EL CAMINO HACIA LA ESPIRITUALIDAD DE BILL VIOLA

Os proponemos un recorrido por algunas iglesias desacralizadas de Cuenca para iniciar un viaje que invita al recogimiento y a la búsqueda de la espiritualidad a través de la obra de Bill Viola. La Iglesia de San Andrés, el Convento de las Angélicas (ahora convertido en el Centro de Arte Cruz Novillo) y la Iglesia de San Miguel, a los que se suman el Museo de Arte Abstracto Español y el Museo de la Semana Santa, son los espacios que albergan 16 piezas de este creador enamorado del videoarte.

Fotogramas de "Mujer fuego", 2005 (izda.) y “Las ascensión de Tristán”, 2005 (dcha.)

Bill Viola se ha convertido a día de hoy en un referente en esta disciplina, no solo por la innovación de sus propuestas, con las que supo buscar su camino cuando la videocreación aún estaba poco explotada; sino también porque en toda su trayectoria se percibe una línea discursiva constante que se hace omnipresente y empapa cada una de sus piezas de un modo inconfundible. Hoy, parte de su trabajo se articula en una “Vía mística” repartida en estos cinco espacios del casco antiguo conquense. Este proyecto, que implica un paseo físico y temporal, se convierte en la comunión perfecta entre los lugares de exposición, antiguos centros dedicados al culto y a la oración, y el mensaje de sus obras, que parecieran concebidas para esta instalación.

“El quinteto de los silenciosos”, 2000

La búsqueda y representación de la espiritualidad en las creaciones de Viola bebe directamente del clasicismo renacentista y del arraigo de la tradición judeocristiana que tanto ha marcado la historia del arte europeo desde la Edad Media. Muchas de sus piezas emulan pinturas de temática religiosa que muy fácilmente podemos relacionar con nuestro acervo cultural más inmediato, tanto por su composición, como por el uso del color y la luz. El autor aborda sus trabajos como cuadros en movimiento. La influencia del pictorialismo es clara, pero el alarde técnico en la factura y la exquisitez de los acabados nos transporta a un punto, suspendido en el tiempo y en el espacio, que trasciende todo lo visto hasta el momento.

“Mártir de agua”, 2004

Una de las piezas estrella de esta exposición se titula “La ascensión de Tristán”. En ella, el artista quiere representar el ascenso del alma en el espacio con una secuencia en dominantes azules que transmite paz y serenidad. La atmósfera anticipa el clímax, el sonido envolvente del agua nos abstrae del mundo, la negrura que rodea al espectador guía su mirada hacia la obra que, hipnótica, nos atrapa para poder extasiados contemplar -que no observar- este proceso. El misticismo casi se hace corpóreo.

“Surgimiento”, 2002

El conjunto de este trabajo ahonda sobre la relación del hombre moderno con su espiritualidad, un aspecto hoy en gran medida abandonado y relegado a la esfera puramente personal del individuo. No obstante, nuestra herencia cultural tiene muy presente la religión, no solo por la importancia que supone para nuestro patrimonio las inmensas colecciones de obras centradas en estos temas y de los tesoros arquitectónicos que son las iglesias y catedrales europeas; sino también porque este legado aún está presente en la construcción de nuestra forma de pensar (y hasta sentir) colectiva, en las relaciones con nuestros semejantes, la concepción del bien o del mal, y la carga hoy llamada moral que determina en gran medida nuestro comportamiento. Sobre todo esto, Bill Viola reflexiona con un trabajo adictivo sin pelos en la lengua que invita, al tiempo que a hacer autocrítica, a recuperar esa parte desterrada del individuo. Una ruta mística que hay que recorrer sin prisas, con la dedicación que merece pensar en uno mismo como ser.

 

Las paradojas se refieren a situaciones o razonamientos que escapan de la lógica que el sentido común señala, produciendo un efecto de contradicción e incertidumbre que nuestro subconsciente rechaza como verdadera. El arte ha dado también muestras de preocuparse por esta cuestión y algunos creadores han querido jugar a engañar nuestros sentidos con imágenes imposibles y trucos visuales. El acierto, en estos casos, es que las obras resultantes son perfectamente reales, pero las ideas plasmadas son inverosímiles y nos obligan prestar especial atención a lo que vemos.

Escher, “Ascending and Descending”, 1960

Los juegos de perspectivas y las ilusiones ópticas se alimentan de los esquemas que nuestra mente tiene implantados tras años de observación e interacción con el entorno. Tendemos a encasillar las cosas que vemos dentro de las pautas de normalidad y frecuencia que nuestros sentidos nos dictan. Así, si analizamos una forma similar a un cubo, nuestro cerebro reconstruye las caras que no vemos para crear una imagen mental de la figura. Son precisamente estos mecanismos los que permiten las paradojas visuales, las perspectivas imposibles y las falsas apariencias.

Dibujo anamórfico del artista húngaro István Orosz

Este es también un extenso campo de expresión en operaciones de cálculo matemático y de juegos geométricos. En muchos de estos acertijos se esconde una trampa imperceptible que engaña a la razón y nos impide ver la realidad. Nada es lo que parece. Y nuestra lógica está poco acostumbrada a que la confundan con trampantojos y golpes de efecto. Sin embargo, este puede ser un buen aliciente para potenciar el pensamiento alternativo y forzarnos a enfocar las cosas desde nuevos puntos de vista.

Fotograma de “Origen”, de Christopher Nolan, 2010

Aunque el uso de este tipo de recursos parece más propio del circo tradicional y la magia, concebidos para distorsionar la realidad, no deja de ser un elemento de gran impacto que, usado con pericia, produce un golpe de efecto genial. Así lo hizo Christopher Nolan en la película Origen, donde los protagonistas debían trabajar su imaginación para crear laberintos visuales de los que poder huir en caso de necesidad, como las escaleras circulares que ascienden de forma infinita, algo, obviamente, imposible.

Escultura paradójica de Nancy Fouts

Un artista que ha trabajado mucho esta idea es Escher. Su obra está plagada de juegos visuales que confunden al espectador y que desafían las leyes de la gravedad y de nuestro (previsible y conocido) espacio tridimensional. Esa es la ventaja del dibujo, que permite trazar estas ilusiones ópticas sin limitación alguna sobre el papel. Otros artistas exploran el campo de las paradojas conceptuales, y crean piezas con ideas contrapuestas en trabajos que muchas veces esconden una lectura humorística de la realidad, porque las contradicciones también sirven para eso (¿qué es, sino, la ironía o el sarcasmo?). Un verdadero regalo para los sentidos.