“DE LA IMAGEN FIJA AL NEW MEDIA”, ASÍ FUE EL ENCUENTRO DE PROFESIONALES DE ART MADRID’20

El programa de acciones que cada año lleva a cabo Art Madrid siempre reserva un espacio en la agenda para organizar un encuentro con profesionales del sector. El objetivo es aportar una visión más vinculada a la práctica institucional y laboral en torno al tema sobre el que gira el conjunto de actividades, y en esta pasada edición tuvimos oportunidad de centrarlos en la evolución del uso de la imagen, el videoarte y la entrada en escena del arte tecnológico y de nuevos medios. Con estos encuentros, las voces reconocidas de comisarios, directores de centros de creación, críticos, teóricos o agentes culturales nos abre un foro de debate en el que se trasciende el plano de la producción artística para centrarse en el de la exhibición o presencia por los espacios de exposición, lo que invita a reflexionar sobre cómo tiene lugar el proceso de institucionalización del arte contemporáneo.





En el marco del programa sobre videoarte, new media y performance, materias que sirvieron de eje temático a la propuesta, tuvimos la suerte de contar con la participación de Rafael Doctor, Karin Ohlenschläger y Berta Sichel en una mesa redonda moderada por Miguel Álvarez-Fernández. La labor profesional de estos tres comisarios, agentes culturales e historiadores a lo largo de los años se suma a su experiencia a cargo de departamentos o instituciones de enorme prestigio en el territorio nacional, lo que les permitió protagonizar un encuentro en el que volcaron parte de sus conocimientos teóricos, pero también aportar su visión desde la gestión de los centros de arte, identificando carencias y fortalezas del sistema.

Se da también la circunstancia de que la experiencia profesional más reciente de los ponentes se ha vinculado a áreas geográficas distantes dentro del país, lo que también ofrece un panorama más enriquecedor y próximo a la realidad cultural del conjunto del territorio, en un eje norte-sur que retrata los vaivenes sociopolíticos a los que a veces está sujeto el sector de la creación contemporánea.

Foto de Romer Ramos

Rafael Doctor es historiador, comisario independiente y gestor cultural, y se ha especializado en Historia de la Fotografía y arte contemporáneo. En su faceta directiva, ha estado al frente del Centro Andaluz de Fotografía (CAF) entre 2017 y 2019, dirigió la programación del Canal de Isabel II (1993-2000), el Espacio Uno del MNCARS (1997-2000) y el departamento de Artes plásticas de Casa de América (2001), y fue, además, el primer director del MUSAC (2002-2009). Gracias a su amplia trayectoria, Rafael nos resumió la historia de la fotografía desde sus orígenes para llegar a tratar la imagen en movimiento, una disciplina algo más tardía que, sin embargo, estaba en el propio pulso del interés creativo desde que la tecnología hizo posible la plasmación de la imagen en soportes fijos. El tránsito de un interés puramente documental a uno artístico se produjo de manera temprana, y todo ellos derivó en una serie de movimientos creativos que marcaron los grandes hitos del videoarte a lo largo del siglo XX. Hablamos hoy de esta disciplina como algo nuevo, cuando lo novedoso es la actualización de la técnica y la facilidad de acceso a los modos de creación, pero no tanto así el impulso creador o las inquietudes discursivas que subyacen en este tipo de trabajos.

Foto de Romer Ramos

Por su parte, Berta Sichel, agente cultural, comisaria y directora del proyecto Bureauphi Art Agency, aprovechó su experiencia a cargo del departamento de audiovisuales del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en sus primeros años, para ofrecernos un relato sobre cómo fue la construcción de la colección de videoarte del centro. Berta fue la responsable de comisariar la selección de la colección y decidir qué piezas integrarían este fondo. Su propósito fue abordar un amplio abanico temporal que resultase verdaderamente representativo del videoarte mundial, si bien este objetivo tuvo que reducirse para amoldarse a las condiciones presupuestarias que atravesaba el museo, razón por la cual hay más presencia de obras en los primeros años del movimiento (años 60) que de décadas posteriores. Durante su intervención Berta hizo hincapié en una de las características de los inicios de la video creación como fenómeno, y es que era un arte hecho mayoritariamente por mujeres. El auge de las disciplinas tradicionales sumado a la tendencia de preponderar los roles masculinos en la vida artística pública así como en el mercado, hizo del videoarte un recurso accesible para las autoras, que abordaban sus trabajos muchas veces desde el recogimiento de su propio hogar. Este es también uno de los motivos por los que las piezas de video tienen muy frecuentemente un componente reivindicativo en torno a cuestiones de género y plasman entornos o realidades más conectadas con ambientes familiares o escenarios domésticos.

