Art Madrid'26 – ALEJANDRO MONGE: CRONISTA DE SU TIEMPO

Alejandro Monge. Cortesía del artista.

ARTE & PALABRA. CONVERSACIONES CON CARLOS DEL AMOR

Es difícil no detenerse ante las obras de Alejandro Monge (Zaragoza, 1988), pero más allá de la lícita curiosidad inicial, uno descubre personajes sobre los que nos hacemos preguntas: de dónde vienen, hacía dónde van, qué observan, qué escuchan, qué piensan. Hay pocas certezas y muchas cuestiones que resolver, quizá porque el futuro es para Monge un lugar lleno de interrogantes y por tanto de preocupaciones y quizá también , o sin quizá, porque es el único sitio hacía donde nos movemos de forma constante. Podemos no saber hacía dónde vamos pero siempre caminamos hacia el mañana y ese mañana es el territorio hacia el que avanzan sus esculturas.

Es curioso, podemos decir que sus creaciones son muy realistas y sin embargo, tienen algo que las desconecta de lo que conocemos y las lleva a un terreno ajeno a lo habitual. Existen, pero no forman parte de este mundo, parecen llegadas de otro y parecen saber más que nosotros sobre lo que nos aguarda. En algunas de sus últimos e hipnóticos trabajos, solo vemos rostros que emergen desde el fondo de un bloque de cemento, duro y frágil a la vez y esas criaturas parecen en un estado amniótico, plácidas, ajenas a ese futuro que probablemente les traicione en cuanto salgan del cascarón.

SHIBUYA. Hormigón, fibra de vidrio, resina y pigmentos. 2023.

Si tuvieras que definirte en una frase, ¿cómo te definirías?

Soy bastante inconformista, exigente en mi trabajo y me gustan mucho los retos. Técnicamente trabajo mucho para intentar sorprender y crear cosas nuevas que me sorprendan también a mí. Intento hablar sobre dos cosas principales: la destrucción como nueva forma de creación –algo a lo que le he dedicado mucho en mi carrera artística– y ahora estoy muy enfocado en mi generación. Es algo que me interesa cada día más. Busco representar a la generación que me ha tocado vivir, ser hijo de mi tiempo, y que algún día pueda verme como un cronista de mi época. A día de hoy, quizá es lo que más me motiva.

Hacia dónde van los personajes de tus obras. ¿Cuál es su futuro?

Estoy evolucionándolos cada día más. Sobre todo estos dos últimos años he estado creando unos personajes que quiero que representen mi generación. Por lo tanto, busco que tengan iconos clásicos de la época que me ha tocado vivir, combinados con otros elementos que no tienen por qué ser actuales. También quiero dar mayor contexto a mi obra y creo que el futuro va a ir por ahí. Voy a intentar hacer piezas grandes, muy grandes, con instalaciones que no solo representen un personaje, sino también lo que lo rodea. Y aunque esto es complejo porque técnicamente requiere de mucho trabajo, mucho sacrificio, medios técnicos, materiales… es la vía que voy a seguir. Vamos a ver cómo va.

BRKLN. Hormigón, fibra de vidrio, resina y pigmentos. 2023.

El futuro es un lugar ignoto y no sé si por eso, por irresponsabilidad, parece que nos preocupamos poco por él… ¿Tú obra refleja una preocupación por ese futuro, verdad?

Sí, realmente mi trabajo siempre habla sobre el futuro y la historia que dejamos, al final es una cronología. Desde niño siempre me interesó lo que estaba por pasar y actualmente es algo que estoy desarrollando cada día más. Sin embargo, yo no diría que me preocupa el futuro, aunque sí es cierto que creo que hay una cierta psicosis sobre que el futuro va a ser terrible, catastrófico, y que va a pasar de todo. Pero en realidad, mi visión es un poquito más optimista, ¿no?

Hay en la disciplina escultórica, o a mí me lo parece, una sensación de legado, de ese “dejar algo sobre piedra tallada”. Quizá las primeras esculturas no propiamente dichas fueron las pisadas esculpidas en suelos, la huella. ¿La huella está directamente relacionada con el futuro? ¿Saldremos bien parados de la huella que dejamos hoy?

