El extenso legado de Joan Brossa

 

 

Joan Brossa en su estudio

 

 

 

Joan Brossa nace en Barcelona en 1919. Tuvo que abandonar sus estudios al comenzar la Guerra Civil, en la que participó como soldado del bando republicano. Desarrolla su carrera artística a partir de los años 40, en Barcelona, en un contexto marcado por la dictadura franquista y la ausencia de propuestas culturales innovadoras. En 1947 funda el grupo artístico de vanguardia “Dau al Set”, junto a Modest Cuixart, Joan Ponç, Arnau Puig, Antoni Tàpies y Joan-Josep Tharrats. A partir de 1950 su obra dio un giro hacia el compromiso social, que mantuvo hasta posteriormente hacerlo convivir con un carácter más conceptual a través de la poesía visual y los poemas objeto, expresiones que nunca abandonó. Tuvo influencia del letrismo, de la poesía visual y la poesía concreta, del grupo Fluxus, etc. Así como de la poesía de artistas como Marcel Mariën (1920-1993), Nicanor Parra (1914) e Ian Hamilton-Finlay (1925-2006).

 

 

 

Joan Brossa

 

 

 

Joan Brossa fue un artista con una producción extensísima en la que interrelacionó diferentes disciplinas artísticas. No dejó de buscar la experimentación hasta el momento de su muerte, en 1998, un año después de la cual se creó la Fundación Joan Brossa. Esta fundación se encargó de catalogar y custodiar el legado documental del artista, que abarcaba manuscritos de su obra artística y literaria, facsímiles, traducción de obras literarias, correspondencia, una colección de folletos, invitaciones, carteles, artículos y recortes de prensa, documentos de su participación política y social, una colección de fotografías, documentación administrativa (facturas, recibos, cuentas), etc. En 2012, tanto la biblioteca del artista (formada por seis mil libros y otras tantas revistas) como este legado documental, pasaron a la custodia del Centro de Estudios y Documentación MACBA.

 

 

 

Joan Brossa

 

 

 

La exposición, comisariada por Teresa Grandas y Pedro G. Romero, pretende mostrar las obras del artista en relación con la de otros artistas, de manera que se presentan numerosos paralelismos, se buscan diálogos y tensiones, y se enfatizan los aspectos performativos de la práctica poética de Brossa. Incluye más de 60.000 piezas, la gran mayoría de ellas inéditas, que comprenden documentos, libros, publicaciones, carteles, fotografías y sus conocidos poemas visuales.

 

Joan Brossa

 

 

 

El visitante podrá acercarse del 21 de septiembre al 25 de febrero del próximo año a los primeros libros de Joan Brossa, así como a sus últimas investigaciones plásticas, atravesando el teatro, el cine, la música y las artes de acción, gestos de los que fue pionero.

 

 

 

Joan Brossa

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.