Art Madrid'26 – ARTIVISMO. LA REIVINDICACIÓN DESDE EL ARTE

El arte tiene la capacidad de conmover y conectar. Tiene la capacidad de despertar, de accionar y levantar pensamientos e ideas.

El artivismo se define como una hibridación entre el arte y el activismo. Arte reivindicativo y de resistencia. Visibilidad, durabilidad y riesgo son los rasgos específicos de una intervención que conlleva un claro mensaje sociopolítico. El arte se convierte en un medio de comunicación enfocado al cambio y a la transformación, un lenguaje que se desplaza desde la creación artística académica o museística hacia los espacios sociales convirtiéndose en una herramienta educativa.

Ángela Lergo

Desde el fondo de un espejo. Narciso, 2019

Piedra con resina y pigmentos naturales, cera y metacrilato

42 x 16cm

El arte es un motor que puede generar colectividad en espacios individuales, y llevar la resistencia los lugares de presión. El artivismo desarrolla un lenguaje de libertad y autonomía que se mueve fuera de las normas culturales fijas, de los cánones académicos, de la estética y de la tendencia mayoritaria. Se trata de una intervención sin límites de acción, donde se desdibujan las líneas conceptuales de los espacios.

Podríamos ubicar los orígenes del artivismo en las vanguardias artísticas del siglo XX: dadaísmo, futurismo y surrealismo. El desarrollo de la perfomance, videoarte o arte conceptual a lo largo del siglo pasado son elementos esenciales que provocan la desmaterialización del objeto artístico, como desarrolla Valdevieso en su artículo “La apropiación simbólica del espacio público a través del artivismo”.

Carlos Tárdez

San Sebastián, 2018

Resina policromada y dardo

9 x 5cm

El arte conceptual de los años 50 aporta un rasgo clave en el desarrollo del artivismo: confrontar y cuestionar la idea de producir obras de arte tradicionales, donde el resultado final no es tan importante como el proceso en sí mismo. Los artistas conceptuales generan obras que no se pueden clasificar de acuerdo a las tradiciones artísticas, reflejando con frecuencia su desencuentro político y social.

A esto se suma los movimientos sociales de finales del siglo pasado adyacentes a la antiglobalización que siguen desarrollándose en el siglo XXI a través de la generación de nuevos códigos visuales e intervencionistas en el espacio público. En su mayoría esta activación político-social ha desarrollado su expresión artística a través del graffiti y arte urbano, siendo ambos entornos la base fundacional de las múltiples formas que podemos encontrar hoy día dentro del concepto global de artivismo. Art Madrid tiene la suerte de reunir un amplio abanico de artistas de nueva generación que de forma natural siente una inclinación hacia los nuevos discursos contemporáneos, en donde las preocupaciones sustanciadas en el artivismo encuentran diversos cauces de expresión y representación creativa.

Gerard Mas

Sarcofag, 2019

Madera policromada

168 x 45cm

El artivismo toma forma a través de los colectivos, asociaciones y artistas que suman su creatividad rebelde e inconformista a la lucha. Paredes, muros provisorios, fachadas, monumentos, estatuas, se llenan de color convirtiendo el paisaje urbano en un verdadero museo de obras de arte que responden a las necesidades de una sociedad que expresa su disconformidad ante un amplio espectro de desigualdades e injusticias que atraviesan la columna vertebral de la estructura social.

Mário Macilau

A candle man, 2019

Pigmento, tinta

80 x 120cm

Alrededor del imaginario colectivo que compone el paradigma del artivismo encontramos expresiones y creaciones artísticas que comparten y conllevan un discurso subversivo y de confrontación a pesar de no tratarse de lo que englobaríamos estrictamente en el artivismo.

Así ocurre con la línea sobre la que se desarrolla este año el programa One Project. Bajo el título de “Salvajes”, en palabras de su comisario, Fernando Gómez de la Cuesta, los artistas seleccionados “pintan y esculpen con esfuerzo como una forma de resistencia y lo hacen en una época epidérmica, superflua y vertiginosa, donde apenas nadie se para a nada. Una fieras que crean desde la expresividad, la pulsión o la iconoclastia, desde una perspectiva pasional y vehemente, visceral, desacralizadora o irreverente”.

PichiAvo

Orphical Hymn III to Nike, 2019

Técnica mixta sobre tela

120 x 90cm

Artistas como el dúo PichiAvo profundizan sobre unas formas de hacer que tienen que ver con la ruptura que comienza en el inabarcable acervo de imágenes y conceptos preexistentes. Una tarea que llevan a cabo a partir de un arte clásico que ellos intervienen, giran, fusionan, integran, repelen y conectan con el arte urbano y sus códigos de creación.

También podemos ver el protagonismo del espacio público como elemento esencial del mensaje en la obra de Julio Anaya. Su obra nace, en la mayoría de ocasiones, para dejar de existir, ya que se trata de una obra en continuo tránsito, en eterno retorno, en desarrollo, en una permanente reubicación que provoca nuevas interpretaciones y que transforma los espacios.

Julio Anaya

Ohannes Vermeer - Muchacha con sombrero rojo, 2918

Acrílico sobre cartón

51 x 36cm

En la transgresión y la crítica podemos inscribir la obra de Andrés Planas que sin responder a ningún atisbo de corrección política, construye un mensaje sarcástico sobre la fuerte manipulación de los poderes fácticos en las sociedades actuales.

Art Madrid desarrolla así una parte no tan habitual del mercado del arte, dando espacio a discursos y creaciones que se alejan de los límites y reglas artísticas legitimadas.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.