Foto de Romer Ramos

Karin Ohlenschläger es también comisaria, crítica y teórica de arte contemporáneo. De 2002 a 2006 fue codirectora del programa MediaLab Madrid en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, y ha estado a cargo de numerosos festivales y proyectos conectados con los nuevos medios y la tecnología. Hoy es directora de actividades de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, en Gijón, un espacio expositivo específicamente dedicado al arte, la ciencia, la tecnología y las industrias visuales. Karin se ha especializado en el arte de acción, el arte postmedia y los nuevos proyectos de creación transversal que fusionan lenguajes, tomando referencias de ámbitos como las comunicaciones o la ciencia. Gracias a su experiencia en estos años, nos ofreció un panorama de la hibridación del arte desde la última década del siglo XX, un período en el que se culminan muchos procesos iniciados desde los años 70-80 y que originan procesos creativos de base colaborativa que aspiran a romper las barreras entre ramas del saber (biotecnología, programación, inteligencia artificial) para generar otra forma de conocimiento, materializado en las obras de arte. Hoy hemos pasado de la digitalización de las creaciones a la materialización de las propuestas digitales. La intervención de Karin deja una puerta abierta al futuro del arte venidero sabiendo que los caminos por recorrer serán casi infinitos.

Foto de Marta Suárez-Mansilla

La mesa estuvo moderada por Miguel Álvarez-Fernández, jurista, músico, teórico musical, y compositor, quien, además de trabajar como comisario y experto en arte sonoro, dirige desde 2008 el Radio Clásica/RNE el programa semanal Ars Sonora. El conocimiento de Miguel del tema de debate y de los ponentes facilitó una conversación fácil y amigable en la que muchas personas del público quisieron participar durante el turno de preguntas.

La mesa redonda tuvo lugar en el auditorio de la Sala Alcalá 31 el jueves 20 de febrero. Queremos agradecer al espacio su apoyo y muy particularmente a Antonio Sánchez Luengo su excelente acogida de la propuesta para albergar parte del programa “Art Madrid-Proyector’20”.

 

Los orígenes del arte de acción pueden situarse en los movimientos dadaístas y surrealistas de 1920, donde empiezan a verse los primeros acontecimientos o encuentros en los que se consolidan los término collage o assemblage; sin embargo, no es hasta la década de los 60 cuando estas manifestaciones adquieren entidad propia y se constituyen en un movimiento artístico independiente. El arte de acción, también llamado arte en vivo, ahonda en la idea de que no se puede separar el proceso de creación artística de la propia vivencia, como si todo estuviese conectado y el verdadero arte es el que tiene lugar en los procesos, no tanto en los resultados materializados.

Olga Diego preparándose para la performance. Foto de Marc Cisneros

A la evolución de esta idea contribuyó notablemente Allan Kaprow, un artista nacido en Atlantic City y que otorgó verdadero significado a los términos happening o performance. En la visión de este autor, el arte cobra sentido en la interrelación del artista con el espectador en el proceso de creación artística. Kaprow acuñó una frase célebre en este movimiento:

La línea entre el arte y la vida debe mantenerse tan fluida, y quizá indistinta, como sea posible

Artista incansable, contribuyó notablemente a los movimientos fluxus y body art, y realizó infinidad de “actividades” (así las llamaba) a lo largo de su carrera. Hoy debemos mucho a este precursor, que se dejó llevar por el impulso creador canalizado en acciones donde lo efímero y lo vivencial se fusionan.

