CINE Y ARTE DIALOGAN EN CAIXAFORUM MADRID

 

 

Vista de la exposición “Arte y cine. 120 años de intercambio”

 

 

La exposición parte de los fondos de la Cinémathèque française, y presenta una selección de obras de la Colección de Arte Contemporáneo de “La Caixa”, además de piezas representativas de otras colecciones, galerías e instituciones españolas y francesas como el Musée d’Orsay, el Centre Georges Pompidou, el Museo Thyssen-Bornemisza, el MACBA y la Fundación Gala-Salvador Dalí. Un trabajo de análisis e investigación compuesto por 359 piezas distribuidas en 9 salas, que parte del impresionismo y que termina en la época actual, donde los avances digitales han sido clave.

 

 

Anton Giulio Bragaglia. “Thaïs / Perfido incanto”, 1917. Fotograma Fondazione Cinetaca Italiana, Milano 

 

 

Uno de los objetivos principales de la muestra es manifestar la clara relación entre el cine y las demás disciplinas artísticas. Otro objetivo importante y nada fácil, es demostrar que el cine puede ser expuesto. Como apunta Dominique Païni, comisario de la muestra: “es una exposición de antropología cultural que muestra un juego de relaciones y asociaciones llenas de matices, que pretenden modificar el punto de vista de películas, de obras de arte muy presentes en la memoria visual colectiva”. 

 

 

Fotograma de “Tiempos modernos” de Chaplin (1936), en la exposición “Arte y cine. 120 años de intercambios” 

 

 

Entre los nombres de artistas que podemos encontrar en la exposición destacan: Chagall, Dalí, Duchamp, Max Ernst, Yves Klein, Fernand Léger, Roy Lichtenstein, Monet, Francis Picabia, Picasso, Ródchenko o Andy Warhol. Entre los cineastas más conocidos representados en la muestra, podemos ver nombres como Buñuel, Chaplin, Cocteau, Eisenstein, Godard, Hitchcock, Fritz Lang, David Lynch o los hermanos Lumière, entre otros.

 

 

Marcel Duchamp. Rotorelief. 1936. La Cinémathèque française. © Estate of Marcel Duchamp/VEGAP 2016

 

 

Pero también aparece algún nombre del cine contemporáneo, como el del artista Tadzio, con su pieza “Sarcófago”, una instalación que guarda en su interior un DVD con 80 de sus películas favoritas. Con esta pieza, el artista plantea un homenaje del cine a la pintura y también el “funeral de algo predestinado a desaparecer”, anunciando “el olvido en el que caerán tantas obras maestras”. La exposición se complementa con un programa de actividades con visitas comentadas, un ciclo de cine y arte impartido por el crítico Àlex Gorina y una serie de conferencias sobre el séptimo arte.

 

 

Uno de los propósitos del programa “Art Madrid-Proyector’20” fue ofrecer actividades en las que conocer la obra de algunos creadores invitados, y, a través de una charla interactiva, permitir al público abrir un diálogo directo con ellos. Por esta razón, del 12 al 14 de febrero, se organizaron en Medialab Prado tres clases magistrales con Patxi Araújo, Olga Diego y Lois Patiño, todos ellos autores que trabajan con la imagen en movimiento, pero que abordan sus proyectos desde una óptica diametralmente opuesta. Con esta agenda, pudimos tratar tres líneas esenciales de la videocreación actual: la fusión con la tecnología y la inteligencia artificial, la plasmación de performances con finalidades documentales y el videoarte con tintes fílmicos. Ya tuvimos ocasión de recordar la sesión con Patxi Araújo y su obra site specific “Sherezade” creada para la fachada de Medialab Prado. Hoy hablaremos del encuentro que tuvimos con Olga Diego y Lois Patiño.

