EL ARTE DEL TERROR

Halloween se ha puesto de moda en nuestros días, porque añade un poco de humor y misterio a una celebración tradicionalmente solemne y seria en la que cumplimos una cita de rigor con la muerte. A pesar de las costumbres importadas, el vaciado de calabazas y la famosa frase “truco o trato” (que jamás se dijo en nuestro país), lo cierto es que hay cierta homogeneidad en el hecho de que estas fechas suponen un encuentro con el mundo de ultratumba. De esta idea central, derivan las demás que juegan con el miedo a lo desconocido, el temor a la muerte, la conexión con el inframundo, etc., proponiendo un acercamiento más abierto y humorístico que nos haga más llevadero este día de todos los santos. Y nosotros, en nuestro halloween particular, hacemos recordatorio de algunas obras que tratan el miedo y el terror de una forma magistral.

Edvard Munch, "El grito", 1893

Esta archiconocida pintura de Munch es la obra por excelencia del Expresionismo, una corriente artística que trataba de transmitir las sensaciones a través del color, sin que necesariamente guardase coherencia y verosimilitud. Este artista, conocido por su carácter atormentado y abatido, fue uno de los máximos representantes de este movimiento. La versión más famosa de esta obra está en Oslo, en la Galería Nacional de Noruega, de donde fue robada en varias ocasiones, la última en 2004, hasta que en 2006 pudo recuperarse la pieza.

Goya, "Saturno devorando a su hijo", (1819-1823)

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Una de las pinturas más atormentadas que se conocen es “Saturno devorando a su hijo”, de Goya. Esta obra se enmarca dentro de su conocida etapa de Pinturas negras, todas óleos al seco, pintadas sobre la pared, en que el artista aborda temas oscuros relacionados con la tragedia y la depresión. Este período coincide con una grave enfermedad del pintor, quien canalizó su disgusto y contrariedad a través de su obra. Saturno representa al titán Cronos, el dios del tiempo, que todo lo devora a su paso. Es una obra cruda y árida que no oculta su violencia, y que Goya tenía en su casa de la Quinta del Sordo.

Salvador Dalí, "El rostro de la guerra", 1940

“El rostro de la guerra” pintada por Dalí entre el final de la Guerra Civil y el principio de la II Guerra Mundial representa el horror ante la tragedia, las cuencas vacías, que encierran otros rostros multiplicados en una aproximación infinita, para manifestar la desolación y la impotencia. Se ha dicho también que otra motivación del autor para esta pintura fue la ejecución de Federico García Lorca, con quien Dalí tenía una profunda relación.

Zdzislaw Beksinski

Y no podemos dejar de destacar el trabajo de Zdzislaw Beksinski. La vida de este artista polaco fue también testimonio de una gran tragedia vital. Él mismo fue hallado muerto de 17 puñaladas en su domicilio en 2005. Este autor multidisciplinar es considerado uno de los máximos representantes del surrealismo contemporáneo, y sus obras no dejan indiferente. La presencia de la muerte, las conexiones con el más allá, el horror de imágenes siniestras con seres devorados por entes apocalípticos son sus motivos más recurrentes. Beksinski decía que pintaba aquello que estaba en los sueños, pero era muy celoso de lo que comunicaba, pues llegó a destruir varias de sus obras porque decía que eran demasiado personales para que el mundo las conociera.

 

Las paradojas se refieren a situaciones o razonamientos que escapan de la lógica que el sentido común señala, produciendo un efecto de contradicción e incertidumbre que nuestro subconsciente rechaza como verdadera. El arte ha dado también muestras de preocuparse por esta cuestión y algunos creadores han querido jugar a engañar nuestros sentidos con imágenes imposibles y trucos visuales. El acierto, en estos casos, es que las obras resultantes son perfectamente reales, pero las ideas plasmadas son inverosímiles y nos obligan prestar especial atención a lo que vemos.

Escher, “Ascending and Descending”, 1960

Los juegos de perspectivas y las ilusiones ópticas se alimentan de los esquemas que nuestra mente tiene implantados tras años de observación e interacción con el entorno. Tendemos a encasillar las cosas que vemos dentro de las pautas de normalidad y frecuencia que nuestros sentidos nos dictan. Así, si analizamos una forma similar a un cubo, nuestro cerebro reconstruye las caras que no vemos para crear una imagen mental de la figura. Son precisamente estos mecanismos los que permiten las paradojas visuales, las perspectivas imposibles y las falsas apariencias.

Dibujo anamórfico del artista húngaro István Orosz

Este es también un extenso campo de expresión en operaciones de cálculo matemático y de juegos geométricos. En muchos de estos acertijos se esconde una trampa imperceptible que engaña a la razón y nos impide ver la realidad. Nada es lo que parece. Y nuestra lógica está poco acostumbrada a que la confundan con trampantojos y golpes de efecto. Sin embargo, este puede ser un buen aliciente para potenciar el pensamiento alternativo y forzarnos a enfocar las cosas desde nuevos puntos de vista.

Fotograma de “Origen”, de Christopher Nolan, 2010

Aunque el uso de este tipo de recursos parece más propio del circo tradicional y la magia, concebidos para distorsionar la realidad, no deja de ser un elemento de gran impacto que, usado con pericia, produce un golpe de efecto genial. Así lo hizo Christopher Nolan en la película Origen, donde los protagonistas debían trabajar su imaginación para crear laberintos visuales de los que poder huir en caso de necesidad, como las escaleras circulares que ascienden de forma infinita, algo, obviamente, imposible.

Escultura paradójica de Nancy Fouts

Un artista que ha trabajado mucho esta idea es Escher. Su obra está plagada de juegos visuales que confunden al espectador y que desafían las leyes de la gravedad y de nuestro (previsible y conocido) espacio tridimensional. Esa es la ventaja del dibujo, que permite trazar estas ilusiones ópticas sin limitación alguna sobre el papel. Otros artistas exploran el campo de las paradojas conceptuales, y crean piezas con ideas contrapuestas en trabajos que muchas veces esconden una lectura humorística de la realidad, porque las contradicciones también sirven para eso (¿qué es, sino, la ironía o el sarcasmo?). Un verdadero regalo para los sentidos.