Art Madrid'26 – ARTE & PALABRA: CONVERSACIONES CON CARLOS DEL AMOR


Art Madrid presenta la sección de entrevistas conducidas por el periodista cultural Carlos del Amor. Con su cuidada manera de acercarse a los mundos infinitos de la creatividad, Carlos del Amor nos revela el universo artístico de diez creadores participantes en la 19ª edición de la feria. Con esta acción, Art Madrid expande y refuerza su interés por acercar el arte contemporáneo al público, esta vez en la voz de los artistas que nos estarán acompañando durante la cita más importante del arte contemporáneo español.


Las palabras y las formas se entrelazan en estas conversaciones sobre inspiración, poesía visual, compromiso artístico, historias imaginadas y el arte como vehículo para la construcción de una sociedad más fértil y humana. La singularidad de cada artista ha servido como inspiración para que Carlos del Amor construya diversas maneras de descubrir qué sucede en torno a la figura del artista y sus prácticas, en la vida cotidiana y también en el mercado artístico nacional.



Artistas invitados a la Sección de Entrevistas: Arte y Palabra. Por Carlos del Amor.



Artistas invitados. Sección de entrevistas. Art Madrid’24:

Manu Iranzo. CLC Arte; Nacho Zubelzu. Galería Metro; Carla Effa. Kleur Gallery; Richard García. Galería BAT; Francesca Poza. Galería Alba Cabrera; Alejandro Monge. 3 Punts; Suncityboy. Dr. Robot Gallery; Juan Miguel Quiñones García. Pigment Gallery; Evans Mbugua. OOA Gallery; Daniel Schweitzer. Shiras Gallery.

SOBRE LOS ARTISTAS

La obra de Manu Iranzo (Teruel, 1983) se mueve en ese plano inconcreto que bordea la frontera existente entre lo que creemos haber visto y lo visto realmente. Su impecable minuciosidad en el dibujo nos recuerda sus orígenes en el diseño, aunque como en la célebre adivinanza, no sabremos qué fue antes, si el dibujo o el diseño. Lo cierto es que en sus dibujos, la técnica del grafito va unida a una sensación de atemporalidad y de perdurabilidad como si quisiera guardarse para sí todos los momentos. Nacho Zubelzu (Reinosa, 1966) es un artista amante de la naturaleza, la vive y la filtra en toda su obra. Ese respeto y esa interacción con el entorno hacen de la obra de Zubelzu una obra sutil, profunda, virtuosa y emocional porque la tierra es emoción pero para emocionarte hay que vivirla. Él lo hace y nos contagia en ello. Carla Effa (Santiago de Chile, 1988) crea tomando como base de sus planteamientos la arquitectura. Arquitecta de formación, logra yuxtaponer conocimientos y que no lo parezca.La madera en diferentes planos, los colores vivos, el papel, el acrílico y la repetición provocan esa embriaguez que tiene algo de mágico cuando, por ejemplo, un trozo de la obra se esconde de repente y caprichosa vuelve a mostrarse, sorprendiendo al espectador en su propio juego de máscaras.

En la obra de Richard García (Madrid,1995) parece gestarse la selva de asfalto. El color y el paisaje reconocible pero indefinido produce capas de realidad en las que valdría la pena perdernos para luego encontrarnos, libres y despojados de la carga que las apariencias van generando. Su obra parece plagada de espejos, espejos que reflejan los infinitos detalles en los que podemos detenernos. Francesca Poza (Mataró, 1965) suma la palabra escrita al significado real o imaginado que tienen, entre sus muchas virtudes, los hilos con los que trabaja. Uno de los materiales más aparentemente frágiles que existe y sin embargo, la artista nos pone frente a la mesa una conjunción de hilos que puede llegar a ser indestructible. Es la victoria de la fragilidad frente a la fuerza bruta. Su obra es eso: poesía, literatura y el tiempo; creaciones de una bella originalidad tan sutiles como contundentes. Alejandro Monge (Zaragoza, 1988) piensa el futuro como un lugar lleno de interrogantes, sin embargo, no se muestra preocupado, más bien es optimista. Sus esculturas son muy realistas y sin embargo, tienen algo que las desconecta de lo que conocemos y las lleva a un terreno ajeno a lo habitual. Existen, pero no forman parte de este mundo, parecen llegadas de otro y parecen saber más que nosotros sobre lo que nos aguarda. Son las protagonistas de la crónica que ha dejado su tiempo a la posteridad. Suncityboy (Tver, Russia, 1984) se ha inventado un mundo habitado por personajes de cuento e iconos culturales y que, pese a la extrañeza inicial, provocan empatía y familiaridad al instante. Todos dejan de ser ellos para adentrarse en una nueva vida donde el humor, la ironía, la acidez, y una enorme dosis de energía renueva nuestra mirada sobre cosas, en teoría, muy vistas.



