CUANDO EL ARTE NO NECESITA ESPACIO

El camino hacia lo virtual es un hecho. La entrada en el nuevo milenio ha supuesto un cambio en muchos de nuestros hábitos y gran parte de las novedades vienen de manos de la tecnología. No es necesario recordar que desarrollamos nuestro día a día con una ventana abierta a un mundo infinito, al que accedemos a través de nuestros teléfonos y ordenadores. Es lo más próximo que existe al don de la ubicuidad.

“Psychological Morphology “ de Roberto Matta© Matta, VEGAP, Madrid, 2019

Esta realidad también ha tenido su impacto en el arte. Las propuestas que apuestan por dar más visibilidad a los artistas y su obra a través de proyectos accesibles de manera virtual están solo en el comienzo de su andadura. Las posibilidades son cada vez mayores y la riqueza de las iniciativas también. La inversión tecnológica en el sector va en aumento y la exploración de la conexión con la esfera digital abre numerosas puertas al futuro. No son pocas las galerías que organizan visitas virtuales de sus exposiciones, las ferias se afanan por dejar registro del evento para que la gente pueda revivir la experiencia, y los propios artistas se adentran en este terreno para dar cabida a nuevas obras.

“La Belle Société “ de René Magritte© René Magritte, VEGAP, Madrid, 2019

En este contexto, muchos se plantean: ¿la experiencia de vivir el arte es posible en el mundo virtual? ¿qué otras sensaciones pueden surgir? Estas preguntas son el punto de partida del proyecto “Intangibles” que la Fundación Telefónica inaugura esta semana simultáneamente en sus sedes de Ciudad de México, Mar de Plata, Montevideo, Bogotá, Quito, Santiago de Chile, Lima y Madrid. La exposición se presenta como una iniciativa que quiere romper barreras físicas, superar las limitaciones que impone el espacio físico y abrir una ventana al arte digital y la tecnología, con obras de la propia colección de la fundación que podrán disfrutarse de manera simultánea en una experiencia compartida.

“La fenêtre aux collines”, Juan Gris, 1923 ©ColecciónTelefónica

Entre Joaquín Torres García, Roberto Matta, Juan Gris, René Magritte, Paul Delvaux, Eduardo Chillida, María Blanchard y Antoni Tàpies, la muestra reúne un conjunto de proyectos digitales pensados específicamente para cada una de las sedes y que emplean técnicas diversas, desde el VR, el diseño 3D o la fotogrametría, al videomapping o el pintado digital. El objetivo es indagar en el potencial de la experiencia artística digital para el espectador, así que no solo se ha innovado en la incorporación de estas técnicas, sino también en el estudio de las sensaciones y la percepción del visitante, con varias pruebas y test orientados a mejorar el proyecto.

Con esta propuesta, se pretende reflexionar sobre cómo se vive la experiencia de acercamiento al arte y qué nuevas posibilidades brinda la tecnología para el conocimiento, la visibilización y la difusión de la creación artística, superando barreras tradicionales como el espacio y el tiempo.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.