EL MUNDO CONTEMPORÁNEO EN UN PULSO POR LA CONSERVACIÓN

La catástrofe de la pérdida del Museo Nacional de Río de Janeiro por un devastador incendio el pasado domingo reabre el debate sobre la inversión de recursos en el mantenimiento de estas instituciones. Este museo tenía 200 años de historia, albergaba la mayor colección de historia natural y antropología de América del Sur y era la quinta galería del mundo por sus fondos, con una colección que superaba los 20 millones de piezas. De todo ello solo ha sobrevivido el enorme meteorito de 5 toneladas que presidía una de sus salas. Lo lamentable de esta situación es que los funcionarios del centro llevaban años reclamando una mayor determinación para destinar recursos a la conservación y mantenimiento, drásticamente reducido en 2014. La noche del incendio, solo cuatro vigilantes que recorrían sus estancias. Algo insuficiente para poner el fuego bajo control o avisar con mayor antelación.

Museo Nacional de Rio de Janeiro tras el incendio

Esta tragedia pone sobre la mesa la cuestión de por qué las partidas presupuestarias para cultura son las primeras en sufrir recortes cuando un país debe amoldarse a la coyuntura económica del momento. Y al mismo tiempo, plantea también una tema de responsabilidad sobre cómo puede ser sostenible a largo plazo el mantenimiento de todas estas colecciones, algo cada vez más costoso. Numerosos autores y analistas aseguran que reducir la inversión es más perjudicial que beneficioso, porque restringe las opciones de captar nuevos fondos, limita el alcance y la implicación de la ciudadanía, y, sobre todo, disminuye la difusión y la puesta en valor de las colecciones.

Cuadros descolgados en la Real Academia de San Fernando

Otro caso reciente que plantea dudas sobre la buena gestión es el deterioro de las obras de la Real Academia de San Fernando. La institución lleva dos años quejándose de que las obras de demolición y construcción del complejo de Canalejas, situado en la acera de enfrente, ha estropeado su sistema de aireación y ha introducido una enorme cantidad de polvo suspendido que ahora se deposita en las pinturas y esculturas de sus salas. La academia ha cerrado al público varias de sus salas, en espera de poder restaurar las obras y con el fin de garantizar su conservación. Algunas voces críticas apuntan a que las obras acometidas en la zona no incluían una previsión adecuada sobre las consecuencias de la demolición, y que ante los primeros indicios de daño, debería haber reevaluado el impacto y las medidas de acción.

Obras en el complejo Canalejas

Igualmente llama la atención que siendo España un país con una normativa tan proteccionista de nuestro patrimonio cultural, lleguen a permitirse algunas acciones, muchas veces irreversibles, que suponen un atentado directo contra el mantenimiento de los bienes. El complejo Canalejas que mencionábamos en el párrafo anterior es, a día de hoy, una cáscara vacía de lo que fue un grupo de edificios históricos reunidos en esta céntrica manzana de la ciudad. A vista de pájaro solo vemos en pie las fachadas. El proyecto, tras varios traspiés, paralizaciones, y recalificaciones administrativas para eliminar la condición de “protegidos” de los bienes, parecía obedecer más a criterios económico-urbanísticos que a la conservación del patrimonio.

Tomemos todos estos ejemplos como una lección de vida de la que sacar una buena enseñanza. La cultura la hacemos entre todo y es para todos, más allá de nosotros mismos.

 

Visitar el estudio de un artista supone adentrarse en un terreno íntimo y respirar el ambiente de creación que envuelve el trabajo del autor. Cuando uno entra en este espacio pone los sentidos alerta para rastrear y localizar esos pequeños detalles que nos cuentan un poco más del espíritu y el pensamiento del artista, los bocetos corregidos, las rectificaciones, los ensayos, las pruebas clavadas con chinchetas en las paredes, los trazos en papel reutilizado, las notas, los lápices recién afilados, los manchones de pintura… Hablamos de un caos ordenado, de una esfera donde trabajo e inspiración conviven y que los creadores se resisten a compartir, porque, en ocasiones, abrir las puertas del estudio es casi como abrir las puertas del alma.