Juan Miguel Quiñones (Cádiz, 1979) es un artista autodidacta, esculpe en piedra esos recuerdos para que ni el aire ni la madurez puedan llevárselos. Trabaja y estudia con vehemencia los materiales con los que recrearlos y ayudado con esa ingenuidad a la que solo se puede llegar si dominas el lenguaje y la técnica, logra que todo el que se encuentra con sus creaciones emita un suspiro lleno de nostalgia. La obra de Evans Mbugua (Kenia, 1979) se compone de fragmentos de lo que ha ido viviendo y recolectando; de su vida completa en una maleta imaginada que ha sido capaz de trasladar el lienzo. Pasado y presente se conocen en sus festivas y coloridas composiciones, celebrando y recordando que la vida es un viaje en muchos sentidos, que el tiempo no es lineal y que para definir lo que seremos hay que tener muy presente lo que fuimos y al mismo tiempo no tener miedo a irnos construyendo un poco cada día. Daniel Schweitzer (Alemania, 1988) domina la geometría para controlar el vacío que nos rodea. Emplea las repeticiones como aspiración para alcanzar un infinito inalcanzable y es capaz de hacer que ese término cobre sentido y active nuestros mecanismos sensoriales. Los trabajos de Schweitzer alcanzan el infinito de un fractal perfecto, en las innumerables sensaciones que el ojo humano puede tener delante de una de sus esculturas.


Carlos del Amor.


SOBRE CARLOS DEL AMOR

(Murcia, 1974) Periodista, escritor, guionista y presentador. Con más de 20 años de carrera profesional, actualmente es Jefe Adjunto de Cultura de los informativos de RTVE y presentador del programa “La matemática del espejo”. Es Licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y diplomado en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Murcia.

Desde el inicio de su trayectoria profesional siempre ha estado vinculado al periodismo cultural. Imparte clases en diferentes universidades españolas y ha colaborado en numerosas publicaciones nacionales e internacionales. Ha sido merecedor del Premio del Festival de Televisión de Vitoria por su trayectoria. Sus reportajes han recibido reconocimientos en festivales como el de Cannes o el Londres de televisión. Recientemente ha sido galardonado con el Premio Ondas Nacional de Televisión en la categoría de Mejor Presentador. Es autor de los libros Retratarte. Cuando cada mirada es una historia (2022), Emocionarte. La doble vida de los cuadros (2020), Confabulación (2017), El año sin verano (2015) y La vida a veces (2013).

SOBRE SAFE CREATIVE


Arte y Palabra. Conversaciones con Carlos del Amor cuenta con la colaboración de Safe Creative.


Safe Creative se alía con los artistas en Internet para proteger sus derechos. Hoy, con las Inteligencias Artificiales Generativas y los NFT, los desafíos se multiplican y damos respuesta a creadores y artistas de todo tipo. Safe Creative ofrece un sistema en línea, cómodo y económico que permite a cualquier creador obtener las pruebas necesarias que le ayuden a demostrar sus derechos de autor, desde su casa, usando su ordenador y pudiendo registrar todas sus obras de forma instantánea.



Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.