Art Madrid'26 – CRISTINA GARCÍA RODERO Y LA TIERRA DE SUEÑOS

Obra de Cristina García Rodero “Tierra de sueños”

 

 

Cristina García Rodero, (Ciudad Real, 1949) es una fotógrafa española que comenzó su carrera a finales de los años 60, retratando tradiciones y culturas en sus inicios nacionales y posteriormente alrededor del mundo. Sus reportajes, se tiñen de una visión muy personal y humana que capta la esencia de aquellos a los que retrata. Fue la primera en entrar en la prestigiosa agencia Magnum y ha recibido un gran número de premios como el World Press Photo en 1993 o el Premio Nacional de Fotografía en 1996.

 

 

Obra de Cristina García Rodero “Tierra de sueños” 

 

 

La exposición nos revela el día a día de mujeres de todos los sectores y clases de Anantapur en el estado de Andhra Pradesh, una de las zonas más desfavorecidas de la india, donde conviven comunidades marginales. Con 80 fotografías de formato variado, Cristina quiere sensibilizar al público y dar visibilidad a las acciones de cooperación internacional que lleva a cabo la Fundación Vicente Ferrer en colaboración con la Obra Social “La Caixa”.

 

 

Vista de la exposición  

 

 

Una iniciativa narrada a través de imágenes que abordan la sensibilidad contemporánea y destacan el papel de aquellas personas que como la fotógrafa manchega muestra su particular visión de ver el mundo. Algunas de las fotografías muestran la cara más dura de la región, y de hecho, el inicio del proyecto no fue sencillo, como comenta la propia artista: “Cuando acepté el encargo pensé que sería fácil, pero cuando llegué a la ciudad vi que era horrible, los paisajes horrorosos y la luz espantosa, además no conseguía que la gente dejara de perseguirme por lo que pensé, cómo voy a hacer un buen trabajo”.

 

 


Obra de Cristina García Rodero “Tierra de sueños”

 

 

“Tierra de sueños” es el resultado de mes y medio de experiencias y vivencias que relatadas bajo la mirada atónita de la artista, han sabido captar la atención del observador. La sensación cálida y cercana que transmiten estas instantáneas hacen que estas madres, costureras, campesinas, profesoras y estudiantes adopten su papel protagonista en la transformación de las comunidades de Anantapur. Sus reuniones asamblearias muestran un activismo memorable que junto a una red solidaria sólida han hecho posibles centros de protección para mujeres maltratadas, entre otras cuestiones.

 

 

 Vista de la exposición

 

 

La exposición se puede visitar hasta el 28 de mayo. En torno a la muestra se desarrolla un taller educativo titulado: “Namasté. Una mirada a la India”, dirigido a estudiantes de ciclo medio y superior de primaria y ESO. Una iniciativa que ayuda a acercar a los más jóvenes a una realidad distinta a la que están familiarizados.

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.