Olga diego, foto de Javier Adiego

La clase magistral de Olga Diego se tituló “El vuelo como materia creativa”. Olga es una artista multidisciplinar que en los últimos años ha centrado su trabajo en la escultura y la performance o el arte de acción, que luego documenta con fotografía y vídeo. Este último aspecto es uno de los que más interés despierta para ella al reflexionar sobre cómo se produce la transformación de la pieza de un formato experiencial a uno grabado, y cómo los individuos nos hemos acostumbrado a consumir esta clase de productos finales, menos invasivos y desde un espacio de confort que nos proporcionan la intimidad de nuestros dispositivos.

Una de las principales líneas de investigación de Olga se relaciona con los sistemas de vuelo autónomo y la creación de artefactos capaces de elevarse sin apenas energía. ¿Se puede crear un material más ligero que el propio aire? Esta idea la ha llevado a experimentar con numerosas formas y conceptos científicos, a la vez que hacía un recorrido histórico por los inicios del vuelo y los progresos de la humanidad para inventar aparatos capaces de volar. No se trata solo de recuperar la historia de la aviación, algo que tiene una vertiente mucho más tecnológica y mercantilista, sino de indagar en las ideas, experimentos y pruebas que trataban de analizar el comportamiento del aire, las dinámicas de flujos y el diseño de estructuras aerodinámicas individuales, una inquietud que el ser humano puso de manifiesto desde el Renacimiento, con Leonardo Da Vinci.

Olga Diego, foto de Mario Gutiérrez Cru

Olga recupera muchos de estos conceptos y los aplica a sus proyectos recientes. En sus últimas propuestas ha trabajado también con figuras hinchables, como una alternativa al vuelo dirigido, empleando materiales plásticos para su construcción. Su última exposición “El jardín autómata”, que pudo disfrutarse en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante y la Sala de Exposiciones Lonja del Pescado, también en Alicante, es una gigantesca instalación formada por casi un centenar de esculturas inflable-electrónicas inspiradas en los hermosos, extravagantes y sugerentes personajes del Jardín de las Delicias, del Bosco. Esta nube de figuras humanoides y zoomorfas, que se mueven y laten gracias a los mecanismos electrónicos que los mantienen permanentemente inflados, retrata también los excesos del hombre, su falta de preocupación por la invasión del entorno, la sobreexposición al plástico y la explotación de los recursos naturales. Una composición que se fija en “el pecado”, como mensaje indirecto que se extraía, también, en la obra del Bosco.

Clase magistral de Lois Patiño. Foto de Marta Suárez-Mansilla

Por su parte, la trayectoria de Lois Patiño está íntimamente conectada al trabajo cinematográfico. Su clase magistral se tituló “Tiempo e imagen”. Sus piezas de vídeo, sean breves o largometrajes, encierran una preocupación muy ligada al lenguaje fílmico, pero en una senda que deja al margen las narrativas convencionales. Dentro de los motivos principales que ocupan su obra, Lois se decanta por estéticas más contemplativas, donde se prioriza el poder expresivo de la imagen en sí misma, sin buscar demasiados efectos añadidos en el cine convencional a través de efectos de sonido, diálogos u otros artificios.





Por eso, el trabajo de Lois resulta tan poético y lírico. Sus propuestas incorporan innovaciones tecnológicas para provocar efectos muy concretos en sus trabajos, pero todo ello ayuda a ahondar en los temas que preocupan a este creador y que, desde sus inicios, están presentes en su obra.

Lois Patiño, foto de Mario Gutiérrez Cru

Lois Patiño se ha interesado siempre por la relación del individuo con el paisaje y por cómo éste puede modular nuestra forma de comportarnos en sociedad y determinar nuestra idiosincrasia. ¿Hasta qué punto somos dependientes de nuestro entorno? ¿Cómo la cultura se define por la conexión con el paisaje? Estas y otras preguntas plagan la obra del autor en la que abundan muchas imágenes contemplativas.

Además, Lois nos presentó en primicia el trailer de su último largometraje “Lúa vermella” que a los pocos días de la clase magistral fue a presentar oficialmente a la Berlinale - International Film Festival de Berlín de 2020.