EL EXPRESIONISMO ABSTRACTO LLEGA A BILBAO

Mural, 1943- Jackson Pollock

 

 

El expresionismo abstracto, se considera el primer movimiento estadounidense dentro del arte abstracto. Los críticos estadounidenses, pronto captaron la emergencia del nuevo estilo. Robert Coates, es a quien se le atribuye la invención del término, no obstante los artistas de dicho movimiento rechazaron esta idea diendo a entender que no tenían nada que ver con la pintura abstracta ni con el expresionismo alemán. 

 

 

PH-950, 1950- Clifford Still 

 

 

 

Los representantes de dicha corriente pertenecían a diferentes nacionalidades y grupos sociales, por lo tanto era un sentimiento heterogéneo. Lo que sí tenían en común, era la vivencia de acontecimientos históricos de tal magnitud como, la Guerra Civil Española, dos Guerras Mundiales, la Gran Depresión, la Guerra fría, entre otros. La escala de EE.UU, como potencia mundial alimentó la confianza para proclamarse lider del panorama artístico a nivel mundial. Lo que destaca a este movimiento, es la capacidad de expresión que se demuestra en sus obras. 

 

 

Excavation, 1950- De Kooning

 

 

Divididas en dos corrientes fácilmente reconocibles, la “action painting” que destaca por su movimiento, fue la semilla que hizo germinar la primacía de la acción ante la obra. El gesto de pintar, de manera espontánea se proclama como un tipo de automatismo psíquico y físico del artista.


La otra vertiente, los “color-field” o pintura de campos de color es un antecedente del movimiento minimal. Se presentó como una alternativa a las “action painting”, centrada en el color y el lenguaje que este transmite. Una de las características de esta vertiente es la intensidad con la que sus representantes fijan el color en la tela, haciendo un monocromo sin apenas presencia, un movimiento ligero y tranquilo que contrasta con la reacción vibrante de las action paintings.

 

 

Blue gray- Mark Rothko

 

 

 

Este movimiento elimina las barreras tradicionales entre el la pintura y el pintor haciendo de la acción una obra de arte. Por ello, el museo Guggenheim de Bilbao junto con la Royal Academy de Londres han querido rendir homenaje a este estilo con una exposición que se inaugurará el 3 de febrero y estará vigente hasta el 4 de junio. Comisariada por David Anfam, Edith Devaney y Lucía Agirre, promete ser una cita ineludible para esta temporada.

 

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.