Visita organizada por Art Madrid'19 al taller de Rubén Martín de Lucas

Estos espacios tienen además un halo de misterio, de intimidad y familiaridad en el que hay que avanzar con cautela, teniendo cuidado de no profundizar demasiado, de ir descubriendo los secretos hasta donde el artista quiera confesarlos. Pero es también la oportunidad idónea de entrar en comunicación directa con la obra, de conocer el proceso de producción desde sus inicios hasta el final, de comprender las dudas, las intenciones, el objetivo y el mensaje de un proyecto desde las entrañas.

En las pasadas ediciones de Art Madrid tuvimos la suerte de visitar el taller de Rubén Martín de Lucas y el de Okuda San Miguel, artistas invitados en 2019 y 2018 respectivamente. Con Martín de Lucas pudimos conocer en detalle su gran proyecto creativo vital “Stupid borders”, de donde se derivan y desgajan diferentes acciones concretas con títulos propios que responden a una misma idea: profundizar en la relación del hombre con la tierra y entender las pautas artificiales que nos imponemos como sociedad. En el estudio pudimos ver sus piezas más recientes y entender el proceso de concepción y plasmación, los motivos para elegir una disciplina u otra, sus últimos trabajos en vídeo y los millones de notas y apuntes de cada línea del proyecto.





Okuda San Miguel nos abrió las puertas del estudio en 2018. Esta gran nave diáfana pintada de blanco parecía el lienzo perfecto para sus piezas multicolor, en medio de estantes y mesas repletos de botes de spray. En el momento de la visita, el artista estaba trabajando en la obra “El lago del deseo” de 6x3 m, que realizó en exclusiva para Art Madrid y se pudo ver en la entrada de la feria. Esta pintura está inspirada en el Jardín de las Delicias del Bosco, un autor de referencia para Okuda y que sigue despertando el interés, la sorpresa y la curiosidad de muchos. Las piezas de gran formato conviven con los esmaltes de pequeñas dimensiones, además de las esculturas, las tablas de prueba y los enormes bocetos para fachadas de edificios. Porque Okuda trabaja a lo grande y cuenta con un equipo completo que le ayuda a concentrarse en sus obras. Como él mismo explica, el proceso creativo no se para nunca, y tener un equipo le permite llevar a cabo tantos proyectos a la vez.

Guillermo Peñalver, “Yo, dibujando” (detalle), 2019

Otros artistas hacen de su propia casa su estudio. Este es el caso de Guillermo Peñalver, a quien el Museo ABC de la Ilustración dedicó una exposición dentro de su programa “Conexiones” con el título “Autorretrato en interior”. Su voracidad por el recorte, el uso del papel en varias tonalidades, la superposición de blancos y el uso discreto del lápiz hacen de la obra de Peñalver un trabajo delicado e intimista, como las propias estampas que recrea. En este caso, la visión de sus collages es como una visita a su propia casa/taller, donde las estancias se convierten en espacios polivalentes y las acciones cotidianas cobran protagonismo. El último trabajo de este autor es un ejercicio de sinceridad donde representa su día a día desde la precaria realidad del creador que fusiona su trabajo con su actividad diaria.

FAC 2015

Haciendo honor a esta relación directa con el autor que se produce al visitar su estudio, David de las Heras lanzó su proyecto FAC (Feria de Arte en Casa), que ya va por las cinco ediciones. La idea es fomentar un diálogo abierto con los creadores al exponer sus obras en un ambiente doméstico y eliminando las barreras tradicionales del mercado. Aunque la iniciativa siguió creciendo, la propuesta original nació en la propia casa de David, quien abrió su estudio y su hogar al intercambio, el conocimiento y la experiencia. Se trata de vincularse al arte desde una vivencia más personal, conocer a los artistas y disfrutar de su obra, ya sea en la cocina, el salón o la habitación.