UN OASIS DADÁ Y SURREALISTA EN EL CORAZÓN DE MADRID

El Palacio de Gaviria ha inaugurado esta semana un exposición que reúne 180 obras de algunos de los artistas más icónicos del siglo XX. Se trata de una pequeña parte de la colección particular de Arturo Schwarz, quien donó más de 700 piezas al Museo de Israel.

La historia de esta colección está íntimamente conectada a la vida de su dueño. Schwarz se especializó en obras del Dadaísmo y del Surrealismo, movimientos artísticos en los que trabó profunda amistad con algunos de sus máximos exponentes, como Duchamp, Man Ray o Breton. Esta obstinación por el Surrealismo comenzó a mediados de los 40, después de leer el “Manifiesto” de André Breton, lo que le llevó a unirse también al movimiento. Más tarde, en 1945, conoció a Marcel Duchamp, con quien mantuvo relación desde entonces. Según sus propias palabras, le fascinaba estar en contacto con artistas que eran “extremadamente libres e intelectualmente honestos”.

Man Ray, “The Rayograph”, 1921-28.

Trabajó como escritor, comisario y galerista, pero su faceta más conocida es la de coleccionista. Esta pasión por el arte del siglo XX, y particularmente por estos dos ismos, han guiado su afán por reunir obras representativas de los que eran sus amigos, hasta el punto atesorar conjunto de piezas que ha viajado ya varias veces por el mundo.

Man Ray, “'El observatorio del tiempo. Los amantes”, 1932-34.

La mayor parte de esta colección fue donada al Museo de Israel para formar la “The Vera and Arturo Schwarz Collection of Dada and Surrealist Art”. El proceso comenzó en 1972 con la cesión de 30 réplicas de readymades de Duchamp, a la que siguió la extensa biblioteca de Dada y Surrealismo en 1991. Finalmente, el 1998, con ocasión del 50 aniversario del museo, se completó el resto del legado que hoy forma un fondo permanente en el museo.

René Magritte, “The Castle of the Pyrenees”, 1959.

Bajo el reclamo de Duchamp, Magritte y Dalí, el Palacio de Gaviria reúne una selección de las obras más emblemáticas de estos ismos del siglo pasado, a los que se suman Ernst, Tanguy, Man Ray, Picabia, Calder, Schwitters, Höch, Blumenfeld, Janco, entre otros. Estos movimientos artísticos fueron una respuesta de los creadores a los convulsos tiempos que se vivieron en la vieja Europa devastada por los conflictos bélicos y la falta de integración social. La relectura de lo tangible, la interpretación onírica, la huída hacia una realidad diferente eran ideas que alimentaban el impulso creador de estos artistas, verdaderos arquitectos del pensamiento crítico del siglo XX.

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.