Diálogos de arte

I: Piet Mondrian, “Tableau II”, 1921, óleo sobre lienzo | D: Diseño de Yves Saint Laurent, 1965.

 

 

El arte se convierte a veces en un campo sin vallas repleto de caminos, en un mecanismo de vasos comunicantes donde la inspiración fluye de manera multidireccional. El homenaje, la emulación, el tributo, la reinterpretación se mueven en ese incierto espacio entre disciplinas artísticas para dar lugar a piezas nuevas en las que se materializa el respeto y la admiración por lo que otros maestros habían realizado previamente. 

 

 

 

1: Escuela pública “La Canal”, Luanco (Asturias) | 2: Mondrian Maison Hotel (Francia) | 3: Fachada del ayuntamiento de La Haya | 4: Bloque de edificios en Rouen (Francia)

 

 

La fama de Mondrian pronto trascendió los límites de las artes plásticas. Sus diseños simples y lineales, a los que el artista solo llegó tras años de trabajo en los que progresivamente fue desarrollando un estilo más evolucionado tendente a la simplicidad, marcaron un antes y un después dentro del arte moderno. Hoy, su impronta sigue siendo notable, y su sencillez estética, así como la elegante elección de colores, hacen de su obra un legado atemporal que inspira nuevos diseños. Dos de las principales disciplinas que se basaron en Mondrian para recrear sus pinturas han sido la arquitectura y el diseño de moda.

 

 

I: Diseño de Jil Sander, 2012. D: Pablo Picasso, “Chouette Femme”, 1950, cerámica vallauris.

 

 

Precisamente la moda se ha servido en numerosas ocasiones de las artes visuales para ofrecer una relectura de las obras plasmada en tela. Si bien en la mayoría de los casos son las obras pictóricas las que se toman como referencia para los diseños (como en caso de Mondrian que os señalamos antes), os traemos el ejemplo de la pieza cerámica “Chouette Femme” de Picasso. La diseñadora alemana Jil Sander tomó como base esta obra para esta propuesta que presentó en pasarela en 2012.

 

 

I: Johannes Vermeer, “La joven de la perla”, 1665, óleo sobre lienzo | D: Fotograma de la película “La joven de la perla”, 2003.

 

 

“La joven de la perla”, del holandés Johannes Vermeer, también conocida como “Muchacha con turbante”, es una pieza célebre pintada entre 1665 y 1667 que hoy se conserva en el museo Mauritshuis de La Haya. Los estudiosos consideran que esta obra es una “tronie”, pinturas muy típicas en la época que se elaboraban fundamentalmente con una finalidad decorativa sin intención de que la persona retratada resultase identificada. Esto no fue obstáculo para que, inspirada en esta pieza, la novelista norteamericana Tracy Chevalier escribiera “La joven de la perla” en 1999, donde se construye un relato sobre la relación del pintor con una chica de servicio, Griet, que sería su modelo en este retrato. Años más tarde, la novela saltó a la gran pantalla con una película homónima protagonizada por Scarlett Johansson y Colin Firth. Como curiosidad os comentamos que Vermeer sentía verdadera predilección por el motivo de los pendientes de perla, y podemos verlos como diminutos puntos de brillo en otros retratos femeninos del artista como en “Mujer joven con sombrero rojo” o “Dama en amarillo escribiendo”.

 

 

I: Otto Dix, “Retrato de Sylvia von Harden”, 1926, óleo sobre lienzo | D: escena de la película “Cabaret”, 1972.

 

 

El cine tampoco escapa a la influencia de las artes plásticas. En este caso hablamos de la película “Cabaret” (1972), que se inspira en el óleo de Otto Dix “Retrato de Sylvia von Harden”, de 1926, para una de sus secuencias. El cuidado puesto en este largometraje y las numerosas referencias artísticas que contiene, además de haberse convertido ella misma en una película icónica, explican que haya sido merecedora del óscar a la mejor fotografía, bajo la dirección de Geoffrey Unsworth. La elección de este referente pictórico no es en absoluto banal. Otto Dix es uno de los máximos representantes de la corriente Nueva Objetividad alemana, y esta obra condensa algunos de los principios estéticos de la época, especialmente en lo que se refiere a la consideración de la mujer frente a la imposición de los estereotipos de belleza, en un momento, los años 20, en que imperaba la liberalización intelectual y femenina. Precisamente el propio Otto le pidió a Sylvia en repetidas ocasiones que le permitiera retratarla. Para el artista, esta periodista y poeta que frecuentaba el Romanisches Café de Berlín, lugar de encuentro de intelectuales y artistas, condensaba la más pura esencia de su época. No fue una mala elección para inspirar el inicio del filme, ambientado igualmente al inicio de la década siguiente.

