Art Madrid'26 – CULTURA Y PRECARIEDAD

Parece que el sector cultural se resiste a abandonar su ya casi endémica precariedad. Desde que la crisis hizo acto de aparición hace ya una década, los coletazos se han seguido percibiendo, adoptando, eso sí, distintas formas y produciendo consecuencias de muy diversa índole. A su vez, la cultura, como tal, no deja de ser un sector de contenido económico, sujeto a los mismos avatares que el resto de áreas de actividad, y una esfera en la que se repiten los mismos patrones de desigualdad y desequilibrio que se perciben en otros ámbitos empresariales.

La profesionalización de la cultura ha conducido a un alto grado de especialización de los perfiles, dando cabida a líneas autónomas de actividad que hace unos años eran completamente desconocidas. De forma paralela, los hábitos de consumo, la forma de acercarse al arte y el lugar que tradicionalmente habían ocupado los espacios de exposición han debido adaptarse a un cambio de circunstancias. Esta evolución está motivada no solo por la coyuntura económica reinante, recién inaugurado el nuevo milenio, sino también por el inicio de un período de transición en el que confluye un relevo generacional con una profunda crisis de identidad social. Esta brecha en el sentido de pertenencia y la senda hacia un individualismo hasta cierto punto deshumanizante plantea a su vez numerosos desafíos, y más en una área como la cultura, cuya razón de ser descansa en el propio individuo y su desarrollo en sociedad. Muchos de estos puntos de inflexión suelen coincidir con grandes hitos mundiales, como es, sin duda, el comienzo de un nuevo siglo, situación que en nuestro caso ha venido acompañada de una revolución tecnológica que, si bien abre nuevas vías de exploración, contribuye a hacer más profunda la incertidumbre de nuestro contexto inmediato.

Imagen de la campaña "no por amor al arte" lanzada por Plataforma PAC en 2018

Todos estos cambios no han ido acompañados de un fortalecimiento de la profesión ni una revalorización del trabajo realizado. Aunque cada año surgen nuevas cifras que ofrecen algo de esperanza al respecto, un análisis en conjunto de estos datos da cuenta de que la cultura sigue siendo un sector muy precarizado que se alimenta de la pasión de quienes quieren dedicar su vida a mantenerla viva. Paradójicamente, existe un aprovechamiento de nuestra cultura muy vinculado al turismo. Los números en constante aumento del volumen de visitantes que cada año pasan por nuestro país es un buen indicador de que, además del buen tiempo y la variedad gastronómica, nuestra riqueza cultural juega un papel determinante en ese crecimiento. No obstante, no se potencian mecanismos que logren una mejor distribución de esos ingresos o sistemas que sirvan para poner la cultura en su lugar.

Coinciden además otras contradicciones: el sector cultural es uno de los más exigentes en cuanto a formación requerida y especialización. El 69,3% de los trabajadores culturales cuentan con educación superior, frente al 42,9% de la media nacional (Anuario de Estadísticas Culturales MCD 2018), circunstancia que no va acompañada de una mayor retribución salarial. Asimismo, se percibe un ligero aumento en la generación de empleo (3,6% del total nacional), si bien el número de empresas unipersonales o autónomos es del 64,7% y los contratos temporales han aumentado en un 19,4% desde 2017. Así pues, estos datos dibujan un panorama sensible, poco resistente y mermado para poder hacer frente a los contratiempos.

Visita guiada en el Museo de Cádiz

Por si fuera poco, este sector replica algunos de los desequilibrios que se advierten en otros sectores económicos: el 60,9% de los trabajadores son hombres y el porcentaje restante, son mujeres. Esta podía ser una característica sin mayor transcendencia, al igual que sabemos que en otros sectores sucede a la inversa; pero la brecha se advierte porque hay un alto porcentaje de artistas que deciden establecerse profesionalmente en el extranjero, donde obtienen estabilidad y mejor retribución. Un estudio reciente llevado a cabo por Marta Pérez-Ibáñez e Isidro López-Aparicio sobre la situación de las mujeres artistas españolas (“Mujeres artistas y precariedad laboral en España. Análisis y comparativa a partir de un estudio global”, Revista Arte, Individuo y Sociedad, vol. 31 (4), 2019) demuestra que el 60% de ellas se trasladan al extranjero, de las cuales, el 75% son menores de 40 años. También destacan los datos recabados sobre ingresos, donde el 46,9% de los artistas declaran obtener menos de 8.000€ al año.

Con todo esto, resulta evidente que el sector cultural tiene que hacer frente a mucho retos futuros, no solo para sortear las dificultades consustanciales a su sensibilidad económica, sino también a muchas otras circunstancias que exigen una respuesta más acorde con los nuevos tiempos y el curso de los acontecimientos históricos. Estaremos aquí trabajando para contribuir a esta (r)evolución.

