Art Madrid'26 – Documentales de arte para este verano

 

 

“La sal de la tierra”, Win Wenders

 

 

 

Comenzaremos por dos documentales sobre fotografía. Por un lado, “La sal de la tierra”, un documental de Win Wenders (Düsseldorf, 1945), guionista, productor, actor y director de cine y de otros interesantes documentales como el que le dedicó a la bailarina Pina Bausch. “La sal de la tierra”, de 2014, se acerca a la vida y obra de Sebastião Salgado, y a su concepción humanista de la fotografía para tratar la pobreza, la violencia o los peligros que corre el medio ambiente. Por otro lado, citaremos “Finding Vivian Maier”, de 2013, dirigida por Charlie Siskel y John Maloof, en el que se relata la biografía de la gran fotógrafa autodidacta y cómo fue el excepcional hallazgo de su producción.

 

 

 

“Finding Vivian Maier”, Charlie Siskel y John Maloof

 

 

 

De la fotografía nos vamos al arte urbano, donde cabe citar “Writers: 1983-2003, 20 años de graffiti en París”, un documental de 2004 dirigido por Marc-Aurèle, imprescindible si queremos acercarnos al mundo del graffiti. Y, más antiguo, “Style Wars”, de 1983, dirigido por Henry Chalfant y Tony Silver que nos descubre este mismo arte ligado al Hip-Hop y a las prácticas artísticas urbanas que emergieron en el corazón de Nueva York.

 

 

 

 “Style Wars”, Henry Chalfant y Tony Silver

 

 

 

Un documental que nos aproxima a la diversidad funcional y su relación con el arte es “¿Qué tienes debajo del sombrero?” (2006), de Lola Barrera e Iñaki Peñafiel. Nos narra, a través de su hermana gemela, la vida y obra de la escultora norteamericana con Síndrome de Down y sorda Judith Scott, y de cómo refuerza sus capacidades comunicativas mediante la creación artística.

 

 

 

 “¿Qué tienes debajo del sombrero?”, Lola Barrera e Iñaki Peñafiel

 

 

 

La película “La bella mentirosa” (1991), de Jacques Rivette, reflexiona, a través de la relación entre un pintor y su modelo, sobre la realidad y su representación, sobre la pasión creadora y sus frustraciones. Se inspiró en la novela “La obra maestra desconocida” de Balzac y obtuvo el Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes.

 

 

 

 “La bella mentirosa”, Jacques Rivette

 

 

 

Después de pasar por la fotografía, el arte urbano, la escultura y la pintura, nos acercamos al Land Art con “Ríos y Mareas” (2001), un bello documental dirigido por Thomas Riedelsheimer, en el que el artista Andy Goldsworthy se sumerge en la naturaleza para crear con ella sus esculturas poéticas y efímeras.

 

 

 

“Ríos y Mareas”, Thomas Riedelsheimer

 

 

 

Para terminar y para quien aún no la haya visto, nombraremos el clásico documental “El sol del Membrillo” (1992), de Víctor Erice, en el que el reconocido pintor hiperrealista Antonio López nos cuenta sus ideas sobre la creación artística en general y su proceso creativo en particular, a través del desarrollo del cuadro de un membrillero.

 

 

 

“El sol del Membrillo”, de Víctor Erice

 

 

 

Esta breve selección atraviesa distintas disciplinas artísticas para que podamos escoger la que más se ajuste a nuestra apetencia veraniega, ¡que nos sirva para aprender y disfrutar! 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.