ARTIVISMO. LA REIVINDICACIÓN DESDE EL ARTE

El arte tiene la capacidad de conmover y conectar. Tiene la capacidad de despertar, de accionar y levantar pensamientos e ideas.

El artivismo se define como una hibridación entre el arte y el activismo. Arte reivindicativo y de resistencia. Visibilidad, durabilidad y riesgo son los rasgos específicos de una intervención que conlleva un claro mensaje sociopolítico. El arte se convierte en un medio de comunicación enfocado al cambio y a la transformación, un lenguaje que se desplaza desde la creación artística académica o museística hacia los espacios sociales convirtiéndose en una herramienta educativa.

Ángela Lergo

Desde el fondo de un espejo. Narciso, 2019

Piedra con resina y pigmentos naturales, cera y metacrilato

42 x 16cm

El arte es un motor que puede generar colectividad en espacios individuales, y llevar la resistencia los lugares de presión. El artivismo desarrolla un lenguaje de libertad y autonomía que se mueve fuera de las normas culturales fijas, de los cánones académicos, de la estética y de la tendencia mayoritaria. Se trata de una intervención sin límites de acción, donde se desdibujan las líneas conceptuales de los espacios.

Podríamos ubicar los orígenes del artivismo en las vanguardias artísticas del siglo XX: dadaísmo, futurismo y surrealismo. El desarrollo de la perfomance, videoarte o arte conceptual a lo largo del siglo pasado son elementos esenciales que provocan la desmaterialización del objeto artístico, como desarrolla Valdevieso en su artículo “La apropiación simbólica del espacio público a través del artivismo”.

Carlos Tárdez

San Sebastián, 2018

Resina policromada y dardo

9 x 5cm

El arte conceptual de los años 50 aporta un rasgo clave en el desarrollo del artivismo: confrontar y cuestionar la idea de producir obras de arte tradicionales, donde el resultado final no es tan importante como el proceso en sí mismo. Los artistas conceptuales generan obras que no se pueden clasificar de acuerdo a las tradiciones artísticas, reflejando con frecuencia su desencuentro político y social.

A esto se suma los movimientos sociales de finales del siglo pasado adyacentes a la antiglobalización que siguen desarrollándose en el siglo XXI a través de la generación de nuevos códigos visuales e intervencionistas en el espacio público. En su mayoría esta activación político-social ha desarrollado su expresión artística a través del graffiti y arte urbano, siendo ambos entornos la base fundacional de las múltiples formas que podemos encontrar hoy día dentro del concepto global de artivismo. Art Madrid tiene la suerte de reunir un amplio abanico de artistas de nueva generación que de forma natural siente una inclinación hacia los nuevos discursos contemporáneos, en donde las preocupaciones sustanciadas en el artivismo encuentran diversos cauces de expresión y representación creativa.

Gerard Mas

Sarcofag, 2019

Madera policromada

168 x 45cm

El artivismo toma forma a través de los colectivos, asociaciones y artistas que suman su creatividad rebelde e inconformista a la lucha. Paredes, muros provisorios, fachadas, monumentos, estatuas, se llenan de color convirtiendo el paisaje urbano en un verdadero museo de obras de arte que responden a las necesidades de una sociedad que expresa su disconformidad ante un amplio espectro de desigualdades e injusticias que atraviesan la columna vertebral de la estructura social.

Mário Macilau

A candle man, 2019

Pigmento, tinta

80 x 120cm

Alrededor del imaginario colectivo que compone el paradigma del artivismo encontramos expresiones y creaciones artísticas que comparten y conllevan un discurso subversivo y de confrontación a pesar de no tratarse de lo que englobaríamos estrictamente en el artivismo.

Así ocurre con la línea sobre la que se desarrolla este año el programa One Project. Bajo el título de “Salvajes”, en palabras de su comisario, Fernando Gómez de la Cuesta, los artistas seleccionados “pintan y esculpen con esfuerzo como una forma de resistencia y lo hacen en una época epidérmica, superflua y vertiginosa, donde apenas nadie se para a nada. Una fieras que crean desde la expresividad, la pulsión o la iconoclastia, desde una perspectiva pasional y vehemente, visceral, desacralizadora o irreverente”.

PichiAvo

Orphical Hymn III to Nike, 2019

Técnica mixta sobre tela

120 x 90cm

Artistas como el dúo PichiAvo profundizan sobre unas formas de hacer que tienen que ver con la ruptura que comienza en el inabarcable acervo de imágenes y conceptos preexistentes. Una tarea que llevan a cabo a partir de un arte clásico que ellos intervienen, giran, fusionan, integran, repelen y conectan con el arte urbano y sus códigos de creación.

También podemos ver el protagonismo del espacio público como elemento esencial del mensaje en la obra de Julio Anaya. Su obra nace, en la mayoría de ocasiones, para dejar de existir, ya que se trata de una obra en continuo tránsito, en eterno retorno, en desarrollo, en una permanente reubicación que provoca nuevas interpretaciones y que transforma los espacios.

Julio Anaya

Ohannes Vermeer - Muchacha con sombrero rojo, 2918

Acrílico sobre cartón

51 x 36cm

En la transgresión y la crítica podemos inscribir la obra de Andrés Planas que sin responder a ningún atisbo de corrección política, construye un mensaje sarcástico sobre la fuerte manipulación de los poderes fácticos en las sociedades actuales.

Art Madrid desarrolla así una parte no tan habitual del mercado del arte, dando espacio a discursos y creaciones que se alejan de los límites y reglas artísticas legitimadas.

 

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.