón hablaba de tres órdenes de artes: “artes mayores”: política y estrategia militar; “artes medianas”: ciencias, poesía y retórica, y “artes menores”: pintura, escultura, música, interpretación y atletismo.

Izda: Fotograma de la película “¿Conoces a Joe Black?”, 1998 / Dcha: Mark Rothko, “Blue, Orange, Red”, 1961 (imagen ©wikiart)

Tras muchos cambios a lo largo de los siglos, la clasificación que hoy se maneja es la establecida por el artista italiano Ricciotto Canudo en su tratado “Manifiesto de las siete artes”, de 1911, donde fija este orden así: 1) arquitectura, 2) escultura, 3) pintura, 4) música 5) poesía/literatura, 6) danza y 7) cine, listado al que recientemente se le han agregado nuevas disciplinas como fotografía, cómic, videojuegos, vestuario o teatro.

Goya, “Saturno devorando a su hijo”, 1819-1823 (imagen ©wikimedia)

Fotograma de la película “Wall Street: el dinero nunca duerme”, 2010

Al margen de las clasificaciones, quizás el cine encierra el potencial de ser un arte totalizador. Su capacidad de referenciar todas las demás disciplinas, de autoreferenciarse también, y de ser un vehículo de expresión al que muchos artistas multidisciplinares recurren en un momento u otro de su carrera permite numerosas lecturas y relecturas de las obras. La seducción de la imagen tienta a todos y ofrece infinitas posibilidades para captar nuevos públicos y jugar con la fantasía de la ficción. Al mismo tiempo, encierra un lenguaje accesible y es una buena forma de recrear lo que no se ha visto nunca, lo que no se conoce o lo que jamás ha existido.

Kandinsky, diseños para el almanaque “Der Blaue Reiter”, 1911 (imagen ©sammlungonline.lenbachhaus.de)

Fotograma de la película “Dobre traición”, 1999.

Dentro de esta senda del “meta-arte”, os traemos algunos ejemplos de películas que se refieren a otras piezas de arte, no necesariamente en filmes dedicados a la vida de artistas, así como producciones hechas por creadores que ridiculizan el propio impacto mediático del cine. Este es, por ejemplo, el tipo de trabajo que caracteriza a Banksy y su obra “Exit through the gift shop”, una película del género “falso documental” que ironiza sobre el propio trabajo del artista y que ha sido capaz de generar curiosos efectos colatelares más allá de la propia obra. Así ha sucedido con la figura de Mr. Brainwash, una suerte de alterego de Banksy en el film, que se ha convertido en un artista pop-contemporáneo reconocido internacionalmente.

Os recordamos que CaixaForum Madrid proyecta esta pieza dentro de un ciclo de “Arte y Cine”, el viernes 29 a las 19h.

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.