¿QUÉ TIENE EL ARTE QUE DECIR SOBRE EL DÍA DEL TRABAJO?

Nuestra vida está en gran medida marcada por el tiempo dedicado al trabajo. Gran parte de lo que somos y proyectamos a los demás viene determinado por nuestra profesión. El arte no es ajeno a este fenómeno, y de hecho algunos movimientos artísticos son en cierta medida deudores del influjo que los avances tecnológicos en el mundo laboral han establecido en los procesos de producción y en las grandes factorías. Como una suerte de segunda revolución industrial, la innovación de las pautas de producción y la modernización de la maquinaria, así como la especialización profesional, han generado una cultura del trabajo hoy casi indisociable de la idea de una sociedad avanzada y adaptada a los nuevos tiempos.

Fotograma de la película "Tiempos modernos", de Charles Chaplin

El impacto de estos cambios en los procesos de producción se hizo notar también en las artes. Es por todos conocida la parodia de la línea de montaje que Charles Chaplin realizó en su película “Tiempos modernos” (1936). Si bien el contexto de este largometraje se sitúa en la crisis surgida tras la Gran Depresión, las nefastas condiciones de trabajo del personal de las grandes factorías reflejadas en el film son extrapolables a cualquier otro lugar del mundo. Se plantea una paradoja entre la inclusión de la maquinaria que viene a sustituir la mano de obra humana y aliviarlos de los trabajos mecánicos, y una mayor exigencia para los trabajadores forzados a rendir cada vez más.

Fortunato Depero, 'Rascacielos y túneles' (Gratticieli e tunnel), 1930 (imagen de elpais.com)

Pero el arte también se ha hecho eco del efecto positivo de estos adelantos para el mundo laboral. El futurismo, movimiento artístico de principios del s. XX que precedió el cubismo y se expandió a nivel mundial, se basa esencialmente en la captura del movimiento, la velocidad, el dinamismo y el progeso. Por este motivo, muchas de las obras más representativas de esta corriente incluyen maquinaria y artificios tecnológicos que se asocian a la evolución de la sociedad y a la vertiginosidad con la que las cosas se suceden en los tiempos modernos. Los futuristas elaboraron también un manifiesto, difundido en 1909 por el artista italiano Filippo Tommaso Marinetti, donde se recogen algunas de sus ideas principales, siempre en torno al tratamiento de la velocidad y la belleza de la maquinaria como signo de una época marcada por los avances y la innovación.

Cartel soviético de los años 30. "Las juventudes comunistas, la brigada de emergencia del plan quinquenal" (imagen de magnet.xataka.com)

También es paradigmática la inclusión de referentes al mundo laboral en la cartelería propagandística soviética. Si bien el futurismo era un movimiento artístico libre iniciado en Italia, para la Unión Soviética la propaganda era una herramienta de difusión clave, que el régimen sabía utilizar hábilmente para expandir su mensaje y ganar adeptos. La comunicación de un discurso basado en el deber ciudadano de trabajar, en la dignificación del hombre con el esfuerzo, en los beneficios del compromiso colectivo y del sacrificio rural, dieron como resultado obras con numerosas escenas de trabajo que hoy configuran un estilo y una estética inconfundibles.

Antonio Berni, “Manifestación”, 1934 (imagen de prevenblog.com)

En la década de los años 30 otros artistas comenzaron también a retratar las penurias del trabajo y las demandas colectivas exigiendo mejores condiciones para los empleados. No olvidemos que la fecha elegida para conmemorar el día del trabajo, el 1 de mayo, es un homenage a los mártires de Chicago, sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados por instigar y participar en varias revueltas para reivindicar una jornada laboral de 8 horas, en 1886. Medio siglo más tarde, las demandas de los trabajadores seguían originando movimientos de protesta, reflejados por los artistas del momento.

Mural Diego Rivera – Detroit Institute of Arts

Paradójicamente, fue también en esta época cuando las empresas trataron de difundir una imagen diferente del esfuerzo colectivo, para dignificar el papel de la clase trabajadora en torno a la idea del New Deal. Este intento por hacer una llamada a la contribución social para recuperar la economía, sobre todo tras la devacle de la Gran Depresión, llevó a algunas compañías a financiar murales de motivación que representaban a empleados en las fábricas norteamericanas. Así sucedió con algunos encargos hechos a a Diego de Rivera para factorías de Ford en Detroit.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.