Pienso que todas las generaciones han tenido sus luces y sombras, y en cada momento el ser humano ha pensado que era el peor de la historia, que iba a venir algo terrible, las siete plagas… No obstante, pienso que estamos más preparados que nunca para el futuro. ¿Que ejerzamos bien o mal? Bueno, algunas cosas las haremos mejor o peor, pero en mi trabajo yo no hablo de una preocupación por el futuro, sino de una inquietud, de una curiosidad. ¿Qué nos depara el futuro? ¿Cómo se va a ver nuestra sociedad? ¿Cómo se van a ver nuestras generaciones? Entonces, creo que lo bonito en el arte, o a lo que yo aspiro tratar en mi trabajo va más por cuestionarme: ¿qué huella dejamos en la historia?¿cómo se nos va a recordar en un futuro? Eso sí es algo que me interesa y es el objetivo en el que actualmente estoy más centrado, en poder aportar mi granito de arena y ser un cronista de mi tiempo al reflejar a mi generación.

THE BEGINNING. Hormigón, fibra de vidrio, resina y pigmentos. 2022.

¿Ojos abiertos u ojos cerrados? Paseando por tus obras comprobamos que muchas tienen los ojos abiertos, aunque no sé si abiertos significa que vean, y otras los tienen cerrados.

Hago obras tanto con ojos abiertos como con ojos cerrados, y aunque iba a decir que me gustan más unas que otras, creo que no, porque reflejan cosas diferentes. Cuando un personaje tiene los ojos cerrados es mucho más reflexivo, está en un mundo onírico, es más neutro, transmite más calma y paz. En escultura, representar los ojos abiertos es muy complejo porque el ojo es un cristalino, es algo que no se puede representar escultoricamente; como el fuego o como el humo, que no son elementos que puedas esculpir o modelar. Pero creo que esta forma de representarlos, unos ojos llenos que no tienen pupilas, es una forma de representación más moderna que como se hacía antiguamente, cuando se trepanaba el ojo y se generaba un puntito en la pupila. A mí eso, a día de hoy, no me interesa. Creo que es algo que hace que las esculturas sean muy hieráticas, algo fijo en el tiempo. Sin embargo, estos ojos que hago y que son ciertamente más personales, son un poco inquietantes, incluso hay gente a quien le da mal rollo porque dan una sensación como de que te traspasan con la mirada. Pero bueno, debido a que he hablado mucho más de los ojos abiertos que cerrados, quizá sí me gustan más.

LITTLE SHIBUYA. EDICIÓN 1/7. Resina y pigmentos. 2023.

En una feria el artista puede comprobar las reacciones del público, en tu caso tu obra llama mucho la atención, suele ser punto de encuentro. ¿Qué sientes al ver esas reacciones?

Bueno, las ferias son algo que a mí personalmente me encanta. Desde que fui hace años por primera vez a Art Madrid siempre me ha encantado ir a todas las ferias. Me gusta estar. Cuando hay una feria, sea donde sea de España o del mundo, yo me voy allí y disfruto un montón, porque te permite conocer. Tanto conocer más a la galería que te representa como poder relacionarte con otros artistas, artistas nuevos que no conocías, artistas que ya son amigos de hace diez o doce años, pero sobre todo, te permite ver cómo interactúa el público con tu obra. Eso es algo que me interesa mucho, porque un artista pasa mucho tiempo en su estudio, encerrado, y casi no tiene “feedback". Pero cuando llegas a una feria y ves todo ese trabajo junto, es como la recompensa a tanto tiempo invertido. Llega el momento y, de repente, en una semana pasa todo, puedes ver cómo miles de personas pasan a ver tu obra. Y, bueno, a mí me gusta ponerme al lado a escuchar porque nadie sabe que soy el artista, entonces pongo la oreja y voy oyendo un poquito lo que dicen.

Yo creo que en una feria el interés de tu obra es, sobre todo, que no pase desapercibida, porque hay muchos estímulos, muchas obras que compiten entre sí y el público las ve rápido. Por eso yo siempre me centro en llevar piezas muy llamativas, que llamen mucho la atención. En general, a mí las ferias me gustan mucho y disfruto un montón allí donde hay, ya te digo, este año, por ejemplo, he estado en Kiev, en Corea, en Shanghái, he estado en Art Miami, he estado en Art Madrid y la verdad que me encanta. Allí donde haya una feria y haya una obra mía, intentaré estar siempre que pueda.

I.S. Hormigón, piedra, resina y pigmentos. 2023.

¿Te da más, artísticamente hablando, la escultura que la pintura? ¿O depende del momento vital?

