Art Madrid'26 – CUANDO EL ARTE DIGITAL SE CONVIERTE EN UNA EXPERIENCIA INMERSIVA

El desarrollo actual del arte se mueve por derroteros cada vez más conectados con la tecnología y el lenguaje digital. Aunque en sus inicios, las obras virtuales habían sido en cierta medida relegadas a un segundo plano, por restarle importancia a la maestría de los autores que ejecutan sus piezas con sus propias manos; estas formas de expresión han seguido una evolución constante hasta posicionarse en un lugar propio, donde merecen el mismo respeto y admiración que las disciplinas tradicionales.

teamLab, “Black Waves: Lost, Immersed and Reborn”, 2019. Instalación digital, loop continuo. Sonido: Hideaki Takahashi. ©teamLab, cortesía de Pace Gallery.

Una de las principales diferencias que ofrecen las obras digitales es su capacidad para crear realidades paralelas de una forma inmersiva. Su poder trasciende el de la mera evocación, ya que superan la barrera mental del espectador, quien no tiene que imaginarse las cosas que se le sugieren, sino que se ve envuelto en ellas de una manera activa y directa. La conexión de estas piezas con la imagen en movimiento se entiende hoy como una salida natural… porque es precisamente el movimiento lo que las ramas tradicionales del arte no pueden plasmar.

En esta senda se despliega el trabajo de teamLab, un colectivo artístico integrado por numerosos profesionales de distintas especialidades, que unen su energía y conocimiento para crear impresionantes piezas digitales inmersivas. Su propio sistema de trabajo de asienta en la filosofía que quieren transmitir en sus obras. Se trata de poner en común el esfuerzo de todos, de buscar la complementariedad y el trabajo conjunto, para dar lugar a obras que fluyen, que buscan por sí mismas un equilibrio en los elementos, una armonía en la exteriorización de una idea sencilla y compleja al mismo tiempo.

teamLab, “Flutter of Butterflies Beyond Borders, Ephemeral Life born in Au-delà des limites”, 2018, instalación en La Villette, París. ©teamLab, cortesía de Pace Gallery.

Este grupo fundado en Tokyo en 2001 prefiere reforzar el trabajo colectivo y renunciar al concepto tradicional de autoría que se maneja en el arte para enfocar sus esfuerzos en la producción de obras. Sus piezas ya han sido expuestas en numerosas capitales del mundo y forman parte de importantes colecciones.

En su búsqueda por unir naturaleza, tecnología, ciencia y arte, el trabajo de teamLab explora las posibilidades de recreación digital de elementos naturales llevados a gran escala con el objetivo de involucrar al espectador en una experiencia que lo trascienda y lo lleve a otro lugar. Sus creaciones digitales son muchas veces interactivas y cambian en un constante movimiento cíclico que evoluciona en función de los elementos que intervengan en el entorno. El resultado es una vivencia artístico-digital que reacciona ante el visitante, en un diálogo no verbal que invita a reflexionar sobre nuestro impacto mediambiental, la interacción con los seres vivos y la necesidad de sentir una conexión vital con la naturaleza.

teamLab, “Enso - Cold Light”, 2018. Instalación digital, loop continuo. © teamLab, cortesía de Pace Gallery.

El Espacio Fundación Telefónica expone tres obras de este colectivo para ofrecer una experiencia inolvidable al visitante. “Black Waves: Lost, Immersed and Reborn”, “Flutter of Butterflies, Born from Hands” y “Enso – Cold Light” se despliegan en las paredes de la sala de exhibición para envolver, en un ambiente de penumbra y música tranquila, la mirada fascinada del espectador. Todo cambia en el incesante vaivén del agua y las olas de un mar encrespado, pero pacífico.

 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.