Eunice Artur y Bruno Gonçalves durante la performance. Foto de Sara Junquera

Hoy el arte performativo sigue despertando una enorme curiosidad, pese a haber transcurrido 60 años desde su nacimiento. No obstante, dentro de la historia del arte, sigue siendo una corriente aún novedosa y minoritaria. Precisamente por ello, Art Madrid quiso trasladar el arte de acción al entorno de la feria y compartir con el público una experiencia artística, distinta de la oferta expositiva de las galerías participantes, para que el contacto con el pulso contemporáneo actual se transformase en un recuerdo, un acontecimiento, una vivencia. El carácter momentáneo de estas acciones, su naturaleza efímera en que solo existen en el aquí y ahora, hace que cada propuesta sea doblemente interesante porque es totalmente irrepetible.

El programa “Art Madrid-Proyector’20” incluyó cuatro intervenciones durante los días de la feria. Hemos tenido ocasión de recordar dos de estas performances en las que dominaba el sonido y la imagen de vídeo, de la mano de Iván Puñal y Arturo Moya y Ruth Abellán. Hoy damos paso a las otras dos, cuya principal característica es la generación de un espacio intimista, una suerte de realidad paralela que plantea dudas en el espectador sobre qué está viendo y cómo debe interpretarlo.

Eunice Artur durante la performance. Foto de Sara Junquera

Una de estas obras fue “Partidura”, de la artista portuguesa Eunice Artur en colaboración con Bruno Golçalves, que tuvo lugar el jueves 27 a las 20h. Este proyecto explora la idea de elaborar una notación musical para las nuevas formas de sonido electrónico, y lo hace a través de una intervención en directo a la que se incorporan elementos vegetales, cuerdas que vibran con el sonido y mucho polvo de carboncillo, con el propósito de que sean las ondas sonoras las que muevan los elementos y “dibujen” su propia representación gráfica. La performance muestra a Eunice interactuando con estos elementos mientras Bruno emite sonidos amplificados con una guitarra eléctrica. El conjunto resulta misterioso y poético, al mismo tiempo. El deseo de transformar el sonido en una plasmación pictórica se despliega en acciones delicadas, medidas y sigilosas para interferir lo menos posible en el proceso. Eunice se mueve entre pliegos de papel colgados del techo cubiertos de polvo de grafito, y busca el ángulo apropiado para hacer vibrar unas cuerdas que atraviesan los pliegos en diagonal. Este proceso de creación en directo se basa en la espera y la contemplación, envuelto en una música que parece un mantra venido de otras tierras.

Olga Diego y Mario Gutiérrez Cru antes de la performace. Foto de Marc Cisneros

La última performance del ciclo fue protagonizada por Olga Diego, el sábado 29. La entrada de la feria se transformó en un escenario improvisado en el que la artista llevó a cabo su acción “The bubble woman show”. Olga Diego lleva tiempo trabajando sobre el concepto de vuelo y su integración en el arte a través de artefactos que puedan volar de manera autónoma, sin combustión. Uno de sus proyectos más ambiciosos en este tema es “El jardín autómata”, una enorme instalación de un centenar de figuras hinchables hechas con plástico transparente que ocupó los 1.000 m2 de Museo de Arte Contemporáneo de Alicante y la Sala de Exposiciones Lonja del Pescado, también en Alicante. Esta propuesta, además de ahondar en la investigación sobre la ligereza de los materiales y la capacidad de mantenerse en suspensión con el máximo ahorro energético, es una crítica abierta al uso desmesurado del plástico en nuestro entorno y a su aberrante poder de contaminación.

Foto de Ricardo Perucha

“The bubble woman show” es una acción que implica al espectador. Olga se introduce en una burbuja gigante de plástico translúcido sin que el aire de su interior se escape, y así, como si fuese una pompa de jabón, se mueve por el espacio hasta que invita a alguien del público a entrar con ella en la burbuja y compartir un momento íntimo. Ese diálogo personal es la parte más desconocida y misteriosa del proceso, y nos invita a reflexionar sobre las situaciones de aislamiento, sobre el retorno al útero materno, sobre la necesidad de resguardarse del excesivo ruido de este mundo acelerado.

Ambas acciones despertaron el asombro de los visitantes y convirtieron la feria en un espacio en el que el arte en vivo tuvo un papel transformador dentro de la amplia oferta artística que el evento ofrece cada año.