¿QUÉ SE ESCONDE TRAS EL SORTEO DE LOTERÍA DE NAVIDAD?

 

 

 

Aunque el origen de algunas de estas costumbres se remonta muy atrás en el tiempo y en muchas ocasiones se le ha perdido ya el rastro (tradiciones paganas mezcladas con celebraciones religiosas, estrategias comerciales para dar salida al excedente de producción, etc.), la lotería tiene una historia mucho más reciente y, sin embargo, desconocida para muchos de nosotros.

 

 

 

 

 

 

Os traemos algunas curiosidades sobre la historia del sorteo y el proceso de diseño y producción de los billetes, algo que para muchos de nosotros pasa desapercibido aunque entraña un enorme trabajo y mucha anticipación. E incluso, quienes son realmente anticipados y quieren probar suerte trayéndose billetes de los rincones de España que visitan durante sus vacaciones de verano sabrán que ya por esas fechas hay números a la venta. 

 

 

 

 

 

 

La producción de los billetes de lotería es responsabilidad exclusiva de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, un proyecto que cada año acomete con el mayor de los celos profesionales y el máximo secretismo. Pero pocos saben que el proceso de elaboración comienza la tercera semana del mes de abril y que ya en San Fermín la gente comienza a comprar billetes (salen oficialmente a la venta el 1 de julio). Entre abril y junio se producen el 87% de todos los décimos que luego se distribuyen por toda España mediante un sistema de reparto de números aleatorio. Los billetes se imprimen con tintas especiales sobre papel OCR de seguridad, para evitar falsificaciones. La venta se encomienda a Loterías y Apuestas del Estado a través de sus administraciones, porque la logística del sorteo es una labor coordinada entre la FNMT y Loterías.

 

 

 

 

 

 

Quienes ya tengáis un décimo en vuestras manos habréis visto que este año la imagen de este año es la “Adoración de los pastores”, de Murillo (ca. 1650). La elección de la imagen de los 180 millones de décimos que se imprimen es la primera parte de todo el proceso, antes de seleccionar el color principal y el diseño de fondo. Después, toca elegir las series que se pondrán a la venta antes de comenzar el proceso de impresión. Cada edición se escoge una imagen vinculada a la Navidad de artistas españoles, muchas veces con motivos religiosos.

 

Estos son solo algunos de los detalles de un sorteo que comenzó en 1812 con 12.000 números (hoy son 66.000), con un premio Gordo de 8.000 pesos fuertes y un precio por décimo de 40 reales. Casi dos siglos de historia que han dado lugar a una verdadera tradición.


 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.