ARTE E INTELIGENCIA ARTIFICIAL: ¿CUÁL ES EL FUTURO DE LA CREACIÓN CONTEMPORÁNEA?

Desde que en agosto de 2018 se subastó por primera vez en Christie’s (y por un precio jamás pensado) una obra realizada por inteligencia artificial, las noticias en torno a esta vertiente tecnológica del arte no han hecho más que aumentar y los titulares acaparan las portadas de medios especializados en el sector.

Pierre Fautrel, del colectivo Obvious, “Edmond de Bellamy”, retrato creado con IA, 2018 (imagen de Christie's)

La principal dificultad que se plantea al respecto, y por la que muchos detractores de la aplicación de los avances tecnológicos al mundo del arte mantienen su crítica, es el cuestionamiento de la verdadera creatividad como una cualidad exclusivamente humana. Si bien las innovaciones y el uso de la tecnología en otros sectores se ve con buenos ojos, para ampliar las posibilidades de expansión, tecnificación e investigación, no sucede lo mismo en el mundo artístico. Admitir que una obra realizada mediante inteligencia artificial pueda competir en el mercado con otras piezas hechas por artistas pone en entredicho el propio concepto de arte y su apreciación intelectual y estética como una atribución genuinamente humana.

Mario Klingemann, "Memories of Passersby I", instalación de la obra subastada en Sotheby's (imagen de La Vanguardia)

No obstante, hay que aborda esta cuestión con la curiosidad de un investigador intrépido, dispuesto a romper moldes. Así, se desnuda a la creatividad de esa suerte de misticismo que la envuelve y se analiza como una cualidad que puede llegar a traducirse en algoritmos predictivos y pautas de simulación con un enfoque eminentemente científico. En este contexto empieza a hablarse de “creatividad computacional” para hacer referencia al estudio del comportamiento del software cuya actuación y resultados pueden considerarse creativos. Las posibilidades que se abren son casi infinitas y en los últimos tiempos el desarrollo de softwares de creatividad computacional ha crecido de manera exponencial.

Pero ¿qué es la creatividad? ¿Puede determinarse cuándo algo es creativo y cuándo no? Allá por los años 50 se extendió el método Turing ideado para analizar el valor de los objetos producidos por su software. Conforme a este método, si en un conjunto de objetos en el que se habían mezclado algunos hechos por ordenador y otros hechos por el hombre, no se podían distinguir unos de otros, entonces es que el software funcionaba correctamente. Este parámetro, en cambio, no puede aplicarse de la misma forma a la creatividad, porque la gente no valora tanto aquí el resultado obtenido sino el valor atribuido a una obra en función de si ha sido creada genuinamente por una persona o por un ordenador.

Jake Elwes, "CUSP", fotograma de película, 2019 (imagen de www.zabludowiczcollection.com)

Asimismo hay que tener en cuenta que incluso cuando hablamos de creatividad computacional, no se puede obviar la parte de intervención humana en la programación del software. La investigación y el conocimiento aplicado que llevan a escribir ese código son el resultado de un trabajo intelectual muy personal que implica también un análisis profundo de las fases del proceso que se trata de emular. Y aquí es donde reside una de las principales dificultades, porque ¿cómo y cuándo surge una idea creativa? Por ahora ha quedado claro que estos programas funcionan con una fase inicial de aprendizaje que se basa en la detección de patrones, como es común en la música o en la pintura. Luego, una vez aprendidos los patrones, los aplican a una obra de nueva creación. Pero la incógnita sigue siendo la misma: ¿qué sucede cuando no hay esos patrones? ¿cómo surgen las ideas y los pensamientos creativos en nuestra mente? Difícil solución.

Pero parece claro que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse y que deberemos lidiar con la multitud de cuestiones que se desprenden de esta nueva realidad: ¿quién es ahora el autor de la obra? ¿cómo se transmiten los derechos de propiedad intelectual, si los hay? y muchas otras incógnitas.

La asociación ADA de Derecho del Arte y la Fundación Telefónica han organizado un evento sobre “Arte e Inteligencia Artificial” donde, de la mano de expertos ponentes, se abrirá el debate en torno a los retos que las nuevas tegnologías plantea en el mercado del arte del siglo XXI. Jueves 5 de junio a las 19:00.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.