Art Madrid'26 – ARTE SOSTENIBLE PARA UN PLANETA EN EXTINCIÓN

El mundo está en alerta. Desde hace tiempo vivimos en una permanente paradoja, una situación de contraste que obedece a dos impulsos: el que nos conmina a hacer que nuestras economías sigan creciendo y el que nos advierte de que los excesos cometidos tendrán consecuencias. Lejos de centrarnos en buscar un equilibrio entre ambos, nuestra tendencia es la de alimentar una y otra fuerzas de forma independiente. Así, los dos cabos de esta cuerda, que es nuestro mundo, se tensan más y más hasta que, o bien ceda uno de los extremos, o bien se acabe rompiendo a la mitad.

Nick Sayers, “Coke bottles sphere”, 2010

La Cumbre por el clima que dio comienzo esta semana se ha planteado como un ultimatum al planeta. La responsabilidad de tomar medidas de urgencia para combatir el cambio climático y adquirir un verdadero compromiso con políticas efectivas pesa sobre nuestra conciencia como especie. Sin duda, se ha provocado más daño al medioambiente en el último siglo que en todo el resto de nuestra historia. Y con todo, parecemos incapaces de actuar en consecuencia, de mudar nuestros hábitos, nuestra demanda frenética, de cuidar el lugar en que vivimos.

Instalación de Maja Weiss en CIFF, con 17 toneladas de ropa usada

Para generar conciencia sobre esta problemática, los canales de comunicación se diversifican y los mensajes proceden de distintas fuentes. Muchos artistas han hecho de la responsabilidad ecológica su leit motiv. Con el impulso de hacer llegar su discurso lo más lejos posible y alcanzar al mayor número de personas, los autores se afanan por explorar nuevos lenguajes contemporáneos que causen un golpe de efecto y llamen la atención del espectador. El objetivo es claro: abrir los ojos ante una realidad que nos afecta de lleno y que requerirá del compromiso de todos para revertirse.

Vanessa Barragão, “Coral Garden”, 2019

Muchos creadores subrayan lo dramático de la situación al emplear materiales de desecho para realizar sus obras. La reutilización de elementos plásticos y otros objetos recuperados de playas, calles o parques pone de manifiesto la ingente cantidad de residuos que somos capaces de producir y la falta de responsabilidad al dejarlos abandonados en cualquier lugar. Estas acciones nos invitan a reflexionar sobre la espiral de consumo en la que vivimos y la brevedad de la vida útil de los objetos, que son rápidamente sustituidos por otros nuevos. La transitoriedad hacia lo “inservible” es cada vez más corta y todo se convierte en volátil y fútil en nuestra sociedad capitalista. Esto ha dado lugar al “Upcycled art”, un movimiento que da una segunda vida a los residuos y los transforma en obras de arte.

Esta etiqueta quedó acuñada desde 2002, en la obra “De la cuna a la cuna. Rediseñando la forma en que hacemos las cosas”, de William McDonough y Michael Braungart. Aunque la reutilización y la fusión de materiales no es nueva en el mundo del arte, sí lo es la intención con la que se realizan estas piezas, esencialmente volcadas en crear algo bello a partir de los desechos y en evidenciar los abusos de consumo de los que somos víctimas.

Olafur Eliasson, “Ice Watch”, 2018, foto: Matt Alexander/PA Wire

Otros autores trabajan con obras a gran escala que ponen el acento en el calentamiento global. El danés Olafur Eliasson creó en 2018 una instalación para la Tate Modern de Londres (luego replicada en otras ciudades), en donde dispuso enormes bloques de hielo que simulan los fragmentos gigantes que se desprenden paulatinamente de los glaciares y se van derritiendo en el mar. La obra se llamó “Ice Watch” (“Reloj de hielo”) y acabó, como era de esperar, convertida en un gran charco de agua. Este artista, al que el Museo Guggenheim dedicará una exposición monográfica en febrero, ha reflexionado sobre el imparable impacto que tiene esta subida de temperaturas, y se lamenta de la total desaparición del glaciar Ok, hasta hace poco situado al noreste de Reikiavik.

Francis Pérez, “Caretta Caretta Trapped”, 2017

Por su parte, un amplio número de fotógrafos, y muy en particular los especializados en reportajes de naturaleza, han sacado a la luz dramáticas imágenes en que las especies sufren la sobreabundancia de plásticos que contaminan sus ecosistemas. Según el informe de la ONU sobre el clima publicado en marzo de este año, la biodiversidad es una de las riquezas del planeta más amenazada, y se estima que existe un riesgo de extinción que afecta al 42% de los invertebrados terrestos y al 25% de los marinos. Por eso no es extraño que fotografías como esta sean cada vez más frecuentes y se hayan convertido para muchos autores sensibilizados con esta problemática en una vía de denuncia y concienciación.

Esperemos que las sociedades tomen medidas para parar y, en la medida de lo posible, revertir esta situación. Hay que indagar sobre nuevos modelos económicos que aprovechen los recursos con responsabilidad y no se basen exclusivamente en el crecimiento constante y la sobreproducción.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.