¿DEBE SER EL ARTE UNA HERRAMIENTA DE CRÍTICA?

Aunque las definiciones tradicionales de arte incluyen de un modo u otro referencias a la belleza, el equilibrio y la estética, la posmodernidad introduce cambios en esta máxima y plantea una aproximación al arte desprovista de los conceptos heredados del pasado para reforzar su valor expresivo frente a la búsqueda de lo bello.

Shepard Fairey, "Free speech".

No obstante, los nuevos tiempos traen consigo otras imposiciones y pautas. En un mundo vertiginoso como el actual, donde se hace alarde de tolerancia, integración e igualdad, en ocasiones el exceso de cautela nos sitúa en el lado opuesto y la mesura social de lo “políticamente correcto” deriva en restricciones a la libertad de expresión, censura encubierta, dobles lecturas del mensaje. Hay quien dice que hoy “no se puede decir nada sin que te caigan encima”. Una visita rápida a las redes sociales desvela que, muchas veces, la supuesta libertad que hoy disfrutamos se ha transformado en un inmenso campo en el que andar “como pisando huevos”.

Montaje de la obra "Presos políticos" de Santiago Sierra, retirada durante la feria ARCO'18

No nos engañemos, esto también es un signo de nuestro tiempo. Las opiniones son mejor recibidas cuando se empaquetan con una envoltura de humor e ironía, o cuando se anclan en sitios-comunes ampliamente compartidos. En este contexto, la crítica desde el mundo del arte debería gozar de una mayor permisividad, pero los hechos recientes demuestran lo contrario. La censura por discursos de corte político ha protagonizado portadas de periódicos y todo parece indicar que hay ciertos temas que es mejor no tocar.

Shepard Fairey en su estudio, vía papermag.com

Esto lleva a algunos autores a optar por convertir su obra en estandartes con sentido social donde la carga estética universaliza el mensaje. Digamos que no se busca abiertamente la crítica política, económica o social en composiciones que no dejan espacio a la imaginación (para eso ya existe el fotoperiodismo). El propósito es crear imágenes icónicas con un mensaje embebido en el propio diseño, por eso en este ámbito el arte gráfico es el ganador. Nada nuevo bajo el sol, todo hay que decirlo, pero el logro está en que las creaciones contemporáneas son dignas herederas de todo el acervo compositivo y estético de las décadas precedentes, y en ese sentido, no se les puede quitar el mérito de “refundir” lo antiguo con lo nuevo para crear algo diferente y único.

Shepard Fairey

Big brother is watching you, 2006

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Earth crisis, 2014

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Icon Collage Set II, 2016

Serigrafía

97.5 x 76cm

Shepard Fairey es un artista paradigmático en este tema. En sus entrevistas, él mismo ironiza sobre la contradicción que supone criticar al capitalismo en sus obras y luego vender las ediciones por miles de dólares. Bueno, no hay que fustigarse por ello, de otro modo los artistas seguirían siendo aquellos que pueden permitirse vivir de rentas, y se eliminaría la voz de tantos otros que aspiran a vivir de sus creaciones. No olvidemos tampoco que hubo una época (no hace mucho), en que el arte urbano se consideraba vandalismo. Fairey, que se autodefine como artista y activista, ha tenido que enfrentarse a estas polémicas cuando algunas de las piezas que propone no son del gusto de todo el mundo. Y, con todo, una cosa es evidente: sus obras son inconfundibles y han ayudado a difundir un mensaje universal donde las críticas al sistema siempre están presentes. Evidentemente, algunos artistas responden sí a la pregunta con la que abríamos este post: el arte es una herramienta de crítica.

 

En un momento en que las artes visuales parecen haber agotado gran parte de los recursos tradicionales, los artistas se atreven con nuevas técnicas y métodos para adentrarse en un terreno desconocido donde todo es posible. Así, hay lugar para la sorpresa, la innovación y la exploración, en formas de expresión novedosas y, por veces arriesgadas.

Uno de estos ejemplos es recurso a los rayos X para la captación de imágenes. El uso de radiografías en el arte no es del todo novedoso, si bien sus aplicaciones han sido en su mayoría con fines de estudio, para descubrir las capas no visibles de las pinturas, analizar piezas en procesos de autentificación o buscar los trazos ocultos y corregidos de los grandes maestros, en un deseo por entender mejor su proceso creativo. El uso de esta técnica para obras genuinas, es, en cambio, totalmente reciente, pero su atractivo es tal que algunos artistas se han especializado en imitar la apariencia de una radiografía en sus propuestas, como ocurre con el londinense Shock-1.

Más allá de la curiosidad que despierta analizar los objetos desde sus capas más profundas, lo cierto es que el impacto visual es innegable y se obtienen resultados inesperados, con una potencialidad artística innegable. Esta es la senda que algunos creadores han seguido, aunque muchas veces han llegado a ella por azar o derivados desde una especialidad profesional que está en contacto directo con esta técnica. Por ese motivo, muchos autores de arte radiográfico son científicos o médicos que han sabido ver en sus imágenes cotidianas una aplicación creativa diferente. Compartimos con vosotros algunas de sus propuestas.

El fotógrafo Nick Veasey explora una vertiente más humana y activa en sus propuestas. El uso de rayos X para este autor tiene una intencionalidad más analítica y menos compositiva. Como él mismo explica, su obra trata de trascender lo visible en un mundo dominado por la imagen. De este modo, todas las connotaciones que asociamos a una apariencia ideal de la riqueza, el poder o el status se disipan. Él aspira a buscar lo que está más allá, en la esencia de lo que nos hace iguales, al tiempo que desvela detalles ocultos sobre la estructura, la forma o el movimiento. Sus fotografías son fascinantes y cautivadoras.

Arie Van’t Riet, IZ: “Art, flowers” - DCHA: “Sandersonia Dragonfly Butterfly”

Arie Van’t Riet es un físico médico que en un momento dado se propuso hacer arte a través de radiografías. En su estudio de interior, armado con tres aparatos de rayos X, compone sus bodegones florales, en los que siempre es visible la elegante delicadeza de los pétalos, la transparencia de las hojas o la frágil estructura de las alas de mariposa. La obra de Van’t Riet combina este trabajo con una labor de coloreado digital, para dar lugar a estas piezas llenas de armonía y equilibrio.

Steven N. Meyers, IZ: “Celosias” - DCHA: “Red Magnolia”

En una senda similar se mueve Steven N. Meyers, si bien este autor prescinde de la coloración digital en sus composiciones. En ese sentido, su obra es más naturalista, y ofrece resultados más próximos a la serigrafía o la litografía tradicionales. Pero lo que también comparte es la búsqueda del equilibrio en la imagen. Sus elecciones nunca se dejan al azar. Hay una elegancia serena basada en la estructura, la situación de los elementos y la pureza de la luz. Por eso, el conjunto de su obra logra transmitir una gran belleza oculta.