Art Madrid'26 – CLAVES PARA QUE LOS JÓVENES SE INICIEN EN EL COLECCIONISMO DE ARTE

El arte tiene un valor propio en cada área o atributo que conforman su significado completo: tiene valor cultural, valor estético, valor histórico, valor personal, valor emocional y valor económico.

El coleccionismo de arte es una práctica poliédrica que engloba todos estos atributos en su praxis final. A pesar del valor económico que tiene el arte por sí mismo, dependiendo de elementos fijos y conocidos, también depende de valores subjetivos y efímeros, de las sensaciones que le transmiten al comprador, de la mirada que se deposita sobre una pieza y del vínculo que se establece con este. En analogía, podríamos decir, que la adquisición de una obra de arte es el inicio de una relación comprometida que ocupa un espacio, un tiempo y una emoción habitando con su existencia un lugar concreto.

Miguel Vallinas

Suppe n 29, 2019

Fotografía

70 x 70cm

Según Claude Lévi-Strauss “este deseo ávido y ambicioso de tomar posesión del objeto en beneficio del propietario, o incluso del espectador, constituye uno de los rasgos más originales del arte de la civilización occidental” (Mitológicas, 1971). Esta idea que plantea el antropólogo francés nos hace reflexionar acerca de la propiedad en el arte, de cómo mira los objetos el sujeto contemporáneo y cómo ese impulso de propiedad también viene desarrollado a partir del capitalismo. Esta ostentación por la propiedad se remonta especialmente al Renacimiento cuando las imágenes artísticas no eran solo instrumento de conocimiento sino también de posesión, riqueza y propaganda política. A día de hoy sigue siendo una escena contemporánea, el coleccionismo de arte tiene un claro valor económico que se desarrolla en la inversión y en la apropiación personal como indicativo de status social, pero pese a ello, no podemos olvidar, que existe y es muy relevante, el coleccionismo apasionado, una mirada entusiasta que se aleja de una materialización exclusivamente económica.

Carlos Tárdez

Fakir, 2018

Resina policromada y cuerda

10.5 x 9.5cm

Onay Rosquet

Tuesday, 2018

Óleo sobre lienzo

80 x 80cm

Distintos informes elaborados en los últimos años, como el realizado en 2017 por la Fundación La Caixa sobre El mercado español del arte, denotan como uno de los principales desafíos es encontrar nuevos coleccionistas. Según este mismo informe, el 40% de las compras en las galerías provenía de nuevos compradores. Iniciarse en el coleccionismo es una tarea compleja para la que es necesario activar desde los diversos agentes culturales una estrategia de impulso. Galerías, instituciones, ferias de arte o asesorías artísticas, resultan elementos claves para generar una red de iniciación al coleccionismo. Así mismo, no debemos olvidar que el mayor desafío se encuentra en crear la posibilidad real de incluir a los más jóvenes en esta práctica.

Uno de los nichos del mercado del arte más atractivos para el segmento joven es el arte urbano. Gracias a la proximidad cultural, a la cercanía callejera de la que parte este estilo y en muchos casos a la coetaneidad de los artistas, es fácil que puedan accionarse desde aquí las primeras adquisiciones artísticas. En Art Madrid contamos con artistas que se enclavan en este estilo, ya que consideramos que es inequívocamente necesario que el el arte urbano sea incluido en las ferias y exposiciones por su valor artístico intrínseco y por el efecto inclusivo en las generaciones más jóvenes.

Okuda San Miguel

Grey Skull, 2018

17 tintas estampadas a mano por inkvisibleprints sobre papel fabriano rosaespina 220gr

70 x 50cm

RLM

Sísifo, 2018

Cera y grafito sobre papel

21.5 x 31.5cm

El primer reto al que nos enfrentamos es el cambio de mentalidad. Deshacernos de ciertas premisas que han sido tan afianzadas socialmente sobre quiénes son los que pueden y deben ser coleccionistas. Desmontar la necesidad de la fortuna económica, la tradición familiar, el conocimiento especializado o la clase social. Es necesario cuestionar esta estructura tan asimilada, eliminar etiquetas para poder empezar a incluir otros grupos sociales que son potenciales coleccionistas de arte.

José María de Francisco y Luis Caballero, en el prólogo de su ejemplar texto Conversaciones con coleccionistas de arte contemporáneo (Madrid, 2018), definen el coleccionismo del arte contemporáneo como“un fenómeno en el que operan tres fuerzas procedentes de tres dominios ancestrales de deseos y necesidades humanas encarnadas en la mitología griega por las tres gracias hijas de Zeus: la belleza (Álgae), el hábito social (Eufrosine) y la riqueza material (Talia)”. Podemos extraer entonces, que es a partir de estas tres fuerzas desde donde debemos empezar a construir los pasos a seguir.

Guim Tió Zarraluki

Travesia, 2019

Óleo sobre lino

60 x 73cm

Aprender a ver, a mirar y a contemplar. Amar la belleza y ampliar nuestro conocimiento sobre él. Es posible educar el ojo a través de la práctica, desarrollando este hábito social con visitas a museos, galerías y ferias de arte. Así, es también muy útil hablar con artistas o expertos que nos puedan asesorar y guiar en el aprendizaje para poder establecer una visión propia de la belleza como deseo subjetivo pero afianzándolo en unas bases de conocimiento artístico. El hábito social forma parte de la tradición por la que muchas familias prosiguen colecciones heredadas o se inician en el coleccionismo gracias a las bases educativas que han recibido acostumbrados desde pequeños en ser visitantes habituales de espacios dedicados a la exposición artística. Pero como casi cualquier cosa, se puede entrenar y habituar si lo practicamos con cierta frecuencia partiendo del deseo de conocimiento y disfrute visual.

Mari Quiñonero

No.86, 2018

Pastel sobre papel

27 x 21cm

PichiAvo

Perseo, 2017

Técnica mixta sobre madera

120 x 120cm

Por último, la riqueza material es el factor más complejo al que nos enfrentamos. Podríamos establecer una larga reflexión acerca de ello, encontrando un sin fin de matices y de posturas contrarias a la posesión del objeto artístico. Pero asumiendo que partimos de la idea del coleccionista apasionado como referíamos anteriormente y partiendo de unos baremos económicos para poder accionar la compra, también debemos observar que no es necesaria una fortuna para empezar a adquirir algunas obras de arte. Empezar por artistas emergentes pero con reconocimiento internacional y conocer el mercado del arte de la manera más independiente sin dejarse llevar por las modas es imprescindible a la hora de detectar buenas oportunidades de compra.

Jorg Karg

Pont Neuf, 2020

Impresión digital

75 x 55cm

En los últimos años se han empezado a desarrollar programas de asesoramiento desde fundaciones, ferias y compañías especializadas para impulsar el ecosistema del arte contemporáneo. Compras a partir de 600 euros que establecen todo un programa de guía y acompañamiento para incluir a nuevas generaciones y estamentos sociales en el coleccionismo.

En Art Madrid contamos con una amplia gama de precios en las obras expuestas reafirmando así nuestro compromiso para atraer y hacer partícipe a un público diverso y afianzar el papel de Art Madrid como herramienta de vínculo y educación social.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.