CUANDO EL ARTE DIGITAL SE CONVIERTE EN UNA EXPERIENCIA INMERSIVA

El desarrollo actual del arte se mueve por derroteros cada vez más conectados con la tecnología y el lenguaje digital. Aunque en sus inicios, las obras virtuales habían sido en cierta medida relegadas a un segundo plano, por restarle importancia a la maestría de los autores que ejecutan sus piezas con sus propias manos; estas formas de expresión han seguido una evolución constante hasta posicionarse en un lugar propio, donde merecen el mismo respeto y admiración que las disciplinas tradicionales.

teamLab, “Black Waves: Lost, Immersed and Reborn”, 2019. Instalación digital, loop continuo. Sonido: Hideaki Takahashi. ©teamLab, cortesía de Pace Gallery.

Una de las principales diferencias que ofrecen las obras digitales es su capacidad para crear realidades paralelas de una forma inmersiva. Su poder trasciende el de la mera evocación, ya que superan la barrera mental del espectador, quien no tiene que imaginarse las cosas que se le sugieren, sino que se ve envuelto en ellas de una manera activa y directa. La conexión de estas piezas con la imagen en movimiento se entiende hoy como una salida natural… porque es precisamente el movimiento lo que las ramas tradicionales del arte no pueden plasmar.

En esta senda se despliega el trabajo de teamLab, un colectivo artístico integrado por numerosos profesionales de distintas especialidades, que unen su energía y conocimiento para crear impresionantes piezas digitales inmersivas. Su propio sistema de trabajo de asienta en la filosofía que quieren transmitir en sus obras. Se trata de poner en común el esfuerzo de todos, de buscar la complementariedad y el trabajo conjunto, para dar lugar a obras que fluyen, que buscan por sí mismas un equilibrio en los elementos, una armonía en la exteriorización de una idea sencilla y compleja al mismo tiempo.

teamLab, “Flutter of Butterflies Beyond Borders, Ephemeral Life born in Au-delà des limites”, 2018, instalación en La Villette, París. ©teamLab, cortesía de Pace Gallery.

Este grupo fundado en Tokyo en 2001 prefiere reforzar el trabajo colectivo y renunciar al concepto tradicional de autoría que se maneja en el arte para enfocar sus esfuerzos en la producción de obras. Sus piezas ya han sido expuestas en numerosas capitales del mundo y forman parte de importantes colecciones.

En su búsqueda por unir naturaleza, tecnología, ciencia y arte, el trabajo de teamLab explora las posibilidades de recreación digital de elementos naturales llevados a gran escala con el objetivo de involucrar al espectador en una experiencia que lo trascienda y lo lleve a otro lugar. Sus creaciones digitales son muchas veces interactivas y cambian en un constante movimiento cíclico que evoluciona en función de los elementos que intervengan en el entorno. El resultado es una vivencia artístico-digital que reacciona ante el visitante, en un diálogo no verbal que invita a reflexionar sobre nuestro impacto mediambiental, la interacción con los seres vivos y la necesidad de sentir una conexión vital con la naturaleza.

teamLab, “Enso - Cold Light”, 2018. Instalación digital, loop continuo. © teamLab, cortesía de Pace Gallery.

El Espacio Fundación Telefónica expone tres obras de este colectivo para ofrecer una experiencia inolvidable al visitante. “Black Waves: Lost, Immersed and Reborn”, “Flutter of Butterflies, Born from Hands” y “Enso – Cold Light” se despliegan en las paredes de la sala de exhibición para envolver, en un ambiente de penumbra y música tranquila, la mirada fascinada del espectador. Todo cambia en el incesante vaivén del agua y las olas de un mar encrespado, pero pacífico.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.