¿Qué me da más, si la pintura o la escultura? Si soy sincero, me da más la escultura. Yo soy escultor. Realmente empecé con la pintura, pero estudié escultura. Es algo irónico, ¿no? Con la pintura fui 100% autodidacta, porque yo no estudié Bellas Artes sino que hice un grado superior de escultura donde los conocimientos escultóricos que dan tampoco son tremendos, sino más bien básicos, nada del otro mundo.

Aún así, siempre me ha inquietado más la escultura. Creo que porque tiene más posibilidades y vertientes. Al hacer una escultura puedes tirar por muchísimos lados, se pueden crear materiales y desarrollar procesos escultóricos propios. Usas un montón de técnicas, materiales y herramientas. Hay partes que son de diseño y partes que son de modelado, cada día haces una cosa diferente y también está menos explotado. Digamos que puedes ser mucho más innovador en ese sentido. A mí, por lo menos, es lo que más me gusta. Yo me aburro rápido y busco retos constantemente. Por eso, en la escultura pienso que hay un mayor reto técnico y también creativo, ya que te permite unas opciones, te diría, casi ilimitadas.

La pintura me encanta, y he pintado durante muchos años también. Además, hacía hiperrealismo, que es una técnica muy compleja, que técnicamente es muy sacrificada porque no da lugar al fallo –yo siempre digo que cuando haces realismo es muy difícil disimular que algo está mal, hay que hacer las cosas técnicamente muy correctas–. Pero también es cierto que el proceso de la pintura me aburre más porque me hace estar más quieto, más pausado. Es pintura, un lienzo... es algo más reflexivo, y yo quizás soy más dinámico y experimental. Es por eso, por lo que soy un escultor.

¿Hacia dónde crees que va tu arte?

Creo que mi trabajo artístico está desarrollándose, sobre todo recientemente, hacia las obras grandes. Siempre me ha gustado el gran formato, pero cada vez más. Todas las ideas y todos los proyectos nuevos que tengo para el año que viene, e incluso más a largo plazo, son proyectos de gran formato. Estoy orientado también hacia la instalación, que es algo que no he desarrollado lo suficiente y estoy decidido a ir a por ello. Quiero, técnicamente, hacer más complejas las piezas. Ya son bastante complejas, pero quiero ir un poco más allá, sobre todo en el tema de los materiales, y estoy intentando crear los míos propios. A veces es imposible, pero hay un cierto margen para poder generar materiales, que pueden ser cementos con aditivos o con pigmentos. También estoy intentando rescatar técnicas antiguas del siglo XVI que están muy perdidas, unas técnicas escultóricas que se hacían de marmoleados y que intento combinarlas con otras técnicas y materiales actuales que me están dando unos resultados diferentes, que es lo que busco. Yo quiero que el material sea la seña de identidad de mi trabajo, así como que la obra esté más contextualizada, que no sea un personaje solo sino generar un ambiente. Creo que ahí es por donde voy a ir, vamos a ver qué tal.





El arte contemporáneo ha dejado de ser un territorio exclusivo de élites para convertirse en un espacio cada vez más democrático y accesible. En el contexto de ferias como Art Madrid, que este año reúne a más de 200 artistas de cinco continentes, emerge una nueva generación de coleccionistas que desafía los códigos tradicionales del mercado del arte. Pero ¿cómo dar el salto de admirador a coleccionista? ¿Qué necesitas saber antes de adquirir tu primera obra?

La imagen del coleccionista de arte ha estado históricamente asociada a grandes fortunas, subastas millonarias y obras maestras inaccesibles. Sin embargo, esta percepción está cambiando radicalmente. El mercado del arte contemporáneo ofrece hoy una diversidad de propuestas que se adaptan a prácticamente cualquier presupuesto, desde obras de artistas emergentes hasta ediciones limitadas de creadores consagrados.



En Art Madrid, por ejemplo, conviven galerías que presentan desde jóvenes talentos hasta artistas con trayectorias consolidadas. Esta diversidad permite que un primer comprador pueda encontrar obras que le resulten de interés sin necesidad de disponer de un capital ilimitado. Lo importante no es cuánto inviertes, sino por qué lo haces y cómo esa obra dialoga con tu vida, tu espacio y tus inquietudes.

La experiencia en el ámbito del arte demuestra que una colección no se define únicamente por el valor monetario de las obras que la componen, sino por la coherencia y la fuerza del discurso que éstas construyen en conjunto. Entenderlo así libera al coleccionista que comienza de la presión por acertar desde una lógica de inversión, y lo invita a guiarse por su propio criterio estético y por la conexión emocional que establece con las piezas.