 

La fotografía de Pilar Pequeño nos invita a conocer una parte serena de la naturaleza que se vuelve majestuosa y sugerente a la cálida luz de este trabajo. La mirada experta de la autora, maestra en composición, obra su hechizo al buscar la atmósfera lumínica ideal para cada flor, hoja o fruto que captura en sus imágenes. Un justo equilibrio que nos recuerda a la pintura clásica, con bordes redondeados y brillos suaves en los que se condensa la belleza más sencilla y humilde de nuestro entorno inmediato.

Hoy tenemos la suerte de conocer en persona a esta fotógrafa de excepción y conversar en detalle sobre su trabajo y la evolución de su técnica fotográfica. Acompáñanos a conocerla.

Enhorabuena porque sabemos que acabas de inaugurar la exposición en el edificio Villanueva del Museo del Prado, supongo que recibes esta noticia con alegría, como un reto profesional.

Cuando me llamaron de la Fundación de Amigos del Museo del Prado para invitarme a participar en el proyecto, lógicamente me puse muy contenta porque es maravilloso poder estar en esta institución. El proyecto consistía en inspirarse en un autor o en un cuadro relativo al museo. Ya había hecho, dentro de la serie de las naturalezas muertas, un apartado de bodegones para una exposición conmemorativa del Quijote en el 2015. Cuando me dijeron de participar creí que sería interesante seguir con el desarrollo de los bodegones y la influencia de los pintores en el Prado, tanto de bodegones como de floreros, porque me interesan mucho las transparencias, el cristal, la luz... Las obras que tengo ahora expuestas en el Prado están inspiradas en Zurbarán y en Arellano.

 

Es un proyecto que ha llevado mucho más tiempo de lo que parece

Sintetizar la belleza de Zurbarán en dos cuadros, lo que me inspira su obra ha sido duro…

 

Esta propuesta implica un reto para el artista pero también llega como un reconocimiento a su trayectoria. Este proyecto es el resultado fotográfico de toda una carrera donde los inicios no siempre fueron en el mundo de la fotografía

Yo empecé dibujando, y durante un tiempo estuve combinando la fotografía y el dibujo. Pero luego, como lo que más me interesa es la luz, como la técnica fotográfica, no hay nada. La fotografía es como dibujar con luz. Es lo que más me gusta de esta técnica, cómo transmite la luz. Para hacer los bodegones utilizo luz natural y de ventana, como los clásicos, pero la dirijo, es decir, la ventaja de la naturaleza muerta es que puedes crear tu propia escena lumínica. Si vas a hacer un paisaje, tienes que esperar a que suceda la luz adecuada y aquí no, tú te lo planteas y decides qué quieres hacer. Me gusta hacer la obra y sacar el negativo lo más puro posible.

Pilar Pequeño

Serie: Huellas, Baixo Miño. Ventana I, 2012

Giclèe. Pigmentos minerales sobre papel (Con passe partou: 50 x 60 cm)

28 x 31cm

Pilar Pequeño

Serie: Huellas, Baixo Miño. Ventana II, 2012

Giclèe. Pigmentos minerales sobre papel (Con passe partou: 50 x 60 cm)

28 x 31cm

Lo más bonito para mí es buscar. Por ejemplo, cuando salgo al campo, voy buscando flores silvestres y pienso “qué bonito es este tallo, cómo me va a quedar si lo pongo a contraluz” o “estas hojas son transparente, las voy a poner a contraluz” y luego al llegar al estudio me planteo el bodegón, o lo sumerjo en agua, y a partir de aquí, trabajo la escena lumínica. Para lograr transmitir el sentimiento que produce una imagen tienes que cuidar mucho la composición, colocar líneas, planos... que tenga algo que siempre te obligue a hacer un segundo recorrido. Aunque parezca una tarea muy sencilla, este proceso de elaboración de la imagen está muy pensado, muy trabajado, y lo que más me emociona es la luz. Toda la serie de bodegones y naturalezas muertas gira alrededor de las transparencias. El agua, que es un elemento que ya aparecía en mis primeros paisajes de los años 80, ahora está en los jarrones, en los vasos. Algunas veces me alejo, y sale el vaso, la planta, las superficies que lo rodean, lo que quiero sacar es el efecto de la luz sobre el cristal, sobre el agua, sobre la planta pero también sobre los elementos que lo rodean. Y otras veces lo que hago es acercarme tanto al jarrón, que no se ven los límites, y entonces se ve sumergida en el agua, y a veces no se ven la superficie. Quiero creer que mis fotos son sugerentes, no simples imágenes en las que se desvela todo el significado, de tal manera que la persona que se acerque a ver esas fotos pueda interpretarlas según lo que está sintiendo en ese momento. Pienso que el espectador se pueda proyectar en ella buscando el significado de lo que le parezca.

