Art Madrid'26 – EL CAMINO HACIA LA ESPIRITUALIDAD DE BILL VIOLA

Os proponemos un recorrido por algunas iglesias desacralizadas de Cuenca para iniciar un viaje que invita al recogimiento y a la búsqueda de la espiritualidad a través de la obra de Bill Viola. La Iglesia de San Andrés, el Convento de las Angélicas (ahora convertido en el Centro de Arte Cruz Novillo) y la Iglesia de San Miguel, a los que se suman el Museo de Arte Abstracto Español y el Museo de la Semana Santa, son los espacios que albergan 16 piezas de este creador enamorado del videoarte.

Fotogramas de "Mujer fuego", 2005 (izda.) y “Las ascensión de Tristán”, 2005 (dcha.)

Bill Viola se ha convertido a día de hoy en un referente en esta disciplina, no solo por la innovación de sus propuestas, con las que supo buscar su camino cuando la videocreación aún estaba poco explotada; sino también porque en toda su trayectoria se percibe una línea discursiva constante que se hace omnipresente y empapa cada una de sus piezas de un modo inconfundible. Hoy, parte de su trabajo se articula en una “Vía mística” repartida en estos cinco espacios del casco antiguo conquense. Este proyecto, que implica un paseo físico y temporal, se convierte en la comunión perfecta entre los lugares de exposición, antiguos centros dedicados al culto y a la oración, y el mensaje de sus obras, que parecieran concebidas para esta instalación.

“El quinteto de los silenciosos”, 2000

La búsqueda y representación de la espiritualidad en las creaciones de Viola bebe directamente del clasicismo renacentista y del arraigo de la tradición judeocristiana que tanto ha marcado la historia del arte europeo desde la Edad Media. Muchas de sus piezas emulan pinturas de temática religiosa que muy fácilmente podemos relacionar con nuestro acervo cultural más inmediato, tanto por su composición, como por el uso del color y la luz. El autor aborda sus trabajos como cuadros en movimiento. La influencia del pictorialismo es clara, pero el alarde técnico en la factura y la exquisitez de los acabados nos transporta a un punto, suspendido en el tiempo y en el espacio, que trasciende todo lo visto hasta el momento.

“Mártir de agua”, 2004

Una de las piezas estrella de esta exposición se titula “La ascensión de Tristán”. En ella, el artista quiere representar el ascenso del alma en el espacio con una secuencia en dominantes azules que transmite paz y serenidad. La atmósfera anticipa el clímax, el sonido envolvente del agua nos abstrae del mundo, la negrura que rodea al espectador guía su mirada hacia la obra que, hipnótica, nos atrapa para poder extasiados contemplar -que no observar- este proceso. El misticismo casi se hace corpóreo.

“Surgimiento”, 2002

El conjunto de este trabajo ahonda sobre la relación del hombre moderno con su espiritualidad, un aspecto hoy en gran medida abandonado y relegado a la esfera puramente personal del individuo. No obstante, nuestra herencia cultural tiene muy presente la religión, no solo por la importancia que supone para nuestro patrimonio las inmensas colecciones de obras centradas en estos temas y de los tesoros arquitectónicos que son las iglesias y catedrales europeas; sino también porque este legado aún está presente en la construcción de nuestra forma de pensar (y hasta sentir) colectiva, en las relaciones con nuestros semejantes, la concepción del bien o del mal, y la carga hoy llamada moral que determina en gran medida nuestro comportamiento. Sobre todo esto, Bill Viola reflexiona con un trabajo adictivo sin pelos en la lengua que invita, al tiempo que a hacer autocrítica, a recuperar esa parte desterrada del individuo. Una ruta mística que hay que recorrer sin prisas, con la dedicación que merece pensar en uno mismo como ser.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.