CÓMO EMPEZAR UNA COLECCIÓN

Define tu orientación: pasión versus inversión

Antes de adquirir tu primera obra, es fundamental preguntarte qué buscas en el coleccionismo. Existen dos aproximaciones principales que, aunque pueden coexistir, marcan caminos diferentes: El coleccionismo por pasión, consideramos que es aquel que se guía por la conexión emocional, el placer estético y el deseo de vivir rodeado de obras que te interpelen. Este enfoque es más intuitivo, personal y, paradójicamente, suele resultar también más acertado en términos económicos a largo plazo, porque responde a convicciones genuinas.

El coleccionismo como inversión por su parte, entendemos que requiere un conocimiento más técnico del mercado, seguimiento de tendencias, comprensión de la trayectoria de artistas y galerías, y una visión estratégica. Aunque el arte ha demostrado ser una inversión alternativa interesante, especialmente en contextos de incertidumbre económica, requiere paciencia y tolerancia al riesgo.

La mayoría de coleccionistas exitosos combinan ambas dimensiones. Compran lo que les emociona, pero también desarrollan un ojo crítico para identificar propuestas con potencial de revalorización. Lo importante es no dejarse llevar únicamente por el oportunismo del mercado, porque el arte que no te conmueve, difícilmente mantendrá tu interés cuando las tendencias cambien.



EDÚCATE ANTES DE COMPRAR

El conocimiento es tu mejor herramienta. Antes de adquirir obras, dedica tiempo a:

Visitar exposiciones regularmente: No solo en galerías comerciales, sino también en museos, espacios independientes y centros de arte. Esto te ayudará a desarrollar tu propio criterio estético y a entender qué propuestas te resuenan realmente.

Investigar a los artistas: Investiga sobre su trayectoria, sus influencias, su proceso creativo. En la era digital, la mayoría de artistas tienen presencia en redes sociales donde comparten su trabajo diario, bocetos y reflexiones. Esta transparencia facilita una conexión más profunda con su práctica.

Conocer el mercado: Observa los precios en diferentes galerías, entiende qué factores influyen en esa valoración, entre ellos los más comunes suelen ser: la trayectoria del artista, la técnica y dimensiones de la obra; si la pieza que te interesa es una edición limitada o si es una pieza única, etc … y familiarízate con el funcionamiento de galerías y ferias de arte.

Conversar con galeristas: Los galeristas son tus aliados fundamentales. Su trabajo no consiste solo en vender, también en educar, conectar y construir relaciones duraderas. Un buen galerista te orientará hacia obras que se ajusten a tus intereses y te acompañará en el desarrollo de tu colección.



EVALUANDO UNA OBRA: MÁS ALLÁ DEL "ME GUSTA"

Cuando una obra captura tu atención, es importante ir más allá de la primera impresión y hacerte algunas preguntas clave:

Coherencia en la trayectoria del artista

¿Esta obra forma parte de una investigación sostenida o es un experimento aislado? Los artistas con propuestas coherentes en el tiempo suelen tener mayor proyección. Observa si hay una evolución lógica en su trabajo, si participan en exposiciones, certámenes, si reciben reconocimientos o becas, si están representados por galerías...

Esto no significa que debas rechazar el trabajo de artistas muy jóvenes o en fases experimentales. De hecho, algunos de los mayores aciertos del coleccionismo provienen de apostar tempranamente por talentos emergentes. Pero sí conviene que esa apuesta esté fundamentada en una intuición informada, no en la mera novedad.

Calidad técnica y conceptual

El arte contemporáneo ha expandido enormemente las fronteras de lo que consideramos "técnica", incorporando desde la instalación hasta el arte digital. Sin embargo, cada disciplina tiene sus propios estándares de excelencia. Una pintura debe demostrar dominio del color, la composición y la materia; una escultura, comprensión del espacio y los materiales; una fotografía, control de la luz y el encuadre; una obra conceptual, rigor en el desarrollo de la idea.

Más allá de la técnica, pregúntate: ¿qué está diciendo esta obra? ¿Aporta una mirada original sobre algo que me interesa? ¿Hay profundidad conceptual o es puramente decorativa? No hay respuestas absolutamente correctas a estas preguntas, pero plantearlas te ayudará a tomar decisiones más conscientes.