 


ABIERTO INFINITO. LO QUE EL CUERPO RECUERDA. CICLO DE PERFORMANCE X ART MADRID'26


Art Madrid, comprometida con crear un espacio de enunciación para artistas que trabajan en torno a las artes performativas, presenta el ciclo de performance: Abierto Infinito: Lo que el cuerpo recuerda, una propuesta que se inspira en los planteamientos de Erving Goffman en La presentación de la persona en la vida cotidiana (Amorrortu editores, Buenos Aires, 1997). La propuesta se inscribe en un marco teórico que dialoga directamente con dichos planteamientos, donde la interacción social se concibe como un escenario de actuaciones cuidadosamente moduladas para influir en la percepción de los demás. Goffman sostiene que los individuos despliegan expresiones verbales e involuntarias para guiar la interpretación de su conducta, sosteniendo roles y fachadas que definen la situación para quienes observan.

El cuerpo, primer territorio de toda representación, antecede a la palabra y al gesto aprendido. En él se inscriben las experiencias humanas, tanto conscientes como inconscientes. Abierto Infinito: Lo que el cuerpo recuerda parte de esa premisa: en la propia existencia habita la representación, y la vida, entendida como una sucesión de representaciones, transforma al cuerpo en un espacio de negociación constante sobre quiénes somos. En ese tránsito, los límites se desdibujan; lo individual se abre a lo colectivo y lo efímero adquiere una dimensión simbólica. Al habitar ese intersticio, la performance revela simultáneamente la fragilidad de la identidad y la fuerza que emerge del encuentro con los otros.


PERFORMANCE: OFF LINE. JIMENA TERCERO

7 de marzo | 19:00h. Galería de Cristal del Palacio de Cibeles.



OFF LINE, es una pieza performativa que busca reflexionar sobre cómo la era digital está transformando la relación del cuerpo con el mundo y con los demás. La interacción se construye cada vez más a través de pantallas e interfaces, y la identidad se desplaza hacia lo virtual, subordinando la experiencia física a la representación digital. En este contexto, el cuerpo se vuelve frágil: pierde densidad, memoria y presencia activa, y se convierte en soporte de información o imagen.

La hiperconectividad y la atención fragmentada generan una corporalidad cada vez más inerte, caracterizada por la disminución del movimiento espontáneo y la reducción de la interacción sensorial directa. Esto plantea preguntas fundamentales: ¿cómo se redefine la presencia cuando la relación con el mundo depende de mediaciones tecnológicas? ¿Qué sucederá con la experiencia del cuerpo en un futuro donde la virtualidad predomina sobre lo físico? Se observa un riesgo de progresiva pasividad corporal: cuerpos que permanecen quietos,cuya actividad está determinada por dispositivos, y cuya memoria se externaliza en registros digitales. La fragmentación de la experiencia física y la primacía de la representación tecnológica generan un escenario donde el cuerpo, aunque visible, está desplazado de su función original como agente de percepción y acción.

Este marco conceptual invita a reflexionar sobre cómo la digitalización afecta la corporeidad, la memoria y las relaciones sociales, y sobre la vulnerabilidad y la inercia que atraviesan los cuerpos en entornos cada vez más mediatizados por la tecnología.



SOBRE JIMENA TERCERO

Jimena Tercero (Madrid, 1998) es una artista multidisciplinar cuya práctica explora los límites del cuerpo femenino, la identidad y el subconsciente a través de la performance, el video y la pintura, abordando conceptos como la memoria, lo tangible y el juego. Se forma en pintura con Lola Albín, fotografía analógica en Cambridge (2014), dirección audiovisual (2018–2020) con referentes como Víctor Erice y la productora El Deseo, y cursa un Máster en Dirección Creativa en ELISAVA. Completa su formación en performance en La Juan Gallery. En 2011 forma parte del jurado infantil del Festival de Cine de Isfahán (Irán).

Dirige obras como Private (2016) y Paranoid (2021), expuestas en Aspa Contemporary Gallery, y proyectos como Yo mi me conmigo (2023, Teatros del Canal), Inside Voices (2021, Conde Duque, con Itziar Okariz) y La última regla (La Juan Gallery). Ha dirigido fashion films para editoriales y marcas como Puma, Dior y Dockers, así como la dirección de arte para artistas como Sen Senra o Jorge Drexler, y el documental También estás aquí para ArtforChange–La Caixa. Presenta Out of View (Nebula Gallery), EDEN (White Lab Gallery) y Navel Bite (Sinespacio). Participa en residencias como Medialab con Niño de Elche y Miguel Álvarez Fernández. En 2025 forma parte del Jurado Especial del Asian Film Fest de Barcelona y de la Residencia de arte International Cultural Mousseum of Assilah (Marruecos).