Art Madrid'26 – De Chirico en Barcelona: su trayectoria en 150 obras

 

 

El enigma de un día, 1914

 

 

 

Giorgio de Chirico (1888-1978), pintor italiano de origen griego, se formó en Grecia, en Italia y en Alemania. Tuvo influencia, entre otras, de la antigüedad clásica grecorromana, de la arquitectura renacentista y de la filosofía de Niestche y Shopenhauer. Se mantuvo, en cierta medida, ajeno a las vanguardias que tuvieron lugar en la capital francesa, para desarrollar su propio estilo artístico.

 

 

 

Aparición (dibujo), 1917

 

 

 

Fue el pionero de la pintura metafísica, que recreaba ambientes misteriosos a través de la representación de objetos cotidianos fuera de su contexto habitual. La pintura metafísica fue antecesora del surrealismo, puede recordar a las pinturas de Dalí. Son escenas sombrías, desoladoras, melancólicas, donde acentuadas perspectivas proyectan sombras irreales y en las que no hay muestras de vida ni personas, sino esculturas clásicas o maniquíes que transmiten silencio y soledad. Vivió en la ciudad de Ferrara, en Italia, que se convirtió en la ciudad metafísica por excelencia. Compañero de De Chirico en esta corriente fue su propio hermano Alberto Savinio (Andrea de Chirico) y su amigo Carlo Carrá.

 

 

 

Las musas inquietantes, 1917

 

 

 

La exposición, organizada en colaboración con la Fundación Giorgio e Isa de Chirico, está comisariada por Katherin Robinson, de dicha Fundación, y por Mariastella Margozzi, de la Galleria Nazionale (Roma). Se estructura en seis líneas temáticas que abarcan los puntos clave de la trayectoria artística de De Chirico, considerado uno de los artistas italianos más importantes del s.XX. Los temas representados abarcan la pintura metafísica, la influencia de la iconografía clásica, los retratos y los inquietantes paisajes urbanos, sus investigaciones técnicas sobre la pintura de grandes maestros y la neo-metafísica, mediante la cual dirige una mirada a sus primeras obras inspirado por el eterno retorno nietzscheano.

 

 

 

 

Las musas inquietantes (bronce dorado), 1968

 

 

 

De manera paralela a la exposición, CaixaForum Barcelona propone otras actividades educativas, como visitas comentadas para público general y para familias y una conferencia a cargo de las comisarias. Se podrá disfrutar de este acercamiento a la obra de Giorgio de Chirico hasta el 22 de octubre.

 

 

 

Los Dioscuros, 1974

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.