Adecuación al espacio

Una consideración práctica pero fundamental: ¿dónde vivirá esta obra? El arte necesita espacio para respirar, luz adecuada, un contexto que lo potencie. Una obra monumental puede resultar asfixiante en un apartamento pequeño, mientras que una pieza intimista puede perderse en un espacio amplio. Muchas galerías ofrecen servicios de visualización virtual o incluso préstamos temporales para que puedas probar la obra en tu espacio antes de comprometerte.



Aspectos prácticos del coleccionismo

Cuando adquieres una obra, debes recibir:

Certificado de autenticidad: Documento firmado por el artista y/o la galería que acredita la autoría de la pieza, sus dimensiones, técnica, año de creación y, en caso de ediciones, el número dentro de la tirada.

Factura: Además de ser obligatoria legalmente, es fundamental para acreditar la propiedad de la obra y su valor de adquisición, especialmente relevante para seguros y, eventualmente, reventa.

Información sobre conservación: Cada técnica y material requiere cuidados específicos. Pregunta cómo debe conservarse la obra respecto a condiciones de luz, humedad, temperatura y si necesita mantenimiento periódico.

Aunque tu colección esté comenzando, es recomendable contratar un seguro específico para obras de arte. La mayoría de seguros de hogar no cubren adecuadamente este tipo de bienes. Existen pólizas especializadas que protegen contra robo, daños accidentales, incendio y otros siniestros, con primas razonables para colecciones modestas.

Además del seguro, considera aspectos básicos de conservación: Evita colgar obras en zonas de humedad excesiva, luz solar directa o cambios bruscos de temperatura. Para obras en papel - fotografías, grabados, dibujos-, el enmarcado con cristal anti-UV y paspartú libre de ácido es fundamental.



Asesoramiento legal y fiscal

En España, las obras de arte tienen un tratamiento fiscal específico. El IVA aplicable es del 21%, aunque existen exenciones para determinados casos. Si tu colección crece y decides eventualmente vender piezas, deberás considerar las implicaciones fiscales de las plusvalías. Para colecciones de mayor envergadura, puede ser útil consultar con asesores especializados en patrimonio artístico, que pueden orientarte sobre beneficios fiscales como por ejemplo las donaciones a museos, comodatos, cesión y estructuras de protección del patrimonio.



Construyendo relaciones en el ecosistema del arte

El coleccionismo no es una actividad solitaria, sino profundamente social. Te compartimos algunos consejos para integrarte en el ecosistema del arte contemporánei:

Asiste a inauguraciones y eventos: Las aperturas de exposición son oportunidades para conocer a artistas, otros coleccionistas, críticos y comisarios. No tengas miedo de hacer preguntas o expresar tu interés genuino.

Únete a asociaciones de coleccionistas: Muchas ciudades cuentan con grupos organizados que realizan visitas a estudios, charlas con expertos y viajes a ferias internacionales. Estos espacios facilitan el aprendizaje y la construcción de redes.

Sé fiel a tus galerías: Si una galería te ha asesorado bien y te sientes cómodo con su línea de trabajo, mantén la relación a largo plazo. Los galeristas tienden a reservar las mejores piezas u oportunidades para sus coleccionistas habituales.



El valor más allá del precio

Finalmente, es importante recordar que el verdadero valor del coleccionismo trasciende lo económico. Vivir con arte transforma los espacios cotidianos en lugares de reflexión y belleza. Una obra en tu pared es un recordatorio diario de una emoción, una idea, una visión del mundo que en algún momento te conmovió lo suficiente como para querer convivir con ella.

El coleccionismo también es una forma de participar activamente en el ecosistema cultural. Cuando compras la obra de un artista emergente, estás contribuyendo a que pueda seguir creando. Cuando apoyas a una galería independiente, estás ayudando a sostener espacios de experimentación. Cuando prestas tus obras para una exposición o las donas eventualmente a una institución pública, estás contribuyendo al patrimonio colectivo.



En ferias como Art Madrid, donde conviven propuestas de diferentes generaciones, geografías y lenguajes artísticos, tienes la oportunidad de explorar, comparar y descubrir. No hay prisa. El coleccionismo es un viaje de largo recorrido donde cada adquisición es un capítulo de una historia personal que estás construyendo. La clave está en comenzar con curiosidad, humildad y la certeza de que el arte, más que un lujo, se convierte en una necesidad activa, capaz de incidir de manera real y duradera en la forma en que vivimos y nos relacionamos.