Pilar Pequeño trabajando en su estudio. Vía santamaca.com

En toda esta obra tan laboriosa donde hay un planteamiento previo al trabajo, también se percibe toda una temática que subyace e invita a reflexionar sobre el paso del tiempo, sobre nuestra relación con el entorno. Los títulos que escoges a veces para tus proyectos también son bastante sugerentes a ese respecto.

La naturaleza está presente desde mis primeros paisajes hasta mi último libro que pertenece a la serie huellas. Aquí trabajo sobre lugares abandonados, con lo que se ve por los huecos de las puertas y ventanas. Y lo que me interesó en esta serie es el desarrollo de la naturaleza en lugares que el hombre ha abandonado. Cómo cambia una ruina si está en el norte, en Galicia, o está en el mediterráneo. Cambia la luz, cambia la historia del edificio, la arquitectura... Por ejemplo, la casa que tengo en el mar menor está abierta al exterior y desde dentro, a través de sus ventanas, el mar parece un lienzo, los juncos, los árboles... En cambio, en la del norte, en Galicia, es el jardín enmarañado el que entra dentro de los pasillos. Hay un concepto muy interesante del antropólogo Marc Augé sobre el tiempo en una ruina. Dice que la ruina no representa un pasado sino múltiples presentes acumulados, que unidos por la acción de la naturaleza demuestran un tiempo diferente. Eso lo que siento.

 

¿Hay algo que encuentres particularmente difícil en tu trabajo o algo que suponga un reto para ti?

Yo disfruto mucho trabajando. El proyecto de la Fundación Amigos del Museo del Prado, ha sido un trabajo duro porque quería sintetizar tanto lo que siento que a veces me encontraba perdida. Pero ese trabajo es muy bonito, es decir, que al final consigues más o menos lo que pretendías y te quedas muy agusto. Por eso me apetece mostrar todo el trabajo previo que he hecho, porque emprendí varios caminos. Por ejemplo, está el bodegón flamenco y el bodegón español, el Prado tiene una colección fantástica del bodegón flamenco, donde cambian los colores, la forma... he tratado de hacer un poco todo; a veces he mezclado, por lo que creo que es también interesante mostrar este proceso.

Pilar Pequeño

Bodegón con granadas y plato de estaño, 2010

Giclèe. Pigmentos minerales sobre papel (Con passe partou: 40 x 50 cm)

18 x 26cm

Pilar Pequeño

Magnolia, 2011

Giclèe. Pigmentos minerales sobre papel (Con passe partou: 40 x 50 cm)

18 x 24cm

Pilar Pequeño

Populus nigra. Hojas II, 2010

Giclée. Pigmentos minerales sobre papel (Con passe partou: 64 x 79 cm)

40 x 56cm

¿Estás abierta a lo que el propio azar te ponga por delante?

No es azar, es puro trabajo. Ahora mismo estoy trabajando con una perspectiva cubista, en la que se puede ver la planta al mismo tiempo desde arriba y de frente. Por ejemplo, tengo una foto que la planta está sumergida completamente y lo que hago es sacarla desde arriba bajo la superficie del agua y al mismo tiempo, de frente a través del cristal del jarrón, reflejándose en la superficie no sólo la planta, sino también las hojas que están más abajo que salen como sombras verdes, como si fuera un cuadro de Monet.

 

¿Hay algo que haya supuesto un hito, algo que haya representado un cambio para ti?

Yo trabajo porque me gusta, y disfruto haciéndolo, pero si viene algún reconocimiento como la Medalla de Oro al mérito de las Bellas Artes, me parece una suerte porque hay mucha gente que hace fotos muy buenas, pero esa vez me tocó a mi. Es muy difícil que entre tantos fotógrafos que somos, me llamaran a mí de la Fundación de Amigos del Museo del Prado para proponerme si quería participar en esta exposición, que reconozcan tu trabajo te hace muy feliz. El otro día, en la inauguración, ver tus fotos colgadas y, dar un par de pasos, y que en la sala contigua, estén los grandes maestros, es muy emocionante. Luego, también, cuando se acerca alguien y te dice que una foto tuya le ha emocionado y te transmite esa emoción que ha sentido es muy bonito.

Enhorabuena Pilar, muchas gracias por compartir con nosotros una parte de ti que a veces no es tan visible porque te das a conocer a través de tu obra, pero también es importante saber quién está detrás. Te lo